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Otro año más las mujeres que integramos el movimiento por la vivienda en todo el Estado español asistiremos juntas a este 8 de Marzo como hemos venido haciendo desde hace dos años. En Madrid, bajo el lema #RevueltaFeminista, la Comisión del 8 de Marzo de Madrid nos convoca a las feministas a concebir el feminismo como una práctica de lucha, un hacer colectivo con capacidad de transformación.

Feministas de la Coordinadora de Vivienda de Madrid

Desde el movimiento por el derecho a la vivienda, hemos venido reivindicando el papel central y protagonista de las mujeres en esta lucha, por una parte, y el carácter profundamente feminista que conlleva la defensa de nuestros hogares, más allá de supuestos legales y mercantiles por encima del capitalismo feroz, de las burbujas inmobiliarias, de las leyes que por omisión o acción permiten la expropiación de nuestras vidas mediante los desahucios de nuestras casas.

Vemos en la paralización de desahucios mediante la acción colectiva y desobediente y en todo el espectro de prácticas llevadas a cabo por el movimiento de vivienda encaminadas a garantizarnos una vivienda digna, una intuición compartida con las feministas de otros lugares: ponemos la vida en el centro.

Y así, hace dos años quisimos acordarnos de Berta Cáceres, feminista ecologista asesinada en 2016, y de tantas mujeres que luchan y son asesinadas por defender su territorio y sus formas de vida. Creímos, antes y ahora, que el desalojo masivo de familias pobres de determinados enclaves de nuestras ciudades provoca la desaparición de las formas de vida de las clases populares y humildes, de redes de sostén y de apoyo, de nuestra forma de vivir en los barrios. A cambio, se permite mediante la especulación de lo que antes eran nuestras casas y calles convertirlos en lugares puramente turísticos o gentrificados. Los desahucios son una pieza necesaria para vaciar de pobres las casas que serán destinadas a enriquecer a grandes propietarios y fondos buitre.

Desde el último 8 de Marzo, los desahucios y la desigualdad continúan presentes en el Estado español, como nos manifestaba en su visita el Relator de Vivienda de las Naciones Unidas, poniendo de manifiesto que vivimos “una crisis de vivienda de proporciones inquietantes, una profunda pobreza generalizada, disposiciones de protección social en gran medida inadecuadas, políticas fiscales que brindan muchos más beneficios a los ricos que a los pobres y una mentalidad burocrática en el Gobierno que valora procedimientos formalistas (como los desahucios y desalojos) por encima del bienestar de las personas”. Tras su visita culpa al Estado español de carecer de un compromiso significativo con la defensa de los derechos sociales de las personas a la vivienda, a la educación y a un nivel de vida adecuado.

Hasta el momento, a pesar de la grave crisis habitacional, continuamos sin ninguna acción legislativa ni política de alcance sistémico para ni siquiera paliar la situación crítica y de emergencia habitacional por un lado. Ni siquiera en lo que respecta a la garantía y protección de los derechos de las niñas y niños. Desde el movimiento de vivienda, seguimos denunciando la necesidad de medidas estructurales encaminadas a garantizar, más allá de las situaciones de emergencia, el acceso a una vivienda digna, asequible y que nos permita crear hogares donde desarrollar nuestras vidas. Queda pendiente si a nivel legislativo se tomarán medidas al respecto o seguirán facilitando la entrada de fondos buitre, creación de SOCIMIS y venta de viviendas públicas de forma encubierta.

La desigualdad salarial, la violencia machista que nos obliga a huir de nuestros hogares, son factores que agravan la dificultad al acceso a una vivienda digna para las mujeres. Los desahucios y la problemática de vivienda en general (incluyendo la llamada “pobreza energética”, los desahucios invisibles, etc.) nos afecta principalmente a nosotras de forma central, encargadas tradicionalmente del hogar. La crisis habitacional afecta a las mujeres migrantes y a las mujeres gitanas de forma específica. Así, la práctica de parar desahucios se vuelve también una práctica de antirracismo, defendiendo la dignidad de nuestras vecinas, luchando juntas, enfrentándonos a la xenofobia y las ideas de odio de la ultraderecha que pretenden inocular en nuestros barrios. Frente al canibalismo social, aireado sin ningún tipo de límite por la ultraderecha y el ideario neoliberal, el apoyo mutuo en nuestros portales pretende ser un baluarte de defensa antirracista.

Este año iniciamos un trabajo a goteo con las compañeras del 8 de Marzo en Madrid, y así, este 3 de marzo, hemos organizado conjuntamente un debate sobre cuestiones aquí expuestas que desarrollaremos más ampliamente, compartiendo experiencias e imaginando juntas respuestas colectivas desde el feminismo y la lucha por la vivienda a los retos que nos quedan por superar. Este año, el 8 de marzo, volveremos a denunciar junto con otras compañeras feministas un presente y futuro sin miedo, sin violencias machistas, sin barreras frente a la diversidad que es propia de nuestras sociedades, y reclamaremos la necesidad de proteger la vida de las mujeres que migran e intentan atravesar nuestras fronteras.

Parar desahucios es feminista: Lucha de vivienda y feminismo. Marzo-2020

Como denunciamos juntas el año pasado, queremos sumarnos a la jornada de lucha que se da en diferentes lugares del mundo reconociéndonos junto a ella y junto a miles de mujeres en el mundo que defienden sus territorios y sus formas de vida, tal y como nosotras defendemos nuestras casas; frente a la infamia de las burbujas, grandes tenedoras, bancos y Gobiernos.

Un innumerable sinfín de mujeres anónimas han sido desahuciadas este año, por ellas y por las que no pueden venir, salimos este 8 de marzo.

Para concluir, no podemos olvidar que otro de nuestros grandes retos es generar espacios de lucha y convivencia más feministas, donde nuestra forma de hacer y luchar esté impregnada de esta idea, que oímos y escuchamos y queremos poner en práctica: poner la vida en centro. Porque tenemos la tarea ingente de hacer de nuestra lucha un lugar más equitativo, donde nuestras voces, nuestras necesidades, nuestras realidades complejas y diversas, sean reconocidas y formen parte de nuestro movimiento de una forma más amable.

Asumimos la tarea de construir un futuro de luchadoras, aunque lo que deseamos es que sea mejor que el presente al que nos enfrentamos.

Como lo hicimos y lo seguiremos haciendo, por las que no están, las que se fueron y las que vendrán, nosotras nos quedamos; porque venga lo que venga, compañera, hermana, no estás sola: estamos contigo.

Fuente: Coordinadora de Vivienda de Madrid

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