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Testimonio de Nandi, expedientada por decir la verdad

Nandi Gutiérrez Román

Mi nombre es Nandi, soy técnico en cuidados de enfermería en una residencia de mayores de gestión 100% pública perteneciente a la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS), y tengo que resaltar que desde mi llegada a esta consejería he tenido la sensación de haber retrocedido en el tiempo muchísimos años. Mis primeras impresiones fueron nefastas, y aún hoy sigo manteniendo la misma sensación.

Llegue a la Gran Residencia en 2016, centro público 100%, un edificio oscuro, enorme, triste, precario en mantenimiento, infraestructuras obsoletas, patios descuidados, ratio de personal insuficiente, material escaso… y todo este desastre para atender a un número de residentes que excedía en más de 400. En fin… la “Edad Media” de la sanidad.

Llega la pandemia. No quiero extenderme aquí, todos lo hemos vivido en primera persona… Manifestar que este “annus horribilis 2020” ha dejado en evidencia las grandes carencias que ya existían desde hace mucho tiempo: maltrato institucional, falta de material, pésima calidad en la atención y ausencia de actuaciones en pro de un bienestar más que merecido, algo que ha caído como una losa sobre los miles de residentes fallecidos en la Comunidad de Madrid.

Siempre he creído que hay que luchar para conseguir mejorar las cosas, especialmente los servicios en los que atendemos a los más vulnerables, y no he cejado en ese empeño hasta el día de hoy. Por supuesto, como no podía ser menos dentro de un contexto laboral donde prima el miedo a expresar opiniones, recibo como premio una sanción de siete días de empleo y sueldo y traslado forzoso a la residencia de Manoteras, castigo que la dirección del centro en ese momento, arropada por la AMAS, consideraba necesario para callar bocas y no evidenciar lo que estaba pasando. Mi única intención siempre ha sido dignificar nuestro trabajo y mejorar la atención a los residentes, algo que para mí es una simple cuestión de conciencia y para ellos un negocio.

Asumí la sanción con la cabeza muy alta, solo ejercía mi derecho a la libre expresión, el relato de mi verdad, y la necesidad de expresar al mundo la injusticia que estábamos viviendo. Interpuse demanda judicial, y después de un año la Justicia me ha dado la razón y ha fallado a mi favor sin posibilidad de recurso para la Comunidad de Madrid, considerando que el ejercicio de la libre opinión es un derecho fundamental enmarcado en nuestra Constitución.

Si el fallo no hubiese sido favorable mi conciencia seguiría estando tranquila: solo hice lo que creo que es un deber, y no me arrepiento en absoluto de todas las decisiones que he tomado.

Sí incidiría en una cosa: que todas las mentiras que han dicho sobre mí en ese expediente disciplinario no tengan para ellos ninguna repercusión, que puedan inventar lo que quieran sin tener que demostrarlo y no tenga ninguna consecuencia, me parece inmoral, lamentable e injusto.

No quiero terminar sin resaltar algo muy importante para mí: todo esto no habría sido posible sin el apoyo incondicional de Marea de Residencias, la plataforma de Verdad y Justicia y por supuesto al sindicato MATS, a los que estoy adherida y nunca tendré palabras suficientes para elogiar su lucha, su entrega y su dedicación. Me siento enormemente orgullosa de todos ellos. ¡Muchas gracias de todo corazón!

Ni los usuarios ni los trabajadores de estos centros somos ciudadanos de segunda: queremos centros 100 % públicos, dignos y de calidad. ¡Mañana seremos ellos!

HEMEROTECA

Solidaridad en Acción

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