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Para las mujeres psiquiatrizadas, nuestro mayor problema es el silencio, el temor a hablar de la tortura y la violencia que se sufre en el sistema psiquiátrico, el que nos aten a la cama, el que nos ingresen involuntariamente privándonos no solo de libertad sino también de derechos, el que nos mediquen a la fuerza. Que esto suceda en un estado de derecho y que absolutamente nadie hable de ello, o que si se habla se justifique en nombre de una enfermedad que no ha sido ratificada por pruebas científicas, es prueba más que suficiente de la opresión que el sistema racista capitalista y patriarcal ejerce en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, pero en especial en el de la salud mental.

Fátima Masoud: activista del colectivo Orgullo Loco Madrid

Nosotras, desde nuestro colectivo Orgullo Loco Madrid, hemos decido romper con ese silencio, visibilizar la vulneración de nuestros derechos, reivindicar el término de un modelo biomédico que tan solo beneficia a las farmacéuticas, denunciar los abusos sexuales dentro de los ingresos porque no se nos cree a causa de nuestros diagnósticos, rechazar la aplicación de electroshock prioritariamente en mujeres, evitar la excesiva medicalización sobre todo en las mujeres, exigir un sistema de salud mental que cubra a las mujeres en vez de violentarnos, porque no es lo mismo ser loca que loco.

  • ¿Somos las mujeres más vulnerables a sufrir problemas de salud mental en un sistema racista capitalista y patriarcal?
  • ¿Nos volvemos locas por tanta desigualdad?
  • ¿Hay una relación entre el patriarcado y la psiquiatrización?
  • ¿El sistema patriarcal ha utilizado la psiquiatría como medio de control?

Deberíamos ir planteándonos estas preguntas, que pertenecen tanto al ámbito de la salud mental como al del feminismo, ya que están íntimamente relacionadas.

‘Se dan continuamente abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes’

Según la Encuesta Nacional de Salud de 2019:

  • Una de cada cuatro mujeres tiene riesgo de padecer algún problema de salud mental. Esto es un 25% de las mujeres frente al 14% de los hombres.
  • De las personas que consumen psicofármacos, el 85% son mujeres frente a un 15% de los hombres, según datos de la Unión Europea.
  • Hay diferencias por cuestión de género que radican en la abrumadora administración de psicofármacos y en la psiquiatrización de cualquier problema psicológico o biológico que presenta una mujer.
  • Así, en la Atención Primaria, numerosos estudios muestran cómo ante los mismos síntomas físicos se prescribe a las mujeres más tratamientos ansiolíticos y antidepresivos, y a los hombres, en cambio, se les realizan más pruebas físicas.
  • Se patologizan nuestras emociones, convirtiendo nuestra alegría en manía, nuestra ira en psicosis, nuestra tristeza en depresión y nuestro miedo en paranoia.
  • La violencia añadida que sufrimos las mujeres psiquiatrizadas se plasma en los siguientes datos:
  • El 84% de las personas psiquiatrizadas se encuentran en situación de desempleo, la mayoría son mujeres.
  • Tres de cada cuatro mujeres psiquiatrizadas han sufrido violencia en el ámbito familiar y/o en la pareja alguna vez en su vida.
  • Alrededor del 80% de las mujeres psiquiatrizadas ha sufrido violencia por parte de su pareja.
  • El riesgo que tiene una mujer psiquiatrizada de sufrir violencia en la pareja se multiplica entre dos y cuatro veces sobre el de las mujeres en general.
  • Más de la mitad de las mujeres psiquiatrizadas que han estado en pareja han sufrido violencia física.
  • Algo más del 40% han sufrido violencia sexual.
  • Mas del 40% que está sufriendo violencia en la pareja no lo identifican como tal. Esto se debe a que están leslegitimadas por sus diagnósticos: ellas están locas, ellos no son violentos.

Por otra parte, se dan continuamente abusos sexuales dentro del sistema de salud mental, que quedan impunes por la falta de legitimidad que se aplica a los testimonios de las mujeres psiquiatrizadas.

Silvia Federici explica cómo en EEUU se realizaron lobotomías masivas a las mujeres cuando estaban deprimidas o no cumplían con los trabajos domésticos. La lobotomía era ideal para que las mujeres cumpliesen con las obligaciones “propias de su sexo”. Hoy en día en vez de lobotomías se recetan antidepresivos y benzodiacepinas para cargar con la doble jornada, laboral, del trabajo domestico y de los cuidados.

En muchas ocasiones se identifican como trastorno psiquiátrico los síntomas producidos por situaciones de violencia de género, lo que para muchas mujeres provoca un doble sufrimiento y una revictimización.

Desde Orgullo Loco Madrid hemos comprendido que es necesario politizar nuestro malestar, para ello es necesario ante todo entender que las causas de nuestro sufrimiento psíquico no son individuales, sino colectivas.

Es entender que cuando a una persona la desahucian no está viviendo una depresión por una fracaso individual, sino que tiene un problema de desigualdad económica y social, que es un problema colectivo.

Cuidar a las personas con sufrimiento psíquico y ser cuidados se convierte en un reto anticapitalista.

Desde nuestro colectivo hemos conseguido empezar a visibilizar y a darle valor político a la lucha de las personas psiquiatrizadas y a la lucha por el derecho a la salud mental de todas las personas.

Y ya que es un hecho que las mujeres psiquiatrizadas sufrimos una doble opresión por ser mujeres y locas y por todas estas razones, desde Orgullo Loco Madrid reivindicamos el cumplimiento de los derechos humanos, los derechos fundamentales de la Unión Europea y los derechos constitucionales del Estado español que se vulneran en la práctica psiquiátrica: los ingresos involuntarios, las contenciones mecánicas, la medicación forzosa, los aislamientos y la sobremedicación.

Reivindicamos el fin de un modelo biomédico que presupone daños orgánicos (físicos) sin pruebas científicas, que beneficia sobre todo a la industria farmacéutica y que condena a las personas a la cronificación, además de provocarles efectos secundarios.

Reivindicamos que la salud mental sea una prioridad política, porque las consecuencias de las condiciones materiales, producto de un sistema capitalista, se patologizan, y así se medica el estrés laboral en vez de mejorar las condiciones de trabajo. A este respecto es necesario reforzar la idea (Informe Relator Especial de la ONU de 2017) de que “Las crisis de salud mental no deberían gestionarse como crisis de los trastornos individuales, sino cómo crisis de los obstáculos sociales que impiden el ejercicio de los derechos individuales. Las políticas de salud mental deberían abordar los ‘desequilibrios de poder’ en lugar de los ‘desequilibrios químicos’”.

Reivindicamos la recuperación de la legitimidad de la que somos privadas las personas psiquiatrizadas por lo que el propio diagnóstico implica: el derecho a decidir el propio tratamiento, aceptar o rechazar la medicación, el ingreso involuntario o incluso el ser tutelado.

Reivindicamos que se apruebe una Ley de Salud Mental, como la presentada por Unidas Podemos, como necesaria para la constitución de un marco legal que garantice el cumplimiento de los derechos de las personas con problemas de salud mental. Esperamos que el Gobierno de coalición sea la gran oportunidad de llevarla a cabo.

Nuestro colectivo celebra el Día del Orgullo Loco desde hace dos años. Este año lo celebramos de forma virtual debido a la pandemia; el año que viene esperamos poder hacer una manifestación para reivindicar nuestros derechos y en especial el derecho de toda persona a la salud mental, que pasa por garantizar las condiciones materiales de todas las personas y combatir todas las opresiones que causan problemas de salud mental como la homofobia, la transfobia, el machismo, el capacitismo y el racismo.

Está claro, por tanto, que la lucha por la salud mental debe ser uno de los frentes indispensables en la lucha feminista porque es clave en la lucha contra el racismo, el capitalismo y el patriarcado.

No olvidemos que si tenemos problemas de ansiedad por motivos laborales el médico nos dará ansiolíticos, en vez de alentarnos a ir a un sindicato para mejorar las condiciones de trabajo de forma colectiva.

Si nuestro hijo no aguanta ocho horas en un aula le diagnosticaran déficit de atención y le administrarán anfetaminas.

Si estamos agotadas por intentar conseguir el mito de la conciliación lo máximo a lo que podremos aspirar será a una baja por depresión con su inevitable toma de antidepresivos y ansiolíticos.

Necesitamos cambiar el sistema, y no que nos mediquen para soportarlo.

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