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    Espacios no mixtos

    Solidaridad en Acción

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    Ana Parra. Yayoflautas Madrid

    El movimiento feminista, a pesar de todas las dificultades, está creciendo y haciendo avanzar los derechos de las mujeres, y sin embargo nos sorprende todavía la incomprensión por parte de algunos de nuestros compañeros. Ante una convocatoria a una reunión en la que se especificaba “convocatoria no mixta”, la reacción de algún compañero fue calificarla de segregadora y poco democrática. Parece increíble que haya que explicar esto, pero como es así, intentaremos explicarlo.

    Las mujeres somos asesinadas, violadas, agredidas y humilladas por los hombres en el ámbito doméstico, es lógico que queramos tener un espacio propio, libre de nuestros agresores, en el que volcar estas experiencias, escucharnos, consolarnos y pensar la manera de apoyarnos para salir de esta situación.

    En el ámbito laboral las mujeres somos discriminadas por un sistema patriarcal que nunca nos ha tenido en cuenta y en el que si hemos entrado ha sido a la fuerza y luchando contra todos los obstáculos machistas y patriarcales, ocupando cada vez más espacios, pero lejos de una verdadera igualdad. Las mujeres realizamos los trabajos menos valorados, no llegamos de igual manera que los hombres a los puestos directivos y por el mismo trabajo nuestro salario es menor. Parece bastante lógico que queramos juntarnos y reflexionar sobre la manera de revertir esta situación.

    ‘Sabemos que no todos los hombres son agresores, que muchos comparten nuestras ideas; a éstos les pedimos que nos dejen seguir nuestro camino en estos espacios’

    Sufrimos discriminación y desprotección por parte del sistema judicial que muchas veces cuestiona los testimonios y no ampara suficientemente ni a las mujeres ni a sus hijos de los agresores. Necesitamos que haya una educación afectivo-sexual basada en la igualdad, la diversidad y la libertad que destierre los mitos del amor romántico: amor eterno que lo puede todo, celos como demostración de amor, no se puede ser feliz sin pareja y tantos otros que muchas veces conducen a una situación de posesión antesala de la violencia.

    Éstos son algunos ámbitos de discriminación y sufrimiento de las mujeres; hay muchos otros sobre los que hablar, escuchar, reflexionar, pensar alternativas, sugerir propuestas…

    A las mujeres no se nos ha dado la palabra durante siglos; la política, la economía, la vida social, la han decidido los hombres; el papel de la mujer ha estado relegado al ámbito de la vida privada, de los cuidados. Ahora queremos participar, tener voz, tomar decisiones, pero nos encontramos con un sistema de valores y unas formas ya creados por este sistema patriarcal. Querer participar no quiere decir tener que asumirlo como es. Las mujeres no queremos pasar a ser “otros hombres” en nuestro pensamiento, en nuestras actitudes, en nuestro comportamiento; no queremos asumir, sin más, el sistema de valores imperante, donde rige una idea del éxito que muchas veces se consigue a costa de competitividad, violencia, pasar por encima del otro. Nosotras tenemos derecho a crear nuestro propio camino, a no aceptar el concepto de poder, de liderazgo creado por la sociedad patriarcal. Queremos en nuestras reuniones y asambleas no mixtas investigar e ir creando este camino, basado en otros principios, de ahí el concepto de sororidad, que da importancia al hecho de ser hermanas y que intenta dar valor a la colaboración, la ayuda y el cuidado. No es un camino fácil, por supuesto: nosotras también hemos sido educadas en esta sociedad y estos valores, pero creemos que tenemos el derecho y, quizá, el deber de intentarlo. Sabemos que no todos los hombres son agresores, que muchos comparten nuestras ideas; a éstos les pedimos que nos dejen seguir nuestro camino en estos espacios no mixtos. Ellos también tienen mucho que reflexionar sobre su rol y la manera de cambiarlo. Si quieren ayudar, pueden empezar por ahí.

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