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    Miradas en clave de paz. Resistencia feminista rusa a la guerra

    Solidaridad en Acción

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    Concha Martín Sánchez
    Mujeres de Negro

    De esta guerra la población rusa va a salir empobrecida y el Gobierno va a recuperar y generalizar las leyes que defienden las tradiciones, apoyado por la Iglesia ortodoxa, y que afectan directamente a los derechos humanos, como la persecución de la homosexualidad o premiar a las mujeres por tener hijos; una sociedad más militarizada y polarizada.

    Las autoridades prohíben decir la verdad sobre la guerra con Ucrania y persiguen a quienes no temen hacerlo. Les pueden caer hasta diez años de cárcel a quienes se atreven a utilizar el término “guerra”. En Rusia, tras la desaparición de la URSS, los movimientos sociales no han llegado a tener una implantación fuerte, pero en los últimos 30 años sí desarrollaron un activismo por la paz, en defensa de los derechos humanos, la memoria histórica y el medio ambiente. También desde muy pronto se dio la represión y los asesinatos por parte de fuerzas del Estado con total impunidad. Esta realidad hizo que el acoso y el miedo condicionaran el activismo y que fuera cada vez más limitado. A finales del 2021, el Gobierno ruso cerró definitivamente el Memorial, otras ONG de derechos humanos, ecologistas y medios de comunicación independientes. Según activistas rusas, con este cierre “quedó destruido todo lo construido durante 30 años”.

    En los primeros días de guerra surgió en Rusia un movimiento popular contra la guerra que se coordina a través de una red horizontal conectada de canales de Telegram en la que los activistas comparten ideas y nuevos métodos eficaces de protesta. Debido a la prohibición de facto de las acciones pacíficas, se están extendiendo las formas radicales de protesta como los incendios provocados y los sabotajes ferroviarios relacionados con el mantenimiento de la guerra, sin provocar víctimas.

    La Resistencia Feminista Antiguerra es un movimiento horizontal, en red, de mujeres, que reúne a activistas de diferentes ciudades rusas y de otros países. Se relacionan por chat o canales de Telegram, Instagram y el boca a boca. Su trabajo abarca un amplio espectro de actividades de denuncia y oposición contra la guerra que desarrollan sus gobernantes en Ucrania. Nunca se refieren a las armas que los países de la OTAN proporcionan a Ucrania ni a las feministas ucranianas que han cogido las armas. Sí reproducen consideraciones que éstas les envían. Su logotipo es el símbolo feminista con el nombre en azul sobre fondo amarillo, los colores de la bandera de Ucrania.

    Entre sus actividades está el haber puesto en marcha propaganda antiguerra, y salieron a la calle vestidas de negro. Hay células del movimiento en Seúl, Ámsterdam, París, Ereván, Tiflis, etc., que realizan acciones regulares de resistencia. Prestan ayuda de forma segura y anónima a quienes se pongan en contacto con ellas. Dan asesoramiento legal a las familias a cuyos hijos han movilizado y llevado al frente de forma ilegal. Informan y denuncian de las violaciones llevadas a cabo en Ucrania (incluso de niños y bebés). Recogen dinero para ayudar a abortar a las mujeres ucranianas violadas. Asumen costes de procesos y multas que agotan sus recursos económicos.

    Se enfrentan y denuncian las nuevas leyes de guerra de Putin, como lo que a primeros de junio firmó Putin. Un decreto para que los huérfanos de Dombás y Ucrania obtengan la ciudadanía rusa. En teoría, se trata de otro bonito gesto que demuestra la preocupación de Rusia por los niños salvados de los nazis de los que tanto habla la propaganda rusa. En la práctica, legitimará el secuestro masivo de niños. Una vez que esos niños sean aceptados como ciudadanos, podrían ser adoptados bajo la ley rusa, y entonces, debido al secreto de la adopción, nunca podrían encontrar a sus verdaderos padres. Según la Convención de la ONU para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, una de las características del genocidio es el traslado forzoso de niños de un grupo humano a otro.

    Para ellas es importante que en la Resistencia Feminista rusa estén tanto las activistas que se quedan en Rusia como las que han tenido que salir urgentemente. Esto garantiza tanto la inclusión constante en el contexto político de muchas ciudades de la Federación Rusa como la continuidad de los procesos y la coordinación en el caso de las detenciones de quienes hacen la guerrilla antiguerra en Rusia.

    “Necesitamos comunicación activa con los demás. Ahora esos lazos son aún más importantes. Por un lado, es mucho más fácil hacer campaña a través de ellos, haciendo que la postura antibélica forme parte de la vida cotidiana de la gente, y que además esté representada por los nuestros y no por gente de fuera. Además, estas conexiones serán muy útiles cuando se produzca un colapso en el país… Ayudándose mutuamente, las personas podrán superar las dificultades. Es probable que las autoridades nos dejen sin Internet. Es importante no estar aislado del mundo y poder encontrar amigos. Por eso es importante establecer conexiones sólidas, unirse a grupos de relevo social y reunirse regularmente con conocidos en persona. No podemos evaluar el impacto total de todo lo que hacemos ahora, pero sabemos con seguridad que sin nosotras y nosotros sería mucho peor. Estamos preparadas para que nuestra iniciativa sea juzgada y destruida, como todo lo que es antibélico en Rusia. Somos el futuro”.

    La Resistencia Feminista Antiguerra es un movimiento horizontal, en red, de mujeres, que reúne a activistas de diferentes ciudades rusas y de otros países

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