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‘Necesitamos que acaben estos contratos y convenios precarios, y sobre todo necesitamos el apoyo de todos los usuarios’

Marta M.G. Enfermera en planta pediátrica de enfermedades infecciosas

Eneko de Las Heras. Sanidad Pública

Tengo 30 años. En el ámbito laboral, mi generación ha estado marcada por una palabra: precariedad.

Se esperaba todo de nosotras, las jóvenes más preparadas, con más estudios y mejores oportunidades. En mi caso, diplomada universitaria en Enfermería. Mi primer contrato fue una suplencia de verano en un hospital público en el año 2010, en plena crisis económica. Tras esos dos meses, me fue imposible trabajar en hospitales públicos o privados.

En aquel momento las opciones de empleo se limitaban a residencias privadas o concertadas, y decidí optar por la segunda. Sueldo de escasos 1.000 euros, se trabajaba siete días y se libraba uno. La ratio de trabajadores por pacientes era (y es) vergonzosa, ya que tenía a mi cargo dos plantas de 30 habitaciones dobles con residentes “semi-dependientes”. No pude aguantar más de seis meses por el miedo a poder cometer algún error que repercutiera en la salud de mis pacientes.

Encontré una tercera opción: encadenar diferentes contratos de un día, dos y en el mejor de los casos de hasta cinco días en Atención Primaria. En resumen, tengo más de 120 contratos de menos de seis días, y de ellos al menos 70 contratos de uno o dos días de duración. El Servicio Madrileño de Salud decidió realizar contratos de lunes a viernes. Así se ahorraban pagarnos los festivos. En los hospitales también se implantó este mismo tipo de contratos.

Al enlazar contratos no teníamos vacaciones ni días de descanso pagados justamente. Sin olvidarme de las horas pendientes de ser retribuidas o disfrutadas (más de 150).

Me sorprenden las declaraciones de nuestro recién estrenado consejero de Sanidad. Los sanitarios no nos vamos de Madrid (ni de España) por decisión “personal” o como decía nuestra anterior ministra de Empleo “por una movilidad exterior”. Nos vamos por esta precariedad. Muchos tenemos la sensación de que nos usan y luego nos despiden. Durante esta pandemia se han hecho contratos de 15 días; si tenías la mala fortuna de enfermar durante ese periodo, sabías que no se te iba a renovar el contrato. “Todo el que ha querido seguir ha seguido”, continuaba leyendo en sus declaraciones. No, señor consejero, todos no.

Y los que han seguido, eso sí hasta el 31 de diciembre, ha sido con un contrato basura de refuerzo, cubriendo varios centros de la Comunidad de Madrid. Es el caso de los especialistas de Medicina Familiar en Atención Primaria.

Los médicos han tenido que sufrir lo que llevamos tiempo sufriendo mi colectivo. Un cirujano ha tenido que realizar las exploraciones que normalmente realizaba un neumólogo. Los médicos residentes han tenido que responsabilizarse de pacientes sin una formación y experiencia suficientes ni con una adecuada supervisión. El peso de las Urgencias recae en ellos con un servicio colapsado seis meses al año por la gripe.

La crisis de la COVID evidencia, todavía más, el problema de la falta de especialización. No importa que jamás hayas trabajado ni realizado prácticas en servicios tan especializados como Neonatología, UCI o quirófanos. El aumento de plantillas llamadas “de apoyo” (que cada día acuden a trabajar a una unidad de hospitalización diferente) repercute directamente en el cuidado de los pacientes. Las bajas nos son cubiertas hasta pasados 20 días, y con un mismo profesional cubren varias de estas bajas en distintas unidades.

Si no soportas la presión de realizar un trabajo diario diferente, con diferentes pacientes y sus diferentes cuidados, puedes renunciar a tu contrato. Sí, puedes, con la condición de penalizarte en la bolsa de empleo, no permitiéndote trabajar durante un año. En los servicios públicos de empleo sí se tiene derecho a rechazar una oferta hasta en tres ocasiones, pero en nuestro caso no.

Muchas veces me siento afortunada de no tener a nadie de mi familia que precise de mis cuidados. Hasta hace poco éramos privilegiadas: podíamos acceder a una reducción de jornada o a una excedencia sin represalias ni miedos, y las veces que lo necesitáramos. Somos un sector ampliamente femenino que sigue luchando por una igualdad real y que el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha decidido limitar tras esta crisis sanitaria. Acaba de aprobar una nueva resolución en la que limitan el disfrute a un único periodo de excedencia y con una duración mínima de un mes.

Ellos nos piden que os cuidemos, pero nosotras no podemos cuidar a nuestros familiares ni a nuestros hijos, nos vemos en serios problemas para conciliar nuestra vida familiar y profesional. Hemos tenido que aislarnos durante meses de nuestros seres queridos por miedo a contagiarlos.

Necesitamos que acaben estos contratos y convenios precarios. Y sobre todo necesitamos el apoyo de todos los usuarios para salvar esta sanidad herida tras tantos años de recortes y privatizaciones. Viva la sanidad 100% pública y universal. </Artículo>

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