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    Organizarse es empezar a vencer

    Solidaridad en Acción

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    Fotos y texto Elisa González.
    @eli_medeaphoto

    Este febrero se llevaron a cabo las II Jornadas de Feminismo Sindicalista, que concentraron las voces de organizaciones y mujeres feministas como las de profesoras de la escuela pública, periodistas y trabajadoras del hogar, que contaron sus experiencias de lucha en la Huelga Feminista del año 2019 en sus espacios laborales.

    También concentró las voces de organizaciones comunitarias y feministas como la de la red de estructuras populares y comunitarias de Manresa, Tabadol de la Cañada Real de Madrid, Mujeres Supervivientes de Sevilla y del Nodo de producción de Carabanchel, que contaron sus experiencias organizativas de luchas y resistencias.

    Madrid en Acción cubrió dos sesiones de las cuatro que se llevaron a cabo desde el 16 al 20 de febrero. Hubo muchas más voces de colectivos feministas, que no se reflejan en este artículo pero que nos parece importante señalarlas: Cooperativa Andaluza, AMMAR – Sindicato de trabajadorxs sexuales de Argentina, el Colectivo de Defensa de lxs Trabajadorxs Agrícolas de Marsella, Mujeres de Frente de Cuenca, Jornaleras de Huelva en Lucha (JHL), Trabajadoras de Limpieza en Lucha del sindicato LAB, enfermeras del Hospital Ramón y Cajal, SINTRAHOCU (Sindicato de Trabajadoras de Hogar y los Cuidados), AFEMTRAS (Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo) y Secretaría de Identidades del Sindicato OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales). sindicato OSAD (Organización Sindical de Acción Directa).

    Si nosotras paramos se para el mundo

    La Huelga Feminista de 2019 se puso a debate el pasado miércoles 16 de febrero. Eugenia Monroy es profesora de Secundaria en la pública. Activista feminista y de la diversidad afectivo-sexual y de género en los centros por donde pasa, en el aula y a través de grupos como la Comisión de Convivencia, Comisión de Igualdad o Grupo de Apoyo LGTBIQ+. Su testimonio nos da a conocer las estrategias que tuvieron que realizar el equipo docente feminista ante las resistencias y boicot machista en las estructuras educativas. Un ejemplo de ello es que “el profesorado ponía exámenes el 8M, ejerciendo su pequeña cuota de poder”. Eugenia indica que el máximo representante de estas resistencias al feminismo es el equipo directivo, pero que permea a todo el personal laboral de los centros. Señala como logro del 2019 y que aún sigue en marcha la comisión de co-educación e igualdad en los centros. Este enfoque educativo cada vez está más presente en las programaciones del profesorado.

    Otro logro que destaca fue la organización feminista del alumnado y el profesorado, un punto de inflexión en el cual el feminismo entró en las aulas de manera impactante. La reflexión sobre el qué hacer y la acción contra el machismo en la educación crecía como flores en primavera. Sin embargo, Eugenia diagnostica un retroceso de las conquistas realizadas: “ahora noto que se ha desvirtuado la idea de lucha feminista en los institutos en los que estoy; ahora en el 8M veo cómo ponen cartelitos y lacitos en los institutos, se ha convertido como en el Día de la Paz, una efeméride más. Hay un apagamiento y hay un movimiento reaccionario masculino”. Para ella un ejemplo claro que se detecta en las aulas es cómo parte del alumnado identifica cada vez más el franquismo como una etiqueta de rebeldía, de estar contra el sistema, algo que diagnóstica como peligroso y parte de este retroceso.

    Constanza Cisneros, de Territorio Doméstico, recalcó que la fortaleza de las luchas de las mujeres trabajadoras del hogar es la acumulación de experiencias de otras luchas que han realizado o siguen realizando. “Cuando se habla de fronteras, de precariedad y de patriarcado, nosotras nos sentimos atravesadas por todo ello y esas luchas nos dan fuerza y ventajas porque nosotras no esperamos a que nadie nos diga lo que tenemos que hacer o cómo combatir las injusticias, eso se llama memoria feminista”. Constanza puso de manifiesto que conocer al tejido asociativo da mucha fuerza, ellas mismas son conscientes de su capacidad y afirman que ya nadie hablará por ellas. Reconoce que la huelga feminista les permitió articularse más y generar símbolos y un sistema de comunicación entre las feministas, “las que colgaban un delantal sabíamos que no podían estar abajo gritando, pero sabíamos que estaban ahí, las reconocíamos.”

    La pelea por una vida digna es en todas las partes

    La jornada del viernes puso el foco en la organización comunitaria y sindicalista feminista, donde el programa de las jornadas de las entidades organizadoras* resumía este eje de puesta en común de la siguiente manera: “podemos encontrar acción directa y apoyo mutuo, piedras de toque del sindicalismo, en muchas luchas comunitarias que construyen estructuras colectivas para organizar el sostenimiento de la vida de otras formas, sea a través de la construcción de nuevas redes afectivas y materiales, la pelea por el acceso a recursos básicos como la luz o la casa, o proyectos productivos que nos hagan menos dependientes del salario. Porque frente a la precariedad y al aislamiento a las que nos aboca el capitalismo, los ensayos de autoorganización colectiva están en todas partes. Organizarse es empezar a vencer y, también, empezar a vivir de otra manera.

    Estuvieron las siguientes mujeres representado a sus organizaciones:

    Marcela Puig y Yelena Cvejic son parte del Nodo de producción de Carabanchel (Madrid), un proyecto que agrupa distintas líneas productivas y medios de producción colectivos y abiertos al barrio.

    Houda Akrikez es de la Asociación Tabadol de la Cañada Real (Madrid), donde las mujeres han liderado una gran movilización por la electricidad en una zona que lleva sin suministro desde octubre de 2020, que ha servido además para romper estereotipos y estigmas sobre el barrio más precario de la ciudad.

    Antonia Ávalos es parte de Mujeres Supervivientes de Violencias de Género (Sevilla), donde acogen y acompañan a mujeres desde un punto de vista desvictimizador con una atención integral y acorde a sus necesidades.

    Alba Gràcia participa en AMMAS (Assemblea d’Afectades pel Masclisme i el Patriarcat), parte a su vez de la red de estructuras comunitarias y colectivas de Manresa (Cataluña), un entramado comunitario basado en el apoyo mutuo y el empoderamiento popular.

    Todas pusieron de manifiesto los orígenes, las estrategias para la construcción y el cuidado de sus organizaciones comunitarias feministas. Apuntaron como elementos claves: la importancia de construir desde abajo, la autosostenibilidad para la autonomía y las resistencias desde el barrio. Yelena, Marcela y Alba coinciden en el diagnóstico actual sobre la necesidad de rehacer los vínculos comunitarios.

    Antonia, del colectivo de Mujeres Supervivientes de Sevilla, comenzó citando a Almudena Grandes: “de todas las categorías de personajes de la literatura universal me gustan más los supervivientes, porque no existe una hazaña más noble y humana que sobrevivir”. Ella añade: “y nosotras somos las supervivientes”. Para su colectivo, la base de lo comunitario es el amor y los cuidados, es la manera en la que hacen política de barrio desde los fogones y las alianzas amorosas con las mujeres de su tejido, las de abajo y las de siempre…

    Nuestro objetivo es estar vivas, estar juntas, fuertes y luchar como diosas, afirmó Houda. Relató que uno de sus logros es estar al frente de la lucha de la Cañada. Estaban en una comunidad donde no se reconocía a las mujeres, y ahora son 60 lideresas que pelean en la Cañada, llegando a parar la carretera de Valencia como protesta. Actualmente marcan la ruta de la resistencia que sigue en la Cañada. Han conseguido tener estructuras organizativas como asambleas periódicas y una plataforma cívica para aunar fuerzas.

    Todas coinciden en que el movimiento feminista tiene mucho potencial y hay que ponerlo en marcha, ganando terreno desde la convivencia local y luchar todas a una contra este sistema económico feroz. Afirman que es necesario mirar más a los logros que a las diferencias que pueden haber, y profundizar más en los puntos en común. Alba concluye: “las organizaciones feministas tenemos miedo al error, pero hay que superarlo y avanzar (…), tenemos que ir a conquistar siempre más derechos, no a tener menos.”

    Antonia añade y revindica que si el feminismo no es antifascista, anticolonialista ni antirracista, no se logrará avanzar por mucho potencial y positivas que seamos.

    *http://laboratoria.red/actividad/organizarse-es-empezar-a-vencer-ii-jornadas-por-un-feminismo-sindicalista/

    ‘Organizarse es empezar a vencer y, también, empezar
    a vivir de otra manera’

    ‘Cuando se habla de fronteras, de precariedad y de patriarcado, nosotras nos sentimos atravesadas por todo ello y esas luchas nos dan fuerza ‘

    ‘Si el feminismo no es antifascista, anticolonialista ni antirracista, no se logrará avanzar por mucho potencial
    y positivas que seamos’

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