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    Reflexiones en torno a la salud mental

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    Asociación Vecinal de La Poveda

    Afortunadamente, llevamos bastante tiempo oyendo hablar de salud mental en todas partes, desde los medios de comunicación hasta el Congreso de los Diputados. Hemos conocido casos de personas relevantes del mundo de la cultura que, hablando de su ansiedad, depresión, trastorno de la alimentación o bipolaridad, han dado visibilidad a estas enfermedades y han roto tabúes del pasado. En otros tiempos, y por desgracia todavía, las enfermedades mentales tenían alguno de estos estigmas: locura, fragilidad, enfermedad no demostrable, peligrosidad… o todos a la vez. La imagen que se daba de ellos desde el cine o los informativos no hacía más que ahondar en los estereotipos y prejuicios existentes. Por ello, es muy positivo que se hable y se visibilice, que se normalice y desestigmatice padecer o haber padecido cualquiera de estas enfermedades. Esta visibilidad y esos testimonios ayudarán en buena medida a las personas que las sufren, pero desafortunadamente, aunque ayude sentirse seguro y respaldado para hablar de los problemas, éstos no se solucionan verbalizándolos o escuchando que otras personas los han superado.

    Desde la Asociación Vecinal de La Poveda creemos que, para que esta ola de visibilidad de los problemas de salud mental tenga una repercusión más determinante en los pacientes actuales y futuros de estas enfermedades, hace falta analizar los datos que muestran las estadísticas en torno al tema, sacar conclusiones y actuar en consecuencia.

    Habría que preguntar a los profesionales y expertos: ¿a qué se puede deber que las mujeres tengan entre 2 y 3 veces más depresión que los hombres? ¿Por qué los casos aumentan con la edad? ¿Cuál es el motivo por el que 3 de cada 4 suicidios en 2020 fueron de hombres y se produjeron casi 11 al día? ¿Qué hace que seamos el país, junto a Portugal, que más ansiolíticos y antidepresivos consume de los 34 que conforman la OCDE? ¿Cómo se correlacionan los datos de pobreza y precariedad con la salud mental? Por supuesto, también habría que escucharlos con atención y atender a sus recomendaciones.

    Algunas conclusiones salen solas leyendo los resultados anuales del Instituto Nacional de Estadística al respecto. La falta de trabajo, de una fuente de ingresos, la imposibilidad de sacar adelante un hogar, es una de las mayores causas de ansiedad y depresión. Y algunas comparaciones, por más odiosas y demagógicas que puedan parecer, nos vienen a la cabeza y nos revuelven el estómago. ¿Cómo se permite que esto suceda por falta de recursos, mientras la banca o las eléctricas obtienen beneficios indecentes? ¿Cómo sigue habiendo partidas presupuestarias destinadas a la Iglesia o la casa real, entidades más que sospechosas, enfangadas en múltiples abusos y fraudes, cuando se nos dice que no hay dinero para sanidad?

    Además de reclamar que aumenten el número de profesionales que atienden estas enfermedades (tenemos menos de 12 psiquiatras por cada 100.000 habitantes) y exigir a los representantes políticos que inviertan para que sea una realidad poder ser atendido en un tiempo razonable, ¿por qué no analizamos cuál es su origen? ¿No sería la forma más eficaz de afrontar el problema y evitar el sufrimiento de las personas que padecen estas enfermedades y el de sus familias?

    Estamos hablando de atención primaria, de medicina preventiva, de no esperar a que se desarrolle la enfermedad. Hablamos de trabajar en colegios, institutos y geriátricos, en empresas y Administraciones, haciendo estudios que localicen los riesgos para la salud mental en los entornos sociales, educativos y laborales, dotándoles de medios para minimizar los casos, localizarlos y actuar antes de que sea tarde. Hablamos de fomentar un urbanismo más humano que favorezca la socialización de las personas en el espacio público, de potenciar todo tipo de asociacionismo y de redes sociales que sirvan de apoyo mutuo a las personas que puedan pasar por dificultades. Hablamos de que el Estado y sus Administraciones protejan activamente la salud mental de los ciudadanos poniendo a su disposición y difundiendo teléfonos de ayuda y asesoramiento a afectados y familiares atendidos por profesionales. Hablamos de impulsar un plan multidisciplinar para abordar esta pandemia silenciosa que está mermando la calidad de vida de tantas personas. Hasta el punto de que el pequeño porcentaje de los que deciden acabar por la vía rápida con su sufrimiento llegó en 2020 a la escalofriante cifra de 3.941 personas. Tres mil novecientas cuarenta y una vidas que tal vez podrían haber encontrado otra salida si nos tomáramos en serio estas enfermedades y exigiéramos a nuestros representantes compromisos concretos, inversión y cambios para mejorar esta situación. No son casos aislados, no son problemas personales, nos atañe como sociedad. Ya hay datos de sobra para el diagnóstico, hágase y pónganse a actuar para que esas cifras bajen lo antes posible.

    C/ Formentera, 1

    Sala de asociaciones del Centro Integrado de La Poveda

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