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Nos encontramos en una situación de enorme gravedad. En medio de la peor pandemia desde hace 100 años, miles de familias están siendo víctimas de una brutal ola de desahucios. Mientras la ciudadanía trata de ser responsable, los juzgados se dedican a vulnerar sus derechos humanos de forma sistemática.

#AbalosDesahucia Fuente: PAH

El máximo responsable de esta vulneración de derechos fundamentales es el Gobierno del Estado, puesto que es quien tiene la competencia y quien puede parar los desahucios inmediatamente mediante decreto. Cuando el ministro Ábalos asegura en sede parlamentaria que ya ha prohibido los desahucios miente: solo en la ciudad de Barcelona, entre el 14 de septiembre y el 23 de octubre, los jueces ordenaron 443 desahucios que afectaban a 1.211 personas: 748 adultos y 463 menores. En Madrid y en otras ciudades las cifras son igual de escandalosas. Es intolerable que se les exija a las familias más empobrecidas que se confinen por la noche para enfrentarse por la mañana a un desalojo traumático e inhumano.

Si la situación ya era crítica y los alquileres abusivos asfixiaban a miles de familias, la pandemia y su gestión la han llevado hasta límites insostenibles: mientras los ingresos de la gente normal y corriente desaparecen, las inmobiliarias siguen especulando con el precio de la vivienda. Nos enfrentamos a una crisis social que no deja de crecer y a una ola de desahucios tan grave como la de 2008.

Por todo esto, los sindicatos de inquilinas, las PAH y los colectivos en defensa del derecho a la vivienda exigimos al Gobierno del Estado la paralización inmediata de todos los desalojos, como mínimo hasta el fin de la emergencia sanitaria.

Volvemos a reiterar al ministro José Luis Ábalos, así como al presidente Pedro Sánchez y al vicepresidente Pablo Iglesias que amplíen la moratoria de desahucios para que ninguna persona en situación de precariedad se quede sin hogar en este contexto de pandemia. De lo contrario, ellos, y solo ellos, serán responsables no solo de la muerte social de miles de familias, sino de un estallido social que se anuncia más inevitable cada día que pasa.

 

NI UN DESAHUCIO MÁS

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