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Somos un colectivo transfronterizo de mujeres empleadas de hogar y cuidados; estamos en lucha por el reconocimiento de nuestros derechos como trabajadoras, mujeres migrantes, y también por la reorganización social de los cuidados. Reivindicamos el reconocimiento de los derechos en el empleo de hogar y la valoración de los trabajos de cuidados, en un sistema que nos devalúa, nos invisibiliza y nos precariza, pese a que se nos ha reconocido como esenciales para el sostenimiento de la vida.

Acompañamos a mujeres en la organización, empoderamiento y formación en cuanto a derechos laborales, y principalmente acuerpamos a compañeras ante situaciones de desprotección laboral y a las que carecen de los permisos legales necesarios, que son quienes sufren mayores abusos por encontrarse en situación de mayor vulnerabilidad.

 

Fuente: Territorio Doméstico

Realizamos diversas acciones con el fin de reivindicar y visibilizar los trabajos de cuidados para exigir a las Administraciones una política pública de cuidados y la defensa de los derechos de las trabajadoras de hogar, porque cuando llegamos a este país estamos condenadas a vivir en la invisibilidad tres años. Tenemos una Ley de Extranjería abominable que, aunque jurídicamente regula faltas administrativas y no delitos, criminaliza el hecho mismo de migrar y condena a las personas que vienen de otros territorios a vivir tres años en la clandestinidad, sin opción a papeles o a un contrato, nutriendo la economía informal que luego cínicamente los Gobiernos condenan. Por ello reivindicamos la Regularización ¡YA! de todas las personas migrantes que estamos en este país.

Entre otras, nuestras reivindicaciones son:

 

  • Integración al régimen general de la Seguridad Social.
  • Aprobación de la prestación por desempleo.
  • Abolición de la figura del desestimiento.
  • Plan de regulación de las trabajadoras de hogar y cuidados que tengan una situación administrativa irregular.
  • Ley de dependencia que otorgue derechos y recursos suficientes.
  • Ratificación del Convenio 189 de la OIT.

Nos organizamos colectivamente para sostenernos, para encontrarnos con otras mujeres, para romper con el aislamiento que provoca el hecho de que nuestro trabajo lo hacemos solas en las casas en las que trabajamos, y el proceso migratorio genera mucha soledad; por eso nos juntamos para sentir que no estamos solas, que somos muchas en la misma situación.

También nos organizamos para cuidarnos, para resistir juntas. Resistir no de una forma pasiva, sino para darnos fuerza, acuerparnos, vincularnos y querernos, reivindicando la alegría como herramienta de lucha, de transformación social y personal. Porque lo personal es político y porque si no podemos bailar y cantar cuando nos da la gana, ésta nos es nuestra revolución.

Nuestra forma de hacer política comienza desde nuestros saberes y experiencias compartidas, y está basada en sacar a la luz nuevas estrategias y herramientas de luchas como la música, el baile, poner nuestros cuerpos por delante, sacar nuestra rebeldía y libertad creativa, porque creemos que con nuestras canciones (CD Porque sin nosotras no se mueve el mundo), las pasarelas, los flashmob, la radionovela (Querían brazos y llegamos personas), el recientemente presentado documental (Politizar, las ollas, las calles y los delantales), llevamos nuestro discurso, nuestras luchas, a las calles y movilizamos a la gente desde un lugar lúdico, festivo y siempre reivindicativo. En estos 14 años hemos comprobado que esta forma de hacer funciona muy bien para remover conciencias y para llegar a más gente con nuestras reivindicaciones.

Luchamos para todas, por el derecho a tener vidas dignas, porque nuestras luchas están entrelazadas como lo están los ejes de discriminación (género, raza, clase, diversidad sexual y diversidad funcional, edad…) y porque este sistema patriarcal, racista y capitalista nos niega derechos básicos a todas como el empleo en condiciones dignas y las prestaciones sociales asociadas o no al empleo, la vivienda, el derecho a migrar, el derecho a una vida sin violencias, a unos servicios públicos universales y de calidad.

Nuestras luchas se nutren de las visiones de la economía feminista, de las redes de complicidad y alianza que hemos tejido con otros colectivos feministas; nuestras luchas están entrelazadas con colectivos migrantes de lucha contra las fronteras, colectivos de defensa del derecho a la vivienda, otros grupos y movimientos sociales.

Una de nuestras consignas es “Porque sin nosotras no se mueve el mundo”. No nos referimos solo a nosotras las trabajadoras de hogar, que también, sino a todas las mujeres. Queremos mover un mundo donde las lógicas patriarcal, capitalista y racista no impongan quiénes tienen derecho y quienes no a ser cuidadas; tenemos derecho a tener vidas que merezcan la alegría de ser vividas.

En este tiempo nos hemos atrevido a pensar en el biosindicalismo feminista. Creemos que otra forma de sindicalismo es posible. Somos conscientes de que es un concepto provocador que nos inspira, porque tiene que ver con poner la vida y los cuidados en el centro, con luchar por los derechos de todas, va más allá del sindicalismo tradicional centrado fundamentalmente en las relaciones laborales. Pensamos en un sindicalismo orientado a la vida porque “queremos todo para todas”.

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