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Mujeres migrantes tejiendo redes

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Red Solidaria de Acogida Madrid

Las migraciones forman parte de la historia del ser humano. Desde los primeros pasos de la humanidad hasta hoy en día, la migración es un aspecto fundamental de nuestro desarrollo. Somos porque nos movimos. Sin embargo, se ha focalizado la migración tomando como referencia exclusivamente el hombre como sujeto migrante. De esta manera se han invisibilizado las mujeres que siempre han participado en la migración.

Los procesos migratorios de las mujeres variaban dependiendo de las redes de origen, de las condiciones en los lugares de origen, de las condiciones administrativas y laborales en el país de destino y de otros múltiples elementos.

Por otro lado, en los últimos veinte años estamos asistiendo a un importante proceso de feminización de las migraciones internacionales que ha ido tomando cada vez más relevancia política y social, llamando la atención sobre el creciente aumento de la participación de las mujeres en la migración.

Según los datos más recientes de la Organización Internacional de las Migraciones, de los 280,6 millones de migrantes, la mitad son mujeres.

Los factores que impulsan la migración de las más de 140 millones de mujeres en el mundo son complejos y diversos. Algunas deciden residir en un país distinto al de origen por motivos de carácter laboral, por estudiar, hacer nuevas experiencias, aprender un idioma; otras se ven obligadas a huir de sus hogares por pobreza, conflictos armados, por motivos ambientales, por persecución por sus ideas políticas (muchas de ellas, feministas), por agresiones y violencia sexual, por matrimonios forzados…

Una de las dificultades principales que se encuentran las mujeres migrantes (y los hombres) es la acogida en el país de destino y todos los obstáculos que esto conlleva. Dificultades de comprensión lingüística, de reconocer y manejar nuevos códigos culturales, simbólicos, sociales y administrativos que a menudo representan fronteras difíciles de atravesar y que pueden representar riesgos serios para la vida misma. La dificultad de tener una situación administrativa regular las excluye del derecho a una atención medica de calidad, las expone al riesgo de ser encerradas en los vergonzosos Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y, en el peor de los casos, de ser deportadas.

Muchas se encuentran en redes de trata bajo la esclavitud de la prostitución.

Y éstos son solo unos mínimos ejemplos de las fronteras que deshumanizan, alimentadas por el sistema patriarcal.

Para hacer frente a estas dificultades, muchas mujeres han ido tejiendo redes de apoyo y de resistencia, unidas bajo el paraguas morado del feminismo.

Son muchos los ejemplos que aquí en Madrid se podrían ofrecer.

Las Dragonas de Lavapiés, un equipo de fútbol femenino y multicultural, es uno de ellos. Surgió hace tres años, cuando las madres de los niños que entrenaban en el equipo masculino de los Dragones decidieron formar su propio equipo. Desde entonces han sabido crear vínculos que van más allá del deporte, consolidando una red de apoyo mutuo que se ha demostrado esencial durante los difíciles meses de la pandemia. Nos cuentan que la dificultad mayor no ha sido la convivencia entre los diferentes orígenes de sus integrantes, que fluye de manera espontánea, sino el encontrar un espacio dónde las chicas pudieran entrenar a gusto y en seguridad en un ambiente deportivo fuertemente masculinizado.

Fuera de su local está pintada una frase de Rosa Luxemburgo: “Humanamente diferentes, socialmente iguales, totalmente libres”. Guiadas por esta idea, han realizado un proyecto inspirador y muy concreto, que se podría replicar en muchos otros barrios madrileños, y que de momento ha dado pie a equipos parecidos en Senegal y Ecuador.

Otro grupo más veterano (se formó en 2006) es Territorio Doméstico. Ellas mismas se definen como “un colectivo feminista y mestizo”, donde caben muchas nacionalidades. Pero también es “un espacio de encuentro, relación, cuidado y lucha de mujeres, la mayoría migrantes, por nuestros derechos”, a partir de los derechos laborales como trabajadoras del hogar. Reivindican el reconocimiento de su papel esencial como responsables de los cuidados en un sistema que las necesita pero a la vez las invisibiliza y precariza; y lo hacen a través de herramientas artísticas como la composición de canciones o los desfiles callejeros.

Y ésto solo es una muestra de lo que se está desarrollando en Madrid. Mujeres distintas, de procedencias muy diferentes, que se organizan en redes con objetivos comunes: desafiar las fronteras, empoderarse y recuperar la dignidad.

bienvenidarefugiadxs@gmail.com

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