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En las últimas semanas, Palestina ha sido nuevamente protagonista de varias portadas y de varios artículos en medios de comunicación. Desde luego, unos más veraces que otros. Ahora que han cesado las bombas sobre Gaza, parece que da la impresión de que la cosa se ha normalizado, que los habitantes de Gaza han vuelto a su vida “normal”, y que ya en Jerusalén la vida sigue con “normalidad”.

 

Fuente: Alkarama

 

Imagen: ElisabethaGgv

Pero, ¿qué es la normalidad en Palestina? ¿Acaso debiera ser normal que un niño o una niña tarde dos horas en llegar a la escuela por tener que atravesar un chek-point, cuando en condiciones normales tardaría 15 minutos? ¿Acaso debiera ser normal que un trabajador o una trabajadora, tardase en llegar a su trabajo también dos horas, porque la carretera que le llevase más directamente está reservada a los colonos y no la pueden utilizar los palestinos? ¿Acaso debiera ser normal que alguien no pueda ir a ver a su familia que se encuentra en realidad en un pueblo cercano, porque el Muro del Apartheid se lo impide?

Y estos son sólo ejemplos, porque por desgracia, encontramos infinidad de ellos. De ejemplos que el mundo no debiera considerar “normales”. Presos y presas detenidas en condiciones infrahumanas y víctimas de torturas, y a quienes las visitas les están muy limitadas, en el mejor de los casos. Niños presos. Mujeres embarazadas que dan a luz en los check-points porque no les permiten ir a un hospital, con las graves consecuencias que ello acarrea para ellas y sus bebés. Familias despojadas de sus hogares. Olivos arrancados de la tierra. Bulldozers que arrancan también las casas. Violencia por parte de colonos sedientos de terror. Robo de manantiales de agua en favor de las colonias. Agua contaminada y no potable. Cultivos quemados. Violencia en cada gesto y en cada actividad cotidiana. ¿Se imagina alguien viviendo en esas condiciones?

Nada de esto es normal, y por ello, Palestina no debería dejar de ser noticia, mientras haya un sólo habitante víctima de esta violencia sistémica que ejerce el ente sionista. No obstante, haremos un repaso de por qué Palestina ha sido noticia en las últimas semanas.

El plan “Gran Jerusalén”

El plan de Israel llamado «Gran Jerusalén», en vigor desde 1973, tiene como objetivo aislar los barrios palestinos circundantes de Jerusalén Este de la ciudad a través del Muro del Apartheid y la anexión de las colonias sionistas. Como resultado, unos 140.000 palestinos de Jerusalén viven fuera del muro y no pueden acceder a la ciudad. Las políticas sionistas de arrestos, demolición de estructuras, confiscación de tierras y desplazamiento forzado responden a este plan y están en consonancia con el «equilibrio demográfico» del gobierno israelí en Jerusalén en un 70-30, limitando la población palestina en la ciudad al 30% aproximadamente. La visión sionista de una ciudad completamente limpia étnicamente de su población árabe autóctona es alimentada por organizaciones de colonos −respaldadas por multimillonarios y apoyadas por el gobierno− que actúan con total arrogancia e impunidad.

Jerusalén Este, donde se incluye la Ciudad Vieja, fue anexionada por Israel, aunque dicha anexión no ha sido reconocida por ningún país del mundo y fue declarada una violación del derecho internacional según la Resolución 478 de las Naciones Unidas. Desde que se produjera esta anexión ilegal, la ocupación ha puesto en práctica una política sistemática de discriminación racial en este sector de la ciudad. No en vano, hace algunas semanas la organización Human Rigths Watch ha recogido en un informe de 213 páginas una larga lista de violaciones y acusaciones basadas en la confiscación generalizada de tierras y patrimonios, la denegación de los derechos de residencia o la suspensión de derechos civiles, entre otros.

Una muestra muy significativa del infierno que viven los y las palestinas en Jerusalén, es el caso del barrio Sheikh Jarrah, al norte de la Ciudad Vieja. El barrio está rodeado de puestos de avanzada coloniales, colonias y cuarteles de la policía de fronteras, todo lo cual ha roto los centenarios vínculos sociales y económicos con las comunidades palestinas vecinas. Los 500 jerosolimitanos que viven en las 28 viviendas del barrio de Sheikh Jarrah están amenazados por los colonos, tras años de connivencia de éstos con los tribunales israelíes; éstos, recientemente, emitieron una sentencia de desalojo contra 7 familias, a pesar de que los vecinos del barrio son los verdaderos y legales propietarios de la tierra.

Pero no sólo Sheikh Jarrah, sino también otros barrios de la ciudad, como Silwan, son víctimas de estas políticas de apartheid. En Silwan, los tribunales sionistas han ordenado a 1500 palestinos a demoler sus propias casas, o de lo contrario deberán pagar las tasas de la demolición. ¿Se imagina alguien demoliendo su propia casa? ¿Existe algo más macabro?

A raíz de los últimos acontecimientos en el barrio de Sheikh Jarrah, se ha producido un fuerte levantamiento popular en distintas ciudades, tanto de Cisjordania y Gaza como de la Palestina ocupada que es hoy Israel. Las amenazas de desalojo de Sheikh Jarrah, unido a las constantes provocaciones de colonos extremistas que gritan “muerte a los árabes” y que realizan incursiones a lugares sagrados como la Mezquita de Al Aqsa, han hecho saltar la chispa. Aunque la chispa nunca ha dejado de estar ahí. 73 años de colonización son demasiados años. Estas olas de manifestaciones en Palestina han sido duramente reprimidas y gaseadas por las fuerzas de ocupación sionistas. Hamás fue un paso más allá, y advirtió de que si no cesaban las incursiones a Al-Aqsa y la violencia de las fuerzas de ocupación, habría una respuesta por su parte.

Y entonces llegaron las bombas

La Franja de Gaza es uno de los lugares del planeta con mayor índice de densidad de población; en tan sólo 385 km², viven algo más de 2 millones de personas. 2 millones de personas bloqueadas, pues la población gazatí está sometida desde hace 14 años a un bloqueo ilegal y criminal por tierra, mar y aire. Allí la población tiene la “suerte” de no tener que vivir con colonos; pero al mismo tiempo tiene la “mala suerte” de sufrir ya no sólo el bloqueo, sino también los bombardeos periódicos que las autoridades sionistas despliegan sobre toda la Franja.

Allí, los pescadores y campesinos, fuente primaria de la economía gazatí, son constantemente atacados, despojados de sus medios, y en el peor de los casos asesinados, por el ente sionista. Ellos y ellas, que suponen el sustento de decenas de miles de familias en la Franja, son el blanco de estos ataques que buscan ahogar a una población que ya está de por sí ahogada. Para más inri, los túneles que unían a la Franja con Egipto hace unos años, y que suponían un soplo de aire fresco a la escasez de cualquier tipo de material, han sido completamente destruidos. Ese pequeño soplo de oxígeno ya tampoco está.

Gaza ha sufrido ya varias ofensivas genocidas; la más grave de todas, en el año 2014, duró 50 días y dejó un saldo de más de 2.100 muertos, de los que una cuarta parte eran niños. Ahora, hace un mes, ha habido una nueva masacre consistente en 11 días de bombardeos, que han dejado un saldo de 232 muertos, entre ellos 65 niños, y más de 1700 personas heridas. Además de la lamentable y dolorosa pérdida de vidas humanas, los daños materiales han sido, son, incontables. Israel ha bombardeado escuelas, hospitales, campos de refugiados, orfanatos, centros de alimentación, plantas de suministro de aguas, de electricidad, ambulancias, medios de comunicación, bloques de viviendas, centros universitarios y medios de transporte públicos. Eso es, según los criminales sionistas, atacar objetivos de Hamás.

Los bombardeos han terminado, pero no podemos bajar la guardia. Dentro de un tiempo, cuando Israel vuelva a tener problemas internos y necesite desviar la atención de sus propios ciudadanos, cuando la industria armamentística israelí necesite mostrar al mundo la implacable eficacia de sus armas y de su economía de la muerte, entonces, una vez más, Gaza será bombardeada masivamente.

No dejemos de hablar de Palestina

En Palestina nada es normal. Una nación resquebrajada a pedazos, no es normal. Una nación que no tiene soberanía de ninguna clase, porque los Acuerdos de Oslo se lo han impedido, no es normal. Una nación que sufre un régimen de apartheid sistemático, a todos los niveles, no es normal. Una población refugiada durante 73 años, que no puede retornar, ni tan siquiera para visitar a sus familiares, y que es sometida a interrogatorios y privada de la libre circulación sin importar la nacionalidad de su pasaporte, sólo por tener origen palestino, no es normal.

Pero allí ocurre. Y ocurre con la mirada cómplice con Israel de la comunidad internacional. Ocurre, pero tenemos el firme convencimiento de que más pronto que tarde, dejará de ocurrir, porque que una nación lleve colonizada 73 años en pleno siglo XXI no es normal. Y dejará de serlo, porque el pueblo palestino tiene la razón, porque los pueblos del mundo no están alineados con sus gobiernos y apoyan la causa palestina, y porque al final, los derechos humanos prevalecerán.

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