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El camino de la lucha por la libertad de las mujeres kurdas en Rojava comenzó a principios de los años ochenta. Desde entonces, las mujeres kurdas —abuelas, madres, hijas y nietas— han asumido cualquier riesgo para organizar sus comunidades, a veces de forma clandestina y a veces de forma ruidosa y abierta. Han resistido tanto a la represión colonialista del régimen sirio como a las estructuras patriarcales y a la violencia en las familias y la propia sociedad kurda. De ellas se esperaba que se casaran a una edad temprana, que no tuvieran una opinión o voluntad propia. Eran percibidas como el honor de la familia, propiedad de su padre, tíos, hermanos y maridos. El deber de las mujeres era obedecer, servir a sus maridos y familias y dar a luz a los hijos.

 

Fuente: ARIN

▲ Manifestación por el Día de la Mujer en el cantón de Cizire, 2018. Sara A. de Ceano-Vivas Núñez

Pero la lucha por la liberación nacional liderada por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), con la resistencia de mujeres como Sakine Cansiz en las cárceles turcas o de mujeres guerrilleras en las montañas, inspiró y animó a mujeres de todas las edades. Miles de mujeres de Rojava siguieron sus pasos. Es especialmente importante el análisis de Abdullah Öcalan sobre la conexión de la liberación del Kurdistán y la liberación de la mujer —ya que la una no puede funcionar sin la otra—, filosofía que se convirtió en una fuente de autoafirmación para las mujeres kurdas. Desde la década de 1990 hasta hoy, miles de mujeres jóvenes de Rojava —así como de todo Kurdistán— se unieron a la lucha guerrillera en las montañas. Al mismo tiempo, diez mil mujeres se han organizado, educado y movilizado en la sociedad de Rojava.

 

 

Estas mujeres han apoyado la lucha guerrillera tanto mental y espiritual como materialmente, trabajando juntas en los campos para enviar el resultado de su cosechas a la guerrilla en las montañas, trabajando como mensajeras entre las diferentes regiones para mantener las estructuras organizativas y la comunicación, organizando clases secretas en los barrios para enseñar a las mujeres a leer y escribir en kurdo o para debatir sobre la evolución política y la lucha. Organizando y recogiendo ayudas para las familias pobres, abrazando solidariamente a las mujeres sometidas a la violencia y la presión de sus familias y clanes.

En 2005 se creó formalmente el Movimiento de Mujeres de Rojava, hoy conocido como Kongra Star. Todos estos esfuerzos sentaron las bases para que las mujeres kurdas desempeñen un papel destacado en la revolución de Rojava. Esta revolución tiene sus inicios en el contexto de las resistencias y los levantamientos populares contra las dictaduras en Oriente Medio y el norte de África en 2011. El pueblo kurdo en Siria —en muchos lugares con las mujeres a la cabeza— comenzó a movilizarse y a articular sus demandas políticas. Pero no solo exigían derechos legítimos. Al mismo tiempo se inició un proceso de construcción del sistema de la autonomía democrática —autogestión democrática del pueblo— como alternativa a las estructuras estatales opresivas. Para las mujeres y el movimiento de mujeres Kongra Star esto significaba establecer un sistema autónomo de autoorganización y autogobierno de las mujeres.

El sistema de mujeres se basa en comunas, consejos, cooperativas y academias de mujeres en todas las regiones de Rojava y el norte y este de Siria. Esta revolución abarca todos los ámbitos de la vida: la educación y la ciencia, la vida social, la política, las relaciones y alianzas democráticas, la economía comunal, la justicia como el consejo de justicia de las mujeres, la cultura y las artes, la autodefensa, la salud, la prensa y los medios de comunicación, así como la organización autónoma de las mujeres jóvenes y de las mujeres de diferentes comunidades nacionales y religiosas. Las mujeres en Rojava son el pilar principal en el que se sostiene la revolución: sin ellas los cambios hacía una nueva vida no serían posibles.

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