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Han pasado diez años y todavía tengo recuerdos que parecen de ayer. Fueron unos de mis momentos más intensamente vividos. Fueron meses de locura. Ya desde el invierno anterior, recuerdo que la agitación social en Madrid comenzaba a intuirse por los círculos más combativos del momento. Recuerdo las asambleas en distintos centros sociales, donde se palpaba que la motivación colectiva con respecto a lo que se podía hacer era ilusionante. Pero hasta el 15 de mayo, nada de esas ideas de transformación social traspasaba las paredes de aquellos centros sociales.

 

Autor: Fermín Navarro Medina para Madrid en Acción

Ese día, el 15 de mayo de 2011, hubo una manifestación. Muchos detalles de la misma que se han recordado en distintos medios como los más importantes sinceramente no los recuerdo bien. Por ejemplo el lema de cabecera, o las organizaciones que lideraban, o las que participaban. Todo eso son ideas vagas en mi cabeza. De lo que sí me acuerdo diez años después es de mis sensaciones durante y después de la manifestación: no era una manifestación más. Recuerdo las miradas cómplices con los compañeros. Los gritos y los cánticos eran especialmente efusivos y se contagiaban rápidamente. El recorrido desde Cibeles a Sol era multitudinario, mucho más que cualquier manifestación que hubiera visto antes. Había mucho colorido, porque el espectro de gente que se manifestaba era muy variopinto.

Recuerdo que el momento de llegar hasta la Puerta del Sol también era distinto, en el sentido de que no daba la sensación de que la manifestación se estaba terminando. La gente seguía vociferando con más intensidad si cabe. Precisamente, al terminar cualquier otra manifestación llegando a la Puerta del Sol, usualmente ocurría lo contrario: la gente se iba apagando, los cánticos se paraban y se convertían en conversaciones entre los que se quedaban por allí.

Imagen: @JoseCuesta. Cargas policiales 15M de 2011

 Recuerdo que un grupo de jóvenes tomaron la cabecera de la manifestación, que se había parado, y empezaron a dar vueltas por la Puerta del Sol hasta que encararon la calle Preciados. Empezamos a subir la calle, y ahí sí que la Policía formó cordón para intentar detenernos. La agitación empezó a tensarse, y los gritos, hasta que comenzaron las cargas.

Fueron como hora y media o dos horas corriendo por las calles del Madrid central, de aquí para allí. Recuerdo por ejemplo pasar corriendo por Tirso; había gente en las terrazas que no entendía qué estaba pasando. Algunos levantándose por miedo, ya que los manifestantes corrían al lado de las mesas. Incluso recuerdo que alguna mesa acabó rodando. No sé muy bien cómo, mi siguiente recuerdo es en la Gran Vía. Iba con un amigo y varios manifestantes desorientados iban por delante. No sabíamos muy bien si quedaba mucha gente, porque al dispersarse todo el mundo no éramos conscientes de los demás. Se corría el rumor de que a las 23:00 había que- dada para reagruparse en la Puerta del Sol. Entonces una furgona de la Policía vino a gran velocidad y paró en seco junto a los manifestantes que iban por la acera delante de mí. Se bajaron varios antidisturbios, agarraron a dos, y los metieron en la furgona sin mediar palabra, solo agarrones y empujones. Si teníamos alguna duda de si continuar o no, esa escena hizo que volviéramos a Sol.

Estando allí un grupo de unas 20 o 30 personas de pie, alguien en cierto momento gritó: “¿Por qué no nos sentamos y hacemos asamblea?”. Y así fue. Y ahí es donde se debatió sobre qué hacer, sobre si quedarnos a dormir en Sol, sobre las razones y los objetivos. Al final decidimos quedar- nos, para lo cual había que organizarse. Enseguida se crearon grupos de trabajo. Yo recuerdo apuntarme al de infraestructuras. Se habló de traer cartones para el suelo y para taparse, y a los pocos minutos estaba todo repleto de cartones. También se habló de comida, y en unos minutos vino un voluntario trayendo pizzas de su casa. Pasaba todo rapidísimo. Cuan- do ya era tarde, y después de mucho tiempo de asamblea, decidimos des- cansar un poco. Yo recuerdo que me metí en una de esas casitas de cartón improvisadas y enseguida me dormí, tras soltar toda la tensión acumulada. Ya al día siguiente fue otra historia…

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