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    Por una conciliación real, que sea respetuosa con bebé y con mamá y/o papá

    Solidaridad en Acción

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    Alma

    La conciliación familiar es la participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, mediante la reestructuración y reorganización de los sistemas laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de conseguir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales y cubrir las necesidades de atención y cuidado a personas dependientes.

    Desde hace años, empresas y Gobiernos nos venden grandes medidas de conciliación que deberían ayudarnos a disminuir esa diferencia que hay en los puestos de trabajos entre hombres y mujeres, que podría equiparar un poco el tiempo que dedicamos al cuidado y que ayudarían a las mujeres a estar más presentes en el mercado laboral y a los hombres en el ámbito doméstico.
    Sin embargo, las cifras no muestran eso, y las experiencias personales de las trabajadoras tampoco.

    El Instituto Nacional de Estadística (INE) hace cada año un resumen de los permisos no retribuidos (excedencias) pedidos para el cuidado de hijo/a menor. En 2020, en Madrid, las mujeres que pidieron una excedencia por este motivo fueron 7.696, frente a 817 hombres. Es una diferencia muy marcada que se repite todos los años, siendo 8 y 9 veces mayor el número de mujeres que se piden excedencias por cuidado de hijos e hijas que de hombres.

    Una de las tablas que pone de manifiesto estas diferencias es ésta, cuya fuente es el INE (TABLA 1).

    En resumen, las mujeres asumimos la crianza de los hijos e hijas de la pareja, dejando de trabajar.

    Aunque no lleguemos a dejar de trabajar por completo, sí que podemos percibir unos efectos en nuestro trabajo. Es curioso que (como se muestra en la siguiente tabla, también del INE del año 2019) el único efecto en el que el porcentaje de hombres es mayor sea en el de “hacer cambio para ganar más dinero”, siendo el resto de efectos sufridos en mayor porcentaje por las mujeres (TABLA 2).

    Es decir, que los hombres cambian para “traer más dinero a casa” tras el nacimiento del hijo o la hija, y las mujeres cambiamos para poder cuidar más. Todo manteniendo la tradición.

    Si hablamos de cuidar a personas dependientes, las mujeres volvemos a tener un mayor porcentaje de abandono del trabajo o de reducción de horas de trabajo para cuidar de familiares dependientes. Estos datos provienen de la Encuesta de Población Activa (EPA) (TABLA 3).

    En Andalucía han hecho una tabla en el Servicio Andaluz de Salud (lo que se equipararía al SERMAS en Madrid) para valorar por qué nos cogemos permisos el personal sanitario, y lo que llama la atención una vez más es que el porcentaje de mujeres que pide permisos para cuidar siempre es mayor que el de hombres, con una diferencia abrumadora, mayor que en población general (TABLA 4).

    Puesto que el 80% del personal somos mujeres, ¿no tendría que haber medidas de conciliación implementadas para poder conciliar? Medidas reales, no las actuales.
    Habiendo un porcentaje tan alto de trabajadoras, deberían valorarse medidas para que puedan cuidar sin verse obligadas a dejar de trabajar y a depender económicamente de sus parejas o familias, con lo que ello conlleva para el sistema en sí.

    Pongamos como ejemplo mi situación, la de una enfermera de 35 años que acaba de ser madre.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda seis meses de lactancia materna exclusiva a demanda y hasta los dos años de lactancia materna como alimento principal, siendo el resto (purés de frutas, papillas, etcétera) alimentación complementaria. Es decir, tengo que estar a disposición de mi bebé durante dos años para alimentarla las 24 horas.

    ¿Cómo se garantiza esto si tengo menos de cuatro meses de baja maternal? Sí, luego tengo horas de lactancia. Puedo alargar mi baja 15 días más o salir una hora antes del trabajo.
    ¿Cómo facilita esto que yo le dé el pecho a mi criatura cada vez que quiera comer? A demanda, según la OMS.

    ¿Y si fuera médica? ¿Qué hago durante una guardia de 24 horas? ¿De qué se alimenta mi hija?

    Su padre trabaja, ¿qué hago con ella mientras trabajamos los dos? ¿Guardería privada? ¿A los cuatro meses? ¿Es lo mejor para el bebé o es que no hay otra opción?

    ‘Nos venden que se está luchando por la conciliación familiar, pero la última medida ejecutada es poner más guarderías desde los 0 a los 6 meses’

    Tenemos un sistema que, a través de la presión social, te ahoga hasta que eres madre, porque si no lo eres “te vas a arrepentir”. Pero una vez lo eres, has de volver a producir como una buena esclava en la maquinaria capitalista, cuando biológicamente no estás preparada para dejar a tu criatura lejos de ti.
    Tenemos unas recomendaciones internacionales y sanitarias para esa descendencia, pero no garantizamos con leyes que éstas se cumplan sin ser injustas y sin crear desigualdad entre sexos, siendo siempre la mujer la empobrecida y la que sufre consecuencias.

    Como enfermera, en maternidad, recomendaré a una madre dar el pecho hasta los seis meses, pero yo misma no podré hacerlo.

    Nos venden que se está luchando por la conciliación familiar, pero la última medida ejecutada es poner más guarderías desde los 0 a los 6 meses.

    Las madres y padres rechazamos tener que elegir entre dejar a nuestros hijos e hijas en una guardería o dejar de trabajar. Queremos permisos retribuidos coherentes con las recomendaciones sanitarias o puestos adaptados para poder maternar y paternar.

    La conciliación familiar es como el feminismo en este momento de la historia: la gente lo usa como bandera para ponerse medallitas, pero no lo practican.

    Mientras tanto, las mujeres seguimos pidiendo tiempo en el que no trabajamos, ni cotizamos, ni crecemos profesionalmente, ni somos independientes económicamente para poder cuidar a nuestras hijas, madres, tíos… Seguimos siendo más vulnerables, más pobres, más dependientes… y seguimos siendo “las que cuidan”, las que trabajan en algo que no se reconoce como empleo, aunque sea la base de la sociedad capitalista, el trabajo invisible que cada mujer realiza en casa, cuidando.

    La clase política se pone medallitas por aumentar diez días la baja maternal. O critican a una diputada que da el pecho a su hijo en una reunión, riéndose así de las pocas mujeres que ocupan puestos donde la opción de llevar el bebé al trabajo puede ser real y debatida.

    Por eso, este 8M volveremos a las calles a reivindicar, entre otras cosas, una conciliación real, que sea respetuosa con bebé y con mamá y/o papá.

    Tablas 1-2 tabla 3 Tabla 4

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