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La mal llamada “brecha de género” en las pensiones se produce por diferentes motivos:

— En las pensiones contributivas se debe al trato igualitario precisamente, así que no podemos alegar discriminación, ya que se produce todo lo contrario: se calcula de la misma manera para hombres y mujeres.

Para calcular una pensión contributiva se tienen en cuenta los años cotizados, la base para el cálculo y la edad de jubilación. En ningún caso se tiene en cuenta el sexo.

— En las mal llamadas “pensiones no contributivas” (no dejan de ser una ayuda más, sujeta a una situación de precariedad demostrada) no se tienen en cuenta ese tipo de factores para calcularlas, aunque tampoco se diferencia entre hombre o mujer, por lo tanto no existe discriminación alguna.

Comisión de Pensiones UPLA-LA UNIÓN

Imagen de Sebastián Salgao

La injusticia y el error es otro

Consideramos que es trabajo aquello que se remunera. No es cierto. Trabajo es el conjunto de actividades que son realizadas con el objetivo de alcanzar una meta, solucionar un problema o producir bienes y servicios para atender las necesidades humanas.

Y si nos centramos en qué es trabajo desde el punto de vista económico, es la cantidad de horas que dedica una persona para hacer una actividad de índole productivo, como la generación de bienes o servicios.

Es más, trabajo y empleo no siempre son sinónimos intercambiables. Trabajo es una tarea que no necesariamente da al trabajador una retribución económica.

Pues bien, hay trabajos que no han estado “premiados” con una retribución económica. Dentro de este tipo de trabajos se encuentran los realizados por personas que colaboraron en pequeños negocios familiares, incluso que los realizaron por su cuenta (costura, plancha, campo, pesca…) y que, por costumbre o porque ni siquiera se consideró trabajo en aquel tiempo, no se contempló siquiera la posibilidad de darse de alta en la Seguridad Social.

A este trabajo unimos el más importante de todos, tanto para la familia como para el conjunto de la sociedad: reproducción y cuidados. Este trabajo ha sido realizado, mayoritariamente, por mujeres.

De estos dos tipos de trabajo procede la brecha de género en las pensiones: no de un cálculo indebido, sino de la no valoración de un trabajo no considerado como generador de derecho a una vejez digna.

Es en este punto en el que centramos nuestra reivindicación:

— Que se valore el trabajo realizado para tener derecho a una pensión de jubilación digna y suficiente. Y también que esta sea calculada única y exclusivamente para la persona, independientemente de la unidad familiar a la que pertenezca, ya que es un derecho personal.

— Esta pensión, al no estar asociada a una base de cálculo por no tener referencias para ello, ha de establecerse, como no contributiva y sujeta al importe emblemático para el movimiento pensionista de 1.084 euros mensuales.

— Esta pensión ha de ser vitalicia y nunca dependiente de la situación económica familiar, ya que es un derecho generado por una persona en particular.

El importe de esta pensión, propia y no condicionada, ha de ser, al menos, similar al Salario Mínimo Interprofesional. Actualmente este importe es de 950 euros.

Deberemos tener clara la razón de esta petición (queda claro que son las mujeres las más afectadas, pero no las únicas). No se pide un trato de favor: se pide un trato de justicia.

El trabajo de reproducción y cuidados es un trabajo imprescindible para la vida y para la sociedad y, por ello, ha de ser generador de un derecho a una vejez digna. Exigimos una vejez digna para las personas, casi siempre mujeres, que han dejado su vida entera o parte de ella en esos trabajos.

 

Es de justicia…

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