fbpx

El pasado 16 de febrero nos reunimos ante el Congreso con esta mujer para conocer su visión sobre el feminismo y las movilizaciones que se han sucedido y están dándose, sobre todo desde el éxito de la huelga feminista del 8 de marzo de 2018. Lo primero que le preguntamos fue su opinión sobre los actos institucionales conmemorativos ante el 8M. “Menos publicidad y más trabajo diario para cambiar y lograr la equiparación laboral. No es lógico ni justo que un compañero que no limpia baños cobre hasta 150€ más que una Kelly”, nos respondió.

 

Heithor Beira y Elisa González para Madrid en Acción

También nos señalaba lo contradictorio de determinadas actividades conmemorativas, pues en su hotel ese día “el personal sale a la puerta, y el más machista del comité de empresa, de un sindicato mayoritario, se pone peluca morada y es el más feminista a pesar de sus comentarios racistas contra compañeras extranjeras”.

 

En ese sentido, más allá de tales gestos no ve en su sector grandes avances, y desde que trabaja ahí hace ya más de 30 años, “en lugar de evolución he experimentado una involución”, pues ella y sus compañeras en la limpieza de hoteles han pasado de ser contratadas de manera directa por los hoteles a ser subcontratadas a través de empresas de servicios des- de que entró en vigor una reforma laboral, allá por el 84.

 

Antes de entrar en cuestiones co- lectivas, pedimos a Mar Jiménez que nos defina lo que es para ella el feminismo de manera personal y fuera de su portavocía  en las Kellys, aunque en la misma respuesta dejaba claro lo imposible de tal disociación: “Como mujer y trabajadora, feminismo es conseguir que se trate por igual dentro de un hotel a la recepcionista, la que limpia salones y la que limpia habitaciones. Que no haya esos escalones en hostelería en los que las últimas sean ellas, y siempre son mujeres quienes ocupan esos puestos”. También cuando se trata del mismo puesto en el que un hombre cobra más haciendo el mismo trabajo que una mujer, como pudo comprobar ella misma en una ocasión.

 

Hay que recordar que en su trabajo “lo normal es que sus compañera sean contratadas por 4 o 6 horas diarias para hacer 20 y 28 habitaciones, y la realidad es que tienen que hacer 8 o 10 horas para poder limpiar todas las habitaciones asignadas, y si no lo consiguen son despedidas.”

Pasando de la dura realidad a momentos más esperanzadores, le preguntamos por su implicación y de las Kellys en las movilizaciones feministas y su evolución, los hitos y áreas a mejorar de ese movimiento. Nos responde una amplia sonrisa, la misma alegría que mantuvo durante toda la entrevista, diciendo que uno de sus mejores momentos fue en el 2018, pues en aquella huelga feminista “pasaron las mujeres de ser unas locas a hacer jaleo a ser un millón de mujeres”, y además al año siguiente leería el manifiesto, momento de mayor orgullo y empoderamiento. “La primera vez que dos hermanas leían a la vez un manifiesto”. Ella en Madrid, y su hermana, enfermera de UCI, en Granada.

Y es que las Kellys participan activamente en el movimiento feminista, sobre todo desde el 2019, momento de gran unidad que ahora parece se está perdiendo a su juicio por posturas encontradas como la abolición de la prostitución o la Ley Trans, posicionamientos que no comparte, pero considera imprescindible que “el feminismo ha de estar unido, ya que esa desunión solo beneficia a los de siempre.”

Aparte de las diferencias que pue- da haber dentro de tan amplio movimiento, reconoce el avance realiza- do desde el 8 de marzo de 2018. Pues participan activamente las trabaja- doras precarias y racializadas en las asambleas preparatorias de la movilización, que nutren el sindicalismo que viene en el que se insertan las Kellys, junto a jornaleras de Huelva, las limpiadoras del Hospital Gregorio Marañón, prostitutas, informáticas, becarias de universidades, trabajado- ras del Servicio de Ayuda a Domicilio y de limpieza de casas, las espartanas, maestras, las jubiladas, etcétera.

Por último, le preguntamos sobre sus referentes feministas, y aparte de su madre, también nos habla con orgullo de sus “compañeras las Kellys, quienes se tuvieron que hacer ellas mismas sus propias mascarillas durante la primera ola y encima no están consideradas como trabajadores de riesgo. Además de eso, al ser despedidas de sus respectivos hoteles, sé reciclaron y continuaron trabajando en casas o en hospitales, haciendo comidas para residencias de ancianos o en despensas solidarias”.

Pin It on Pinterest