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Ambientalistas cortan la M30

@xrmadrid, @esxrebellion

Poco antes de Navidad un puñado de jóvenes cortaban la M30 en Madrid desplegando un enorme cartel que rezaba: “Atención obras – Estamos construyendo un mundo mejor”.

Forman parte de Futuro Vegetal, las mismas personas que sabotearon un matadero en Huesca, lanzaron pintura en el Museo Egipcio de Barcelona cuando Egipto acogía a la COP27, pegaron sus manos a los marcos de las Majas en el Museo del Prado y cortaron la carretera por donde pasaba la Vuelta Ciclista en Murcia frente a las instalaciones de El Pozo.

¿Qué pretenden? Pues construir un mundo mejor efectivamente; intentar cambiar un modelo económico que nos lleva al desastre; mostrar la vinculación estrecha entre la crisis climática y el sistema agroalimentario y señalar a la industria cárnica.

Puede que la gente de a pie no lo sepa, ya que ni Gobiernos ni empresas lo explican y a los científicos nadie les hace caso, pero esa relación entre el aumento desenfrenado de emisiones y la ganadería industrial está documentada. Tiene que ver con la alta producción de metano, un potente gas de efecto invernadero cuyo poder de calentamiento es 80 veces mayor que el dióxido de carbono. También tiene que ver con la deforestación mundial, ya que la mayor parte de las tierras que se le roban al bosque se destinan a alimentar a animales. Vivimos en un mundo de locos donde el 96% de los mamíferos del planeta son humanos y ganado destinado al consumo humano; solo el 4% son salvajes… Por eso los activistas se exponen a ser detenidos. Y porque están convencidos de que la desobediencia civil funciona.

El Consejo de Ministros acaba de darles la razón prohibiendo la instalación de nuevas “macrogranjas”. Es un tímido avance, lejos de las ambiciones de Futuro Vegetal, pero es un paso en la dirección correcta. Puede que nuestro presidente de Gobierno siga degustando ese “chuletón imbatible” que esgrimió cuando el ministro de Consumo pretendía ponerle coto a la ganadería industrial, pero ahora no ha tenido más remedio que apoyar esta medida impensable cuando estalló aquella polémica.

Futuro Vegetal está adscrito a Extinction Rebellion (XR), que preconiza la desobediencia civil y la acción directa no violenta para luchar contra la inacción frente a la emergencia climática. En XR sabemos que estamos ante un dilema: rebelarnos o extinguirnos. Sabemos que lo que hagamos en los 3 o 4 próximos años determinará la manera de habitar la Tierra en el futuro. No hay tiempo que perder. Otros movimientos ecologistas y mucha gente concienciada sabe a ciencia cierta que estamos en la década decisiva para mitigar el cambio climático. Somos la última generación que puede frenar el clima desbocado antes de que sea demasiado tarde.

Este 2023 viene cargado de energía. Futuro Vegetal se prepara para acciones de alta intensidad en abril, Extinction Rebellion prevé una movilización masiva en primavera. Rebelión Científica, que agrupa a científicos de todo el mundo que han decidido salir de los laboratorios y llevar su protesta a la calle, también está en la brecha. Greenpeace apuesta por arrancar compromisos verdes a los partidos en este periodo electoral. Fridays for Future anuncia manifestaciones. Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra también se están activando.

Deuda x Clima, un movimiento internacional que surgió en el Sur Global para exigir la cancelación de la deuda que ahoga a los países del Sur y les obliga a destinar sus recursos al pago de la deuda en vez de asignarlos a la mitigación del cambio climático, hace un llamamiento mundial para que el Norte Global se haga responsable de su enorme deuda climática. El día señalado es el 27 de febrero, ya que hace 70 años, en esa fecha, los países acreedores le perdonaron a la Alemania nazi la mayor parte de su deuda. Esa anulación permitió que recuperara su papel central en la economía europea, el famoso “milagro económico”. Ahora Alemania es la cuarta potencia del FMI y el cuarto país más contaminante del mundo. Si se pudo hacer eso hace 70 años, se puede cancelar esa deuda colonial ahora y permitir una transición justa hacia una economía descarbonizada.

Stop Ecocidio ha logrado que su propuesta de criminalizar el ecocidio se esté debatiendo al más alto nivel. Esperemos que pronto se convierta en el quinto crimen que juzgará la Corte Penal Internacional, tras el genocidio, los crímenes contra la humanidad, los de guerra y los de agresión.

Algunas cosas están cambiando. Los activistas se mueven. Las Naciones Unidas instan a la población a participar de ese movimiento. Acaban de lanzar el programa “Act Now, Speak up” / “Actúa ya, alza la voz”, señalando que la acción en favor del clima es asunto de todos, que no se consigue nada solo pero que juntos lo podemos lograr. Nos invita a toda la ciudadanía a exigirles a empresas y Gobiernos que hagan su parte, cumplan con el acuerdo de París para limitar el aumento de la temperatura por debajo de 1,5°C y pongan los intereses de las personas por encima de los de las empresas.

Nos toca coger las riendas. Si la gente no presiona, los Gobiernos no actúan. En nuestra democracia representativa se han colado grupos poderosos socavando lo público. Basta con ver lo que pasa con la sanidad, con la vivienda, con la marcha inexorable de una economía despiadada que no atiende a razones y solo busca el provecho de unos pocos. El 1% más rico del mundo produce el doble de las emisiones de carbono del 50% más pobre. Los más ricos y las grandes corporaciones son los mayores emisores de C02. Los Gobiernos lo consienten. Todo está relacionado. No estamos solo frente a una emergencia climática, esto es una crisis eco-social que nos puede llevar al colapso.

Podemos y debemos poner cada uno nuestro granito de arena para ayudar, como hacía el colibrí en aquel cuento donde iba a buscar gotitas de agua para apagar el incendio del bosque mientras los demás animales huían, pero ya es tarde para conformarse con eso. Hubiera valido, quizás, en los años 70 del siglo pasado, cuando ya se sabía que estábamos equivocando el camino. Ahora hay que contar el cuento de otra manera: tenemos que seguir siendo colibrís porque nuestra casa común está en llamas, pero ahora se necesitan batallones de mosquitos que molesten, bandadas de estorninos que oscurezcan el cielo. Se necesita a la ciudadanía entera presionando para rectificar. Y hay que señalar a los verdaderos responsables.

¿Te apuntas?

Os esperamos en Rebelión o Extinción con amor y furia.

HEMEROTECA

Solidaridad en Acción

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