Inicio Colectivos sociales La nueva normalidad por venir: Nueva libertad y Nueva democracia.

La nueva normalidad por venir: Nueva libertad y Nueva democracia.

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La toma de conciencia empezó con el confinamiento forzado de la población debidamente legalizado por la declaración del estado de alarma. La acción política de los últimos años había accionado diversos artículos de la constitución para legitimar la “excepcionalidad” de acción o reacción.  Pero todavía quedaban preceptos en la reserva para mejor ocasión. Esa ocasión para suspender “temporalmente” la mayor parte de nuestros derechos llegó para prevenir el riesgo de contagio de un “virus”. Un virus del que se proclama “origen desconocido” de manera que cualquier medida gubernamental tiene fundamento.

De Solfónica para Madrid en Acción

Si analizamos el proceso constatamos lo siguiente: Desde la primera semana tuvo lugar en todos los medios de comunicación la exposición permanente y monotemática del trasiego de personas empujadas a las urgencias hospitalarias por síntomas gripales haciendo visible así la posibilidad de colapso del sistema con la que se materializó el contagio masivo del “miedo” y el sometimiento incondicional a la permanencia en los domicilios.  Luego se continuó con un recuento de infectados, hospitalizados, fallecidos y curados que no hizo sino dar argumentos a la necesidad de las medidas.

 

En la tercera semana y en la segunda prórroga del estado de alarma se había conseguido convencer de que aquel colapso estaba a punto de producirse y se atendían ya telefónicamente a las personas con síntomas gripales recomendándoles la permanencia en casa cuidándose con paracetamol y reposo. En la tercera prórroga, una vez que sabemos que las víctimas de la acción del “virus” han sido las personas mayores con una frágil salud, las internadas en residencias, muchos enfermos crónicos y otros con bajas defensas, se pasó descaradamente a hablar en el discurso del presidente del gobierno de una “nueva normalidad” para el “después”. En ese camino van algunas de las Ordenes Ministeriales acordadas para supuestamente controlar los efectos de la “pandemia” controlando nuestros movimientos. Poco queda para “obligarnos” a todos a instalar sistemas tecnológicos en las casas y en nuestros cuerpos que lo permitan en la etapa de “nueva normalidad”.

 

  

Seguramente no será un gran sacrificio para la mayoría porque la fase de entrenamiento gratuito en la exposición de nuestras vidas y pensamiento en las redes sociales ha tenido éxito. Se necesitaba un caldo de cultivo del miedo suficientemente impactante para que de la supuesta cesión voluntaria se pasara a la imposición de la “nueva normalidad” y ya se ha producido.

 

El desconocimiento por parte de la población del origen de ese “virus” y los mecanismos reales de su propagación impide que podamos analizar el fenómeno sin la perspectiva que solo proporcionará el paso de tiempo y los resultados del experimento social que sin duda está teniendo lugar. Si el “virus” y su expansión es de origen natural no tendríamos mucho que temer si los sistemas sanitarios corrigen los déficits que han demostrado tener en este momento. Si el “virus” hubiera sido sintetizado en laboratorio recreando cepas de virus pandémicos de otras épocas y expandido selectivamente, la presente Humanidad desaparecerá mientras se construye la “Nueva” dentro de la nueva normalidad.

 

   Nunca fueron buenos tiempos para la lírica a la que compadecía Bertolt Brecht y Solfónica lo ha ido comprobando en su propia evolución. Nació con un 90% de gente que era joven en mayo de 2011 y estaba de acuerdo en los diagnósticos sociales que respaldaban su común indignación. En la actualidad los fijos e incombustibles somos personas de la “tercera edad” que adaptamos letras a sones conocidos poniendo de manifiesto la permanencia de casi todas las razones que se compartían en el movimiento del 15M. En generaciones más jóvenes, hablamos por ejemplo de “Fanfarria feminista” con la que fue magnífico colaborar, ya no nos conocen. Ahora bien ha sido esperanzador coincidir y comprobar que aunque sea con otros ritmos muchos se alzan en la protesta como nosotros hacemos.

 

    Lo temible para la libertad que contra viento y marea no dejamos de ejercer, es que nuestras anteriores reflexiones no sean representación ficticia de una sociedad futura de características negativas, una distopía, sino un mundo real en el que seguramente calificados de disidentes, ninguno de nosotros tengamos cabida. Eso sucedería si se cumpliera lo que el informe del año 2013 titulado The Changing Images of Man (Las imágines cambiantes del hombre), del Instituto  de Investigación de Stanford para el estudio de Políticas Sociales  decía: “Los conceptos de democracia y libertad han desaparecido y han quedado sustituidos por una dictadura tecnológica basada en la vigilancia, el seguimiento, el adoctrinamiento a través de los medios de comunicación de masas, la opresión policial y la división radical de las clases sociales”. ¿Alguien da menos por más?.  Si acaso no es lo que parece nos veremos en todo caso obligados a reformular la utopía para empeñarnos en la realización de un proyecto propio fruto de propias ideas.  

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