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La letra pequeña de los seguros privados de salud

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▼ Concentración en el centro de salud de Los Ángeles. Luis (Mats)

Guillén del Barrio

Los seguros de salud privados han crecido un 4,4% en 2020, la mayor subida en diez años. Actualmente tienen seguro privado el 23% de los españoles y el 36,6% de los madrileños. La principal razón son las listas de espera: nuestra región ha superado las 500.000 personas pendientes de una primera cita con el especialista, sin contar a quienes esperan para una cirugía (95.900 personas), una prueba diagnóstica (153.000 personas), rehabilitación o una cita con su médico de familia.

Para quien se lo pueda permitir, existe una forma de evitar estas esperas contratando un seguro privado de salud. Las ventajas que más resaltan estas compañías de seguros son el poco tiempo de espera, la posibilidad de acudir a un especialista sin pasar por el médico de cabecera y las habitaciones individuales en sus hospitales.

Estas ventajas vienen con inconvenientes que no aparecen en los anuncios. En 2019 la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publicó los resultados de la encuesta a 8.400 de sus socios que contaban con póliza privada. Un 24% de ellos denunciaban haber tenido algún problema: el 17% descubrieron que un tratamiento determinado no estaba cubierto por su póliza, un 6% sufrieron un aumento de la prima de renovación debido a su estado de salud, y al 5% no les autorizaron un tratamiento o prueba que sí estaba cubierto por la póliza. Otros tuvieron que pagar un importe imprevisto para usar su seguro o les cancelaron la póliza debido a su edad o su estado de salud.

El acceso directo a especialistas puede parecer una liberación de la molesta intermediación del médico de familia, pero tiene un reverso peligroso. Está demostrado que los pacientes que toman muchas medicaciones distintas requieren más visitas a las urgencias hospitalarias y sufren más ingresos. No es lo mismo tener la libertad de visitar muchos especialistas, que nos ven y nos recetan medicaciones, que sufrir la pesada carga de un médico de cabecera que conozca al completo nuestro estado de salud, evitando que las distintas medicaciones interactúen entre sí.

Las habitaciones individuales también tienen truco: las enfermeras de la sanidad privada madrileña ganan entre un 20 y un 25% menos, mientras atienden a una media de cinco pacientes más que en la sanidad pública. El 57% ha sufrido lesiones derivadas de su trabajo en los últimos dos años, y el 24% ha tenido alguna baja relacionada con el estrés laboral. Los seguros privados ofrecen habitaciones relucientes a costa de ser atendidos por menos personal, peor pagado y con problemas de salud causados por estas condiciones.

Existen cuatro tipos de pólizas: con reembolso de gastos médicos, sin copago, con copago y low cost (sin hospitalización). Las pólizas con reembolso son las que ofrecen mayores y mejores coberturas. Deben su nombre al hecho de que permiten acudir a cualquier médico u hospital aunque éste no tenga relación con la aseguradora. El cliente le paga los honorarios al médico y después la aseguradora le reembolsa entre el 80 y el 90% del gasto. Lógicamente, está al alcance de muy pocas personas poder pagar un dinero adicional que no van a recuperar enteramente y además hacerlo por adelantado.

Las pólizas sin copago permiten acudir a los hospitales, clínicas y profesionales que tengan un acuerdo firmado con la aseguradora sin un pago adicional. Sin embargo, y con grandes variaciones entre aseguradoras, tienen limitaciones: algunas no cubren más de 30 días de hospitalización en planta, en psiquiatría o en UVI. Otras atienden urgencias a domicilio pero solo en la vivienda habitual, o limitan las sesiones de psicología y rehabilitación a 10 o 30 al año.

En tercer lugar existen las pólizas con copago. Es decir, que además de la prima se paga una cantidad cada vez que se acude a una cita, a una prueba o por cada día de hospitalización. Las pólizas más caras tienen copagos menores, por ejemplo de 3€ por una analítica, mientras las pólizas más baratas alcanzan los 50€ por un traslado en ambulancia o 40€ por una resonancia magnética.

En último lugar han surgido recientemente las pólizas low cost, con primas de incluso tan solo 8€ al mes. La clave de este ahorro se esconde en los detalles: ninguna incluye la hospitalización y tienen coberturas muy reducidas, a menudo con copagos, que a veces ni siquiera incluyen la atención de urgencias.

Todos los seguros tienen periodos de carencia y sus primas se revisan anualmente. Es decir, que debemos pagar el seguro durante varios meses antes de poder usar algunos de sus servicios. Por ejemplo, hay que esperar entre 6 y 10 meses para que el seguro cubra los gastos de un ingreso hospitalario, o al menos 3 meses para recibir cirugía ambulatoria. Parto y cesárea tienen generalmente 8 meses de carencia. Respecto de la renovación anual, la aseguradora puede aumentar la prima de la póliza o incluso rescindirla si el asegurado presenta alguna enfermedad o su edad ya es avanzada.

La edad y las enfermedades preexistentes son dos factores clave en los seguros privados. Empleando un buscador online para comparar ofertas de aseguradoras, en este caso Rastreator, nos encontramos con que la situación varía mucho según la edad que indiquemos en el formulario de búsqueda. Un varón de 32 años encontrará oferta de todas las empresas: seguros con copago por una media de 36,71€ y sin copago por 49,04€. Un varón de 57 años se enfrenta a mayores precios: 67,5€ con copago y 80,07€ sin copago. Para una persona de 81 años la situación es radicalmente distinta: sobre un total de 28 aseguradoras, solo recibe 5 ofertas de seguros con copago (123,60€ de media) y dos ofertas de seguros sin copago (170,50€). El resto de aseguradoras no están interesadas. Si nos decidimos por una póliza, debemos rellenar un cuestionario de salud en el que reflejemos las enfermedades que tengamos o hayamos sufrido. En base a estas enfermedades preexistentes, la aseguradora puede rehusar la contratación, aumentar la prima o disminuir las coberturas que nos ofrece. Esto no es un detalle menor. En Madrid, el 17,9% de la población sufre hipertensión, el 10,2% problemas de salud mental y el 6,5 % diabetes.

Las pólizas privadas dan una atención que funciona sobre las espaldas de trabajadoras saturadas y mal pagadas. Son baratas para las personas jóvenes y sanas, que generalmente no acuden al médico. Según van envejeciendo o enfermando, cuando más necesitamos atención médica, los costes aumentan sin parar. Esto es inasumible para las personas que viven de su sueldo y en el futuro vivirán de su pensión. Por esa misma razón, según los datos de la patronal de las aseguradoras (UNESPA), las personas mayores de 60 años son el 25,3% de la población española pero el 17,5% de las personas con póliza.

Somos la comunidad autónoma que menos recursos destina a la sanidad en proporción con su riqueza, el 3,7% del Producto Interior Bruto, cuando la media nacional es del 5,6%. Las listas de espera crecen cada año por falta de presupuesto. Ese dinero no llega porque Madrid tiene impuestos muy bajos, especialmente para los más ricos. Mucha gente se desespera y contrata pólizas privadas, pero no conocen la realidad que hay detrás. En primer lugar están pagando dos veces. En segundo lugar, la sanidad pública se financia con impuestos para que paguen más quienes más tienen. Pero en la sanidad privada pagan más quienes más la necesitan. Pasamos de un modelo redistributivo que disminuye la desigualdad a un modelo regresivo que la agrava. Mucha gente no sabe que cuando envejezca y enferme ya no podrá seguir pagando la póliza. En Madrid se está maltratando a la población, deteriorando la sanidad pública para que después seamos esquilmados con un nuevo gasto que aumenta cada año.

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