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    Problemas de salud mental infantojuvenil en los centros educativos públicos de la Comunidad

    Solidaridad en Acción

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    Carlos L. Sánchez Arroyo (PTSC EOEP de Fuenlabrada y miembro de la AMPTSC)

    Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, los centros educativos de la Comunidad de Madrid se están enfrentando a una realidad muy compleja con relación a la alta incidencia de las conductas autolíticas, de los trastornos de alimentación y de conducta y las emociones en la población adolescente escolarizada en todos los niveles educativos.

    Respuesta actual a las necesidades del alumnado planteadas a los centros

    Planificación y activación de protocolos con el fin de contener y si fuese posible evitar las consecuencias más graves de dichas conductas y trastornos.

    Uso de todos los recursos personales disponibles del centro para la ejecución de dichos protocolos de contención. O, si los recursos sanitarios viesen su necesidad, durante un curso académico se les puede derivar a un Centro Educativo Terapéutico solo desde el ámbito sanitario (actualmente el tiempo medio de espera es de un año).

    A partir de los 13 años se puede hacer uso de los servicios del seguro médico escolar.

    Problemas que plantea en un centro educativo la respuesta actual a estas necesidades derivadas de un problema de salud mental

    Consume todos los recursos del centro, incluyendo las propias del alumnado con necesidades educativas especiales (aparte del PT y Al, donde los hubiera, los Técnicos Superiores de Integración Social —TSIS— destinados a apoyo en centros preferentes TEA).

    La inadecuada respuesta educativa al resto del alumnado que también sufre en primera persona unas situaciones muy complejas que inciden negativamente en su adecuada respuesta educativa. Tanto por estar presentes en dichas situaciones como por la pérdida de recursos educativos a los que tienen derecho.

    Inadecuación de la formación de los TSIS para poder hacer frente a las situaciones planteadas respecto a los alumnos con trastornos de conducta de inicio en la infancia y adolescencia en cualquiera de sus variables.

    Cualquier respuesta desde el ámbito educativo por las propias características de los centros será de contención de las conductas derivadas del trastorno, pero no pueden instaurar medidas terapéuticas. Las respuestas educativas que un centro educativo puede ofrecer a los alumnos con conductas autolíticas, de los trastornos de alimentación y los trastornos de conducta y las emociones no pueden ni deben cubrir la totalidad de necesidades de este tipo de alumnado, solo las educativas y en especial aquellas relacionadas con el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como mucho, intentar contener esas conductas y desde luego complementar la adecuada terapia sistematizada desde el ámbito de la salud mental trabajando desde la integración del alumno en el centro educativo y en la vida escolar hasta las necesidades educativas que pudiera presentar. En aquellos centros educativos en los que disponen de PTSC, se puede hacer también un trabajo en red para coordinar la situación del menor con todos los recursos que intervienen.

    La pandemia ha provocado un aumento significativo de las horas que los adolescentes pasan delante de una pantalla. Los ordenadores y los móviles se han convertido, en muchos casos, en su vía de comunicación con los iguales y en su vía prioritaria para ocupar el tiempo libre. Este abuso está conduciendo a un aumento peligroso de la adicción a las tecnologías, provocando aislamiento social real y graves problemas de conducta. Son las nuevas adicciones sin sustancia.

    Conclusiones:

    Vectores que inciden de forma negativa en la respuesta a las necesidades derivadas de las conductas autolíticas, de los trastornos de alimentación y de conducta y las emociones en la población infantil y adolescente en los centros educativos:

    — El aumento de las enfermedades mentales en la población infantojuvenil a edades más tempranas que precisan cada vez una intervención terapéutica especializada dada su cada vez mayor complejidad.

    — La situación de las familias: cada vez más familias en situación de vulnerabilidad, pérdida de referentes en las pautas de crianza y rutinas… El uso inadecuado de redes sociales, la dependencia tóxica a las mismas. Se puede hablar de “nuevas vulnerabilidades” que son independientes de la clase social o económica.

    — Falta de recursos sociocomunitarios y sanitarios suficientes. Con una pirámide de población cada vez más envejecida y una disminución constante de la población en edad escolar. Los recursos sanitarios estarán progresivamente enfocados a una mayoría de población envejecida.

    — La reducción de líneas en los centros educativos, ya se hace sentir en los centros de Primaria e implicará a Secundaria a corto plazo. Impedirá realizar sustituciones por ausencias, dar diferentes respuestas organizativas o incluso dar respuesta adecuada a las necesidades de aprendizaje de los alumnos con necesidades específicas y de necesidades educativas especiales, ya que los recursos del centro en su conjunto serán agotados implementando los protocolos para contener las conductas derivadas de estos trastornos, como de hecho ya está ocurriendo en la actualidad. Las necesidades terapéuticas de estos alumnos deben tratarse prioritariamente desde el ámbito sanitario, no desde los centros educativos.

    Es precisa una clara apuesta de los poderes públicos para atender las necesidades terapéuticas de este alumnado desde el ámbito de la salud mental infantojuvenil. Potenciando la sistematización e intensidad de la terapia ambulatoria desde los centros de salud mental y estableciendo una red más amplia de centros educativos terapéuticos.

    Es precisa una clara apuesta de los poderes públicos para atender las necesidades terapéuticas de este alumnado desde el ámbito de la salud mental infantojuvenil

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