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Entrevista a Carmen, de la PAH

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◀ Carmen, a la derecha, junto a la infatigable Asun. Alberto astudillo
HEITHOR BEIRA

Hablamos con una mujer que casi todos nuestros lectores reconocerán por alguna foto o vídeo de algún desahucio, pues es raro que ella no esté junto a sus muchas amigas de militancia como Asun intentando impedir un desahucio y animar a la gente con su sonrisa y sus canciones. De hecho, ya apareció en la primera portada de este medio, en el número cero, pero en esta ocasión en una manifestación del 8M subiendo por Embajadores en la que aparece cantando. Carmen Arnedo, que así se llama la mujer del pelo rojo que canta, como la conocerá la mayoría de la gente, nos cuenta en esta entrevista cómo se inició en este mundo activista al tratar de evitar durante años su propio desahucio, que sería ejecutado hace unos cuatro años.

Todo comenzó en 2004, cuando Carmen avaló a su hijo en la compra de su piso en Torrelaguna. Cosa fácil fue lograr la hipoteca en aquellos tiempos del boom inmobiliario, además su cuñado trabajaba en el banco que le hizo el contrato, en una época en la que había todo tipo de facilidades, y más para un trabajador que ganaba bien y por una hipoteca de unos 11.000 euros para un piso pequeño fuera de la capital. No era algo delicado ni arriesgado hipotecarse en tales condiciones para su hijo, y menos avalar para ella con su propia vivienda. O eso le dijeron por entonces, como a todo el país. Cómo iban a desconfiar de un contrato así, y más si lo ofrecía un familiar.

Sin embargo, llegó la estafa que llaman crisis y con ella su hijo perdió su empleo y no pudo hacer frente al pago de la hipoteca que llevaba nueve años pagando. Debido a eso, su piso salió a subasta y sería expulsado de su vivienda, y de paso afectaría a la casa de Carmen en Alcorcón, en la que llevaba viviendo desde los 20 años, por ser su avalista. En la actualidad, nos recordaba esta activista que gracias a la lucha de los colectivos por el derecho a la vivienda como la PAH no se puede ser avalista con más de 60 años para evitar situaciones así, pero a ella no le afectó tal normativa.

A partir de ese momento, Carmen, como cualquier persona en tal situación, desconocía el grave peligro ante el que se enfrentaba y buscó ayuda en la familia, que le puso en contacto con abogados especializados en el tema, quienes le explicaron correctamente “la hipoteca con mala hostia que había firmado” y le recomendaron luchar para no perder su casa. Desde entonces está con la PAH, si bien inicialmente su caso lo llevaría un abogado de oficio, muy bueno, que le ha ido recurriendo todo, para evitar perder su piso. Esta activista nos contaba que fue su lucha para evitar que le quitasen la casa, que duraría unos diez años, pero al final el piso de su hijo se lo quedó el banco y “mi casa se la quedó un subastero por 58.000 euros. Una casa en la que vivía desde los 20 años hasta los 69 que tenía cuando me la quitaron.”

En el proceso, aparte del apoyo solidario de sus compañeros de la PAH, nos contaba Carmen cómo le tocó una jueza estricta que le rechazó las moratorias solicitadas para retrasar la expulsión de su casa al ser el demandante un particular y no una entidad bancaria; cómo llegaría enviar unas 12 cartas al Ayuntamiento de Alcorcón que no le respondió ninguna hasta que hubo cambio de Gobierno, y con ello sí que la recibió la alcaldesa y la derivó a la concejala de Vivienda, quien si bien la atendería no pudo dar solución a su problema y durante los años que duró su proceso de lanzamiento solo obtuvo buenas palabras; de hecho hasta le llegaron a prometer una casa en la noche en que esperaba a la comitiva judicial.

A pesar de todos los recursos legales que oponía su abogada, la situación de precariedad que tenía, como la edad, la escasa pensión que cobraba, el hecho de ser avalista y otras razones, la jueza se mostró inflexible y solo logró suspender el desahaucio y respirar algo durante tres meses tras acudir al Defensor del Pueblo. Nos contará Carmen emocionada que cuando se iba a producir su desahucio, rechazados todos los recursos legales, se pudo parar gracias al apoyo de los compañeros. “Llegaron a ir hasta 450 personas para impedir el desalojo, incluso llegados de Barcelona”. Y ante la poca dotación policial se pudo suspender en aquel momento, no sin que la funcionaria judicial de turno le anunciase “hoy te ha salido bien, pero la próxima…”. De hecho 15 días después ya tenía nueva fecha de ejecución. “Fue entonces, hace cuatro años ya, que decidí entregar las llaves de mi piso al subastero, una mala persona que se estaba aprovechando del mal ajeno, y se lo dije al darle las llaves. Fue un momento tristísimo y me cuesta no llorar al contarlo”. Realizó la entrega dos días antes de la fecha prevista de desahucio “para impedir que a mis compañeros les abriesen la cabeza”, pues era consciente de que el desahucio se iba a producir y quería evitar perjuicios a sus compañeros, que no duda habrían vuelto a poner el cuerpo para evitar el desalojo aunque fuesen golpeados, multados, enjuiciados, etcétera.

La pérdida de su casa en la que vivió casi 50 años no ha supuesto para ella abandonar la lucha, en la que sigue, con su sonrisa en la cara, sus canciones para animar a los compas, que se han multiplicado, pues “gracias al activismo ahora tengo muchos más amigos”. De hecho, ahora, y más tras el estado de alarma, no se puede quedar en su casa, que se le cae encima.

Actualmente vive en Casarrubios del Monte y, aunque no tiene vehículo propio, sigue yendo “todos los días a Móstoles o Alcorcón o donde haga falta para parar desahucios o para que no nos quieten médicos por la tarde” en los centros de salud. También colabora en Móstoles Pueblo Vivo, plataforma en la que está participando junto con otros tantos colectivos de la localidad, y en la lucha contra la privatización de las pensiones, no por defender su pensión, que ya tiene, sino las de los jóvenes, pues con los trabajos precarios que desempeñan peligra tal derecho.

Se puede saber más de esta activista infatigable y alegre, así como de otras muchas mujeres luchadoras, en el libro Las que estábamos esperando. Mujeres que no se rinden, de la editorial Oveja Roja, pero sobre todo yendo a impedir alguno de los muchos desahucios que se siguen ejecutando: ahí podréis encontrar a esta luchadora infatigable y alegre.

◀ Libro sobre Carmen y otras mujeres luchadoras.

Aquí una pequeña muestra, en un vídeo de Youtube, de la presentación del libro Somos las que estábamos esperando, obra fundamental para conocer a Carmen y a otras muchas mujeres imprescindibles:


‘Yo antes no salía a ninguna parte, y ahora voy con mis amigas a todos los sitios. Yo he sufrido mucho, ahora es cuando estoy viviendo’

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