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Cuadernos de Trabajo, un proyecto en torno al sindicalismo de base

Alberto Martínez Casado,
Valeria Racu, Pablo Pérez,
Guillén del Barrio

Con este artículo nace oficialmente el colectivo Cuadernos de Trabajo. Formado por activistas de luchas sociales y laborales, su objetivo es dar a conocer en el Estado español lo que en el mundo anglosajón se conoce como “organizing”, y que a falta de una mejor traducción llamaremos sindicalismo de base. Queremos servir de foro en el que compartir noticias y experiencias en torno a este sindicalismo social, en su vertiente social (vivienda, luchas vecinales, etc.) y laboral. Pretendemos generar un punto de encuentro y apoyo mutuo para quienes practicamos esta forma de sindicalismo.

Lo que veníamos haciendo hasta ahora viene dando escasos resultados. Las convocatorias de manifestaciones y huelgas se suceden, las victorias son escasas y algunas de ellas terminan por no serlo o no tienen continuidad. Consideramos que en las últimas décadas se ha vivido una pérdida neta de derechos sociales y laborales. Queremos unos resultados distintos, por eso no podemos seguir planteando nuestras luchas de la misma forma.

Esta “nueva” forma de lucha (más adelante veremos que de nueva tiene poco, pero de efectiva lo tiene todo) nos parece importante porque conquista victorias de mayor importancia y más a menudo. Otra razón igual de importante es la forma de conseguirlas: de abajo arriba, tomando las decisiones quienes se ven afectados por ellas en lugar de hacerlo en su lugar los líderes y las burocracias. Empoderando nuevos activistas y acompañándoles en su proceso de aprendizaje.

Las luchas sociales y laborales se pueden plantear de tres maneras: representación, movilización u organización.

Con el método representativo, los líderes y las burocracias de las organizaciones negocian en nombre de ciudadanos y trabajadores sin rendirles cuentas. Es un sistema opaco con varios inconvenientes. Las burocracias a menudo acaban defendiendo sus propios intereses, que no tienen por qué ser los mismos que los de sus representados, y también son fáciles de corromper: para las grandes empresas y poderes fácticos sale mucho más barato comprarse a unos pocos líderes que ceder ante las reivindicaciones de miles o cientos de miles de personas.

En su lugar podemos optar por la movilización: ante una causa justa, se convoca a todas las personas afectadas para que reaccionen participando en manifestaciones, huelgas y otras formas de movilización. Con este sistema se genera un mayor poder popular, pero tiene el inconveniente de que no es muy sostenible. Cuando la indignación de la gente disminuye, no queda apenas rastro.

Frente a estos dos enfoques, el sistema que defendemos es la organización de base. Supone mucho más trabajo y lleva más tiempo, pero da mejores resultados. Consiste en construir una gran masa de personas, una a una. En lugar de activar a unos pocos hipermilitantes, ir localizando a posibles activistas. Para muchos de ellos ésta será la primera vez que participen en alguna lucha, y eso es lo más valioso. Otra diferencia importante es que apenas te diriges a quienes ya están convencidos, sino a quienes no conocen el problema, les resulta indiferente e incluso pueden estar en contra de la propuesta que defiendes. Ésta es la única manera de poner unos cimientos sólidos, amplios y profundos desde los que construir una lucha con la potencia suficiente para ganar.

Como muestra de lo que se puede conseguir mediante el sindicalismo de base, éstas son algunas de sus conquistas:

En 2008 un grupo de profesores afiliados al Sindicato de Profesores de Chicago empezaron a organizarse, incorporando activistas en cada escuela de la ciudad. Cuatro años más tarde habían sido elegidos para liderar su sindicato y llevaban a cabo una huelga histórica en la que salieron a la calle la práctica totalidad de los 26.000 docentes de las escuelas e institutos de la ciudad. Como muestra del trabajo que hicieron persona por persona, en la votación para convocar la huelga la participación fue del 90%, con un 98% a favor de ir a la huelga.

Tras cinco años de preparación, 34.000 profesores de Los Ángeles fueron a la huelga durante siete días en enero de 2019. Llevaban 30 años sin hacer una. Además de un aumento de sueldo, consiguieron que disminuyera el número de alumnos por clase, una enfermera en cada centro, una bibliotecaria en cada instituto y un aumento del presupuesto de más de 300 millones de dólares.

En septiembre de 2021 estalló una huelga en varios hospitales de Berlín. Participaron 15.000 trabajadores que hicieron huelga durante 30 días. Su nuevo convenio establece la cantidad de personal necesario en cada servicio, e incluye penalizaciones si esto no se cumple.

El 1 de abril de 2022 se anunciaba el resultado de la votación en el almacén JFK8 de Amazon en Staten Island (Nueva York). La empresa había contratado a un bufete especializado en reventar sindicatos. Durante la campaña, obligaron a todos sus empleados a recibir charlas en contra del sindicato, tanto grupales como individuales. A pesar de todo, el sindicato Amazon Labor Union, fundado meses antes, se alzó con la victoria en un centro de cerca de 8.000 trabajadores.

El 19 de julio de 2022, tras 77 días de huelga, las trabajadoras de seis hospitales del oeste de Alemania conquistaron su convenio colectivo, que supuso un aumento de personal y penalizaciones a sus empleadores si volvían a sufrir escasez de personal. Empezaron a prepararse para la huelga en diciembre de 2021.

Como adelantábamos, esta forma de encarar las luchas puede ser una actualización, pero desde luego no es nueva ni desconocida en la historia de nuestro país. El movimiento obrero con sus ateneos anarquistas y sus casas del pueblo socialistas se dedicó en todo momento a empoderar al resto de trabajadores. Alfabetizando, con bibliotecas, escuelas, grupos de teatro, de debate y economatos. Ya en 1904 existían aquí sociedades y sindicatos de inquilinos (la primera huelga de inquilinos del país se inició en Barakaldo en 1905). En los últimos años del franquismo, las luchas en las barriadas de aluvión de las ciudades industriales conquistaron condiciones dignas para sus barrios. Las comisiones obreras de entonces son otro ejemplo de luchas planteadas de abajo arriba, nombrando comisiones para reunirse con los jefes, cuyos miembros rendían cuentas ante la asamblea de trabajadores que les había nombrado. Más recientemente, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha parado miles de desahucios en los mismos portales de las víctimas de los bancos, y cuando ha sido necesario han tomado sus sucursales, ejerciendo el poder popular en las negociaciones con algunas de las empresas más poderosas del país.

Éstas son las razones por las que nos parece necesario que se vuelva a extender esta forma de sindicalismo social y laboral en nuestro entorno. Para conseguirlo hemos creado un blog alojado en el diario digital El Salto en el que publicaremos artículos de análisis e informaremos sobre las luchas que hay en marcha basadas en esta filosofía. Esperamos generar debate e intercambio de ideas. Los comentarios, críticas y matices serán bienvenidos. También ofreceremos talleres prácticos, que entendemos que es la mejor forma de extender esta práctica, y organizaremos charlas y jornadas en las que encontrarnos.

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