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El pasado 19 de julio en el contexto de una grave crisis social, política y sanitaria, y tomando por nuestra parte todas las medidas de distanciamiento y protección que son exigidas por las autoridades, los puestos políticos de la plaza de Tirso de Molina decidimos volver a montar nuestras mesas tras cuatro meses de forzosa espera.

#TirsoSeQueda

A las once de la mañana recibimos la visita de dos agentes de la policía municipal que nos amenazaron con poner sanciones e incautar los puestos por estar en la plaza sin licencia si no se retiraban,, como finalmente hicieron con el puesto de una compañera. Al igual que está sucediendo con el histórico mercado al aire libre de el Rastro parece que la intención del Ayuntamiento es aprovechar la situación creada por la crisis sanitaria para remodelar la zona, dando prioridad a los negocios de turismo,  hostelería, tiendas… en detrimento de los antiguos puestos de Cascorro, Ribera de Curtidores… y de puestos como los nuestros que en su larga historia no es la primera vez que sufren estos ataques.

 

Desde ese día nos estamos concentrando, domingo tras domingo, para protestar contra esta arbitraria decisión por parte del Ayuntamiento. Los puestos políticos pueden ser gestionados con medidas de higiene y distanciamiento similares a las de otros mercadillos de la ciudad mientras dure esta crisis sanitaria, y no vamos a permitir que con la excusa de la pandemia se intente acabar con este espacio, que se consolidó por la lucha y la resistencia colectiva.

Y es que los puestos de Tirso tienen mucha historia detrás. Se remonta a finales de la transición, cuando los puestos políticos de la plaza de Cascorro se trasladan a su ubicación actual para evitar los enfrentamientos constantes con grupos ultraderechistas que les atacaban, ampliándose el espacio a mediados de los años ochenta con la incorporación de colectivos de jóvenes y distribuidoras alternativas de música. Los puestos se han consolidado en las siguientes décadas resistiendo a ataques fascistas, acoso por parte de la Policía Municipal, la reforma de la plaza con la instalación de los quioscos de flores… ataques de los que siempre hemos salido victoriosos gracias al apoyo y la implicación de centenares de compañeros y compañeras. Los puestos de Tirso molestan porque son un espacio para difundir luchas anticapitalistas que se ha mantenido vivo contra viento y marea muy a pesar del Ayuntamiento, que ya intento desalojarnos en el año 1992 cuando gobernaba Álvarez del Manzano y que en el año 2009 instalo tres cámaras de video vigilancia para controlarnos ya que según ellos en la plaza “se reúnen colectivos antisistema violentos”.

 

Desde la asamblea de puestos políticos sostenemos que la única alternativa viable para resolver el conflicto es dejar el estatus de la plaza tal cual está, es decir, que Tirso de Molina los domingos por la mañana siga siendo un espacio donde libremente se pueda acudir a difundir y distribuir todo tipo de material relacionado con luchas anticapitalistas, antifascistas, ecologistas, etc. Mientras dure la pandemia podemos gestionar las medidas de distanciamiento e higiene que nos son exigidas para que la plaza sea un sitio seguro, al igual que durante estos años hemos gestionado el espacio en la plaza sin que se hayan producido conflictos. Somos conscientes igualmente de que nuestro problema es compartido con los puestos del rastro y con el barrio de Lavapíes en general, inmerso en un proceso de gentrificación desde hace años y que quiere reducir el histórico Rastro a una simple marca comercial para la atracción de los turistas a costa de expulsar a los que desde hace décadas le llevan dando vida, su lucha es también nuestra lucha y la de todos y todas que se enfrentan a estos procesos de reestructuración capitalista.

Por último queremos dejar bien claro que no vamos a parar hasta que Almeida y su equipo de gobierno se enteren que:

¡Los puestos de Tirso y el Rastro se quedan!

 

Más información en  https://puestostirso.noblogs.org

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