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Las pensiones están de moda. Y las ha puesto de moda el tan traído y llevado Pacto de Toledo. Sospechamos, y nos tememos que no vamos desencaminados, que ha sido una maniobra de distracción para hacer sombra a otras decisiones gubernamentales “con más enjundia”. De otro modo no se entiende la urgencia de reanudar unas reuniones estancadas desde hace cuatro años (exceptuando un pequeño amago del pasado año). Seguimos cuestionándonos la ventaja o la utilidad que este pacto tiene para la ciudadanía, y concretamente para la ciudadanía pensionista (presente y futura), grupo social víctima perpetua de sus recomendaciones.

Comisión de Pensiones UPLA LA UNIÓN

Pensiones no contributivas, nunca por debajo del umbral de la pobreza, petición que hacemos extensiva al resto de los subsidios

Imagen: Thito

Ya prácticamente nadie duda de que dicha comisión nació para acabar con el sistema de pensiones y dar entrada a nuevos sistemas privados. La velocidad en que uno desaparezca y los otros se hagan con el control dependerá, más que de la tendencia del Gobierno correspondiente, de la resistencia que oponga el colectivo pensionista en las calles y frente a las Instituciones.

 

Y, por lo que nos consta, esto no va a parar, porque, como reza su slogan preferido: gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden.

Pero, ¿de qué pensiones hablamos? Aquí existe un cierto despiste, incluso entre los propios pensionistas. Como pensión solamente existe la contributiva, es decir, la prestación económica que se incluye dentro de las acciones protectoras que lleva a cabo la Administración como parte del Régimen General y de los Regímenes Especiales de la Seguridad Social.

Y como tales pensiones contributivas están:

  • — Por jubilación: para tener derecho a ella necesitas un periodo mínimo de cotización y haber llegado a la edad establecida. Estas dos condiciones han ido endureciéndose con cada nueva reforma (las lesivas del 2011 y 2013 son las que se está pidiendo que sean derogadas de manera inmediata)
  • — Por Incapacidad permanente: es aquella que se percibe cuando una persona ya no va a poder trabajar por causa de una enfermedad o accidente. Dependiendo de si la incapacidad es permanente, permanente total, absoluta o gran invalidez, esta pensión varía notablemente.
  • — Por fallecimiento: es la pensión que corresponde en caso de viudedad u orfandad.

Las pensiones no contributivas no son pensiones. No dejan de ser un subsidio más, de la misma manera que lo son todas las que actualmente están vigentes, dependientes de las CC AA, de los servicios sociales de los ayuntamientos, etcétera.

Las primeras, las contributivas, son el resultado de un derecho adquirido tras una vida laboral de mayor o menor duración, pero siempre se calculan en base a lo aportado por el trabajador.

Las segundas dependen de “la generosidad” de las entidades encargadas de legislar y administrar esas ayudas públicas.

Pues bien, nos vamos a centrar en estas últimas, para llamar la atención sobre sus míseras cuantías. Cuantías que no permiten, siquiera, cubrir las necesidades básicas de las personas “merecedoras” de las mismas. A las que acceden tras demostrar, fehacientemente, una situación económica paupérrima (aprovechamos para reiterar nuestra mayor repulsa a lo denigrantes que pueden resultar, unido a la situación de precariedad, los trámites por los que hay que pasar para obtener esa pensión de la que hablamos).Denunciamos una violencia institucional soterrada y constante en estos procesos.

De hecho, el Comité Europeo de Derechos Sociales ha reclamado a España que las rentas mínimas deben estar situadas por encima del umbral de pobreza. Reclamación a la que sigue sin responder.

Por lo tanto, ya sin irnos más allá y hablar de las recomendaciones de la Carta Social Europea, reclamamos que esas pensiones no contributivas tengan una cuantía mínima por encima del importe que corresponda al actual umbral de la pobreza, y según los últimos datos el umbral de pobreza en España en 2019 fue de 9.009 euros por persona. Es decir, ninguna pensión no contributiva ha de ser inferior a 750,75 euros mensuales. Cantidad que ha de ser respetada para todo tipo de ayuda, no solamente para las (mal llamadas) pensiones no contributivas.

Por lo tanto, centramos nuestra reivindicación en este punto y en este importe: pensiones no contributivas, nunca por debajo del umbral de la pobreza. Petición que hacemos extensiva a todos y a cada uno del resto de los subsidios y ayudas que actualmente existen, tanto a nivel nacional como de comunidades autónomas.

Hablar de las recomendaciones de la Carta Social Europea (ésa que España todavía no ha ratificado) lo dejamos para otro día).

Porque es necesario denunciar lo injusto, la no equidad, la discriminación (tanto positiva como negativa).

 

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