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Invisibles de Coslada 15M

El sinhogarismo es un enorme problema social que afecta a millones de personas en todo el mundo y a decenas de miles en nuestro país, especialmente en Madrid y Barcelona. Está relacionado con la pobreza y/o la exclusión social, y, por lo mismo, son las mujeres uno de los grupos sociales más susceptibles de padecerlo. Sus consecuencias son impredecibles a largo plazo.

Definición de persona sin hogar

Para FEANTSA, Federación Europea de Organizaciones Nacionales que Trabajan con las Personas Sin Hogar, una persona sin hogar es “aquella que no puede acceder o conservar un alojamiento adecuado, adaptado a su situación personal, permanente y que proporcione un marco estable de convivencia, ya sea por razones económicas u otras barreras sociales, o bien porque presenta dificultades personales para llevar una vida autónoma”. Pero esta definición no implica que vivir en la calle sea responsabilidad de cada individuo: el sinhogarismo se debe, sobre todo, al fracaso del sistema social y no al individual y personal de quienes lo padecen y lo sufren. Y el sinhogarismo femenino, en concreto, está estrechamente relacionado con la desigualdad de género, el capitalismo y el patriarcado.

En general, en todo el mundo, el riesgo de exclusión social es más alto en las mujeres que en los hombres. Según un informe de ONU Mujeres (febrero de 2018), datos relativos a 89 países muestran que 4,4 millones más de mujeres que de hombres viven en la pobreza.

La tasa de paro de las mujeres, en nuestro país, es superior a la de los hombres. Según el INE, en 2017, el desempleo de las mujeres era del 18,35%, frente al 14,97% de los varones (una de las peores tasas de Europa, en declaraciones del Relator de la ONU Philip Alston). Las mujeres aglutinan prácticamente tres cuartas partes de los empleos con jornada parcial. El Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha), basándose en los datos de la Agencia Tributaria, señala que, en 2016, las mujeres, en España, ganaron un 29,1% menos que sus compañeros varones.

Pero la mayor brecha de género está en el trabajo no remunerado. Hay más mujeres “inactivas”, ya que siguen estrechamente vinculadas a las tareas de cuidados (según la Encuesta Nacional de Salud, el 49% de las mujeres que cuidan a personas con limitación de su autonomía se ocupa del cuidado en solitario).

CERMI Mujeres destaca, por su parte, que la tasa de desempleo de las mujeres con discapacidad en España asciende al 64,8%, cifra superior a la de los hombres, y a la de la población sin discapacidad.

El incumplimiento del derecho a la vivienda se ceba con las mujeres, especialmente de hogares monomarentales. Según la PAH, de todos los desahucios que se producen en familias con un solo miembro, casi el 100% afecta a mujeres.

Las mujeres migrantes pobres también corren el riesgo de acabar en la calle por falta de trabajo, cargas familiares en el país de origen o en el de acogida y dificultades para comprender el idioma, además de las barreras económicas, sociales y/o culturales. Y no olvidemos a las que son obligadas a prostituirse o participar en redes de trata en viviendas inseguras o inadecuadas (pisos patera, chabolas).

También existe una brecha en cuanto a las pensiones. Según datos de la Seguridad Social, si la pensión media de un varón ronda los 1.150 euros mensuales, la de una mujer es de 727 euros (casi un 37% más baja).

Se estima que el 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido, en algún momento de sus vidas, violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental, o de otra persona distinta a su compañero sentimental (sin incluir el acoso sexual). Este porcentaje alcanza el 70% en el caso de las mujeres sin hogar.

Todo ello conduce, en muchos casos, a la pobreza, al paro y —¡cómo no!— al sinhogarismo. Las mujeres sin hogar constituyen el grupo social más vulnerable y más invisibilizado de nuestro país.

Invisibilizadas

Cáritas estima en 40.000 el número de personas sin hogar en España, de las que un 16% son mujeres, una cifra superior a las oficiales, basadas en estimaciones o recuentos parciales que no incluyen ni a todas las personas ni todas las formas de sinhogarismo.

Los datos cuantitativos y cualitativos, actualizados y fiables sobre el número real de personas sin hogar en nuestros barrios, municipios y ciudades son escasos y es muy difícil encontrar cifras fiables sobre las mujeres sin hogar. Los recuentos suelen reflejar el número de personas sin hogar que viven o pernoctan en la calle, o residen en albergues, varones en su mayoría, y no consideran el sinhogarismo encubierto, habitual en las mujeres sin hogar, que suelen optar por dormir en casa de familiares o amistades, mantener relaciones de pareja insatisfactorias, intercambiar compañía o cuidado por alojamiento, o vivir y pernoctar en viviendas inseguras o inadecuadas para protegerse de la violencia exterior. Según el observatorio Hatento, el 60% de las mujeres sin hogar han sido víctimas de delitos de odio y el 15% ha sufrido alguna agresión sexual.

Conclusiones

El paradigma patriarcal y capitalista dominante impone una violencia estructural hacia las mujeres. Esta violencia las sitúa en una posición de vulnerabilidad extrema que puede empujarlas a vivir en la calle y dificulta enormemente el acceso de muchas a una vivienda digna y la posibilidad de conservarla.

Por ello, es necesario

— Realizar estudios fiables, cuantitativos y cualitativos, sobre el sinhogarismo femenino que faciliten la implicación de las propias mujeres en la construcción de sus relatos de vida y en la búsqueda de soluciones para el problema del sinhogarismo.

— Cambiar el paradigma político, social y económico, a nivel estatal, para asegurar una vivienda digna a la ciudadanía y proteger a las personas de perder su casa

— Elaborar programas preventivos eficaces e integrales, para que nadie termine viviendo en la calle o en infraviviendas.

— Atender de forma individualizada y personalizada, y asesorar, ayudar, apoyar y sacar de la calle a las personas sin hogar.

— Incluir la perspectiva de género en la atención de las mujeres sin hogar por parte de los servicios sociales y diseñar programas de intervención, de apoyo y de recursos integrales, específicos, individualizados, personalizados, interdisciplinares y especializados.

¿Os podéis imaginar la lucha de estas mujeres las 24 horas en la calle? Ser mujer y sin hogar es muy jodido.

Revolución gitana

@GITANOS
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