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    Mujeres pensionistas de la Coordinadora de Pensionistas de Madrid

    Cómo (me) afecta la subida de las pensiones

    Casi todas nosotras, las mujeres pensionistas, habíamos echado las cuentas: con estos euros puedo pagar las obras de la comunidad de vecinos, puedo ayudar con los gastos de comedor de los nietos, puedo pagar parte del recibo de la hipoteca a mi hija o sencillamente podré comer algo más de pescado durante la semana, tan bueno para la salud y tan inalcanzable con los precios que tiene…

    No es necesario decir cómo sabemos todas eso de “echar cuentas”. Hemos pasado la mayor parte de la vida haciéndolo; a veces en cualquier papel, en cualquier margen de periódico —cuando se compraban periódicos casi a diario, por humilde que fuera la familia—, incluso en el papel de cualquier envoltorio. Todo se ha esfumado por arte de la nueva reforma de las pensiones. La subida no ha sido tal y como se esperaba; de nuevo el engaño: frente al IPC real, el IPC medio. Volvemos a perder el 3% de poder adquisitivo. Esa subida supone unos escasos 40 euros mensuales en una pensión de 1.300 euros, más o menos. No hay que imaginar lo que supone en pensiones muy por debajo del salario medio. ¿Qué nos pueden contar las viudas, las que cobran pensiones no contributivas, las pensionistas por invalidez permanente? Pues está claro: comer o calentarse en invierno, pedir ayuda a los hijos o a la familia, depender de los derechos sociales y también acudir a las “colas del hambre” a por una comida caliente. ¿Habéis visto a alguna? Hay mujeres mayores, arregladitas, bien peinadas y muy limpias compartiendo la vez con parados, nuevos candidatos en esas colas. Todo esto conforma una evidente exclusión social de muchas mujeres pensionistas.

    Las pensionistas entendemos muy bien qué es la desigualdad y en qué consiste la llamada “brecha de género”. El Estado siempre ha descansado —y aún descansa— en las mujeres de la familia para cuidar a enfermos, mayores, niños y a cualquier dependiente. Todo unido a la dificultad de acceder a puestos y contratos de trabajo fijos o, sencillamente, salir de las listas del paro. Sin olvidar que en zonas rurales los trabajos no cotizan, algo que la nueva reforma no recoge en ningún apartado a pesar de lo que revindicamos y nos prometieron. Con este panorama, es necesario subir las pensiones no contributivas y mínimas más que las subidas ligadas al IPC.

    Dos crisis consecutivas son muchas para toda una generación. Por una parte, la recesión de 2008, prolongada en el sur de Europa por la crisis de deuda de principios de la década de 2010; y por otro lado, sin terminar de levantar cabeza, llega la COVID-19, con la enorme reclusión del 2020. De sus consecuencias inmediatas resultan los recortes de servicios públicos y privados, la desatención en las residencias y el olvido de nuestras mayores, servicios sanitarios saturados, listas de espera, el negocio de la banca (comisiones, cajero automático). Todo esto sin pasar por alto el informe de Cáritas que alerta, además del deterioro económico, del deterioro de las relaciones personales, y ha constatado que los cuidados siguen recayendo en las mujeres. La crisis ha agravado la brecha de género.

    “España está desde hace años entre los países más desiguales de los Veintisiete, apenas superada por un pequeño ramillete de países bálticos y del este de la UE, todos ellos mucho más pequeños.”

    El informe destaca especialmente la situación de la mujer. Si a partir del 2008 la destrucción de empleo fue mayoritariamente masculina, en 2020 el golpe ha sido mayor en sectores más feminizados, como el comercio o la hostelería: “Los hogares con sustentadora principal mujer han visto aumentar la exclusión social más del doble que aquellos en los que la mayoría de ingresos los aporta un hombre”, explican.

    Con esta reforma no se nos ha regalado nada. No se han atendido reivindicaciones justas y necesarias como la de igualar las pensiones mínimas al salario mínimo interprofesional; incluso se pretende empobrecer, más de lo que están, sectores de mujeres pensionistas; la llamada “paguilla” de enero no volverá a partir de este año. Eso indica que todo lo que suba por encima del 2,5 no se compensará.

    Si no nos movilizamos, ninguna reforma hará los cambios que necesitamos. Y no lo olvidemos: esos cambios tienen que pasar obligatoriamente a través de la mejora de las condiciones de trabajo para las mujeres jóvenes, las futuras pensionistas. Por ellas también salimos a las calles.

    Gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden</Artículo>

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