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Manifiesto

La violencia contra la mujer es el virus más resistente de nuestra sociedad, que a pesar de la aplicación de medidas no disminuye su prevalencia ni su incidencia. Los campos de personas refugiadas no son una excepción a este fenómeno, viéndose aumentada esta violencia dada su especial vulnerabilidad por estar expuestas a una extrema situación de desamparo, pobreza y hacinamiento.

Fuente #8M2020

Hoy tenemos que gritar también por ellas, por las que fueron expulsadas por la guerra, repudiadas por ser mujeres y agredidas una y mil veces.

Las insalubres condiciones, las largas colas para acceder a la comida, aseo, W.C., la falta de espacios de intimidad y de seguridad en el interior del campo, les exponen de forma continuada a agresiones de distinta índole, infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados, problemas durante la gestación, pobreza menstrual, etc. Dada la situación de estancamiento en la que se ve la isla, los servicios sociosanitarios públicos no son capaces de cubrir las necesidades mínimas de estas mujeres, incumpliendo así las recomendaciones de la OMS para “zonas de bajos recursos” (a pesar de estar en suelo de la UE). A todos estos factores se suman los riesgos del propio proceso migratorio (violaciones durante el viaje, prostitución, mutilaciones, etc.) y factores culturales fuertemente arraigados.

Cinco años de negligencia política por parte de la Unión Europea han provocado el hacinamiento y congestión de 42.000 solicitantes de asilo en un espacio con capacidad para poco más de 6000 personas, generando de forma progresiva crispaciones entre la población local y las personas migrantes. Se estima que en torno al 85% de las mujeres que se encuentran en los campos lo hacen con sus familias y, según las escasas investigaciones, el 70% no se siente nunca a salvo dentro del campo y el 90% refiere haber tenido algún problema de salud, habiendo recibido tratamiento solo el 30%.

Los recientes acontecimientos tras la apertura de la frontera turca han desencadenado en las islas griegas una situación crítica, inhumana e insostenible que están sufriendo las personas solicitantes de asilo, así como también las asociaciones voluntarias y medios periodísticos, ante la pasividad y colaboración de las fuerzas de seguridad griegas. Esto una vez más expone peligrosamente a las mujeres, que continúan en su condición de colectivo vulnerable y además se encuentran sin el apoyo legal y sanitario de las asociaciones y ONGs, a las que actualmente les resulta imposible realizar su trabajo a tras las acciones violentas de grupos fascistas organizados.

Hoy, 8 de Marzo es importante hacer un llamamiento a la interseccionalidad y manifestarnos también por todas esas supervivientes a las que la Unión Europea está dando la espalda, cerrando los ojos ante la violencia, las violaciones, la trata y la miseria. Hoy tenemos que gritar también por ellas, por las que fueron expulsadas por la guerra, repudiadas por ser mujeres y agredidas una y mil veces. Que nuestra voz sea también la suya. Reivindiquemos sus derechos, exijamos a la UE que tome la responsabilidad que le corresponde, que establezca medidas de descongestión urgente de las islas y de acogida digna. Exigimos a la UE que respete y defienda los derechos de las mujeres.

Comunicado en PDF para descargar:

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