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    ‘En los márgenes’, una película con plataforma

    Solidaridad en Acción

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    Ignacio López Isasmendi

    La alfombra esta vez no fue roja, sino verde; las figuras principales no fueron las estrellas millonarias envueltas en escándalos de revistas, sino mujeres y hombres atravesados por uno de los peores dramas que una vida pueda tener y que encuentran en el andar colectivo un remanso y una base para resistir, una plataforma, un piso, ya que hay quienes pretenden quitarles el techo.

    El 28 de septiembre se preestrenó En los márgenes, el primer largometraje de Juan Diego Botto como director y que cuenta a Penélope Cruz, a Luis Tosar y al propio Botto como protagonistas o, en realidad, como representantes de miles de historias que se viven en la España de hoy. El Auditorio Marcelino Camacho de las CC OO recibió a las verdaderas protagonistas: Elsa, Richard, Ansu, Elena, Carmen… que brindaron sus testimonios y ayudaron a construir la historia que se proyecta en los cines.

    El director, luego de agradecer la participación de las integrantes de las plataformas de resistencia a los desahucios, comentó que los casos sobre los que gira el film están construídos sobre la conjunción de las vivencias que fueron recogiendo en las entrevistas que realizaron a las afectadas y que recogieron en las asambleas. La idea principal era confrontar dos formas de abordar el drama del desahucio: en soledad u organizadas. 

    Trabajadoras y trabajadores precarizados, inmigrantes que escapan de guerras y crisis económicas generadas por los mismos sectores económicos que quieren quitarles lo poco que pudieron conseguir con décadas de trabajo mal pagado son los verdaderos protagonistas a los que Botto y Olga Rodriguez (guionista) buscaron (y consiguieron) representar con su película.

    Allí estuvo Matilde, de la Asamblea de Vivienda de Carabanchel, que avaló a su hija en un crédito hipotecario con el 20% de su propiedad, pero cuando no pudieron seguir pagando el crédito debido al aumento de las cuotas por el euríbor el banco subastó las dos viviendas y las vendió a un fondo buitre con ellas resistiendo el desahucio: “Yo avalé solo por el 20% de mi vivienda, y se han quedado con la de mi hija y con la mía”. Ellas siguen con la pelea jurídica, ya que un juzgado falló a su favor por las cláusulas abusivas de su contrato de crédito, que establecía vencimientos anticipados. 

    Matilde pudo contar su caso en el film y después de la proyección sintió que finalmente era escuchada: “Me he sentido muy identificada; me ha emocionado muchísimo porque sentí que nos han hecho un homenaje a todas las personas que estamos afectadas. Se nos ha reconocido por lo que estamos pasando”.

    También estuvo Elsa, que está organizada en la Asamblea de Vivienda de Carabanchel. Elsa es la encargada de negociar los casos que lleva esa asamblea con la Sareb, y pudo participar del rodaje de En los márgenes. 

    “Diego Botto y Olga Rodriguez han hecho un trabajo maravilloso para reflejar una situación tan grave que tiene este país respecto de la vivienda, no hay palabras para agradecerles el compromiso que han tomado. Es el drama de miles de familias y es increíble que no se hable en los medios” 

    Elsa arrastra desde mediados de los años 2000 dos hipotecas que tomó para ella y su hermano, ambos de origen chileno, y que al reventar la burbuja inmobiliaria y dar inicio a la crisis económica perdieron la capacidad de pagar: “Yo lo intenté, mira si lo intenté, seguir trabajando para tratar de pagar las hipotecas, y así lo hice hasta 2014 cuando uno de mis hijos se enfermó gravemente: tumores cerebrales, desde entonces luchamos por su vida”. Elsa y sus hijos llevan casi nueve años luchando contra esta enfermedad, entrando y saliendo de los quirófanos y sin saber si al otro día tendrá un techo donde cobijarse.

    Elena es de origen ruso y también estuvo en el preestreno. Ella no fue víctima de la burbuja inmobiliaria, sino de la crisis económica que generó la COVID, y mientras unos pocos se forraron ella, como tantos otros, sufrió las consecuencias: no pudo seguir pagando su alquiler y fue desahuciada en mayo de este año. Las compañeras de la PAH de Vallekas detuvieron varias veces su desalojo y trataron de realizar una resistencia pacífica cuando el desahucio se presentó como inminente. También le ofrecieron un techo en el bloque de la PAH para que no tuviera que dormir en la calle, como pretendían quienes dieron las órdenes de desalojo. “En febrero me enfrentaba a un desalojo sola, sin ningún tipo de apoyo. Entré en la PAH a través de unos amigos ucranianos y de repente me sentí protegida, arropada y con ganas de vivir. Sentí ese apoyo mutuo que me hacía falta en ese momento y, sobre todo, desapareció ese sentimiento de culpabilidad que nos cultivan desde siempre: ‘no tienes trabajo, tu culpa; no te pagan bien, tu culpa; no tienes techo, tu culpa; no tienes para comer, tu culpa’. Eso desapareció para siempre cuando entré a la PAH”. Esos sentimientos se expresan claramente en la película que, a Elena, le generó escalofríos cuando aparecen los maderos para ejecutar un desahucio.

    La película emocionó a todas las asistentes (a las protagonistas), los sollozos y las lágrimas se sintieron desde que aparece el primer personaje y hasta que los cánticos hermanados cerraron la proyección y retrasaron 10 o 15 minutos el inicio del conversatorio con Olga y Juan Diego. Tanta emoción, tanto orgullo por años de victorias y derrotas, por las resistencias, por las salidas a veces precarias pero colectivas, no podían terminar solo en un aplauso agradecido: debían culminar en las gargantas agotadas, esas gargantas calentadas con café en las madrugadas de tantos inviernos haciendo vigilias, de tantos veranos sofocantes en los portales de quienes encuentran, en uno de sus peores momentos de sus vidas, el apoyo que necesitan para no entregarse a la desesperación que generan los que solo ven dinero bajo un techo.

    En los márgenes, finalmente, aparece como una película necesaria para los tiempos que corren, en los que un sentido común de época ve florecer los discursos ultraliberales que hablan de una propiedad privada absoluta, inmutable e indiscutible; donde los seguros ofrecen protección contra ocupaciones fantasmales; donde las organizaciones antiokupas, que se manejan de forma ilegal y violenta, se publicitan sin que nadie actúe, o peor aún, con la actuación cómplice de la policía. Una época en la que ese sentido común, descrito por el filósofo italiano Antonio Gramsci como “la concepción del mundo típica de las clases subalternas en la fase negativa de su desarrollo; es decir, la fase de subordinación política y cultural con relación a los grupos dominantes y a sus ideologías”, empieza a tomar ribetes fascistoides y empieza a copar esta democracia, ya de por sí bastante incapaz de afirmar sus promesas ideales de bienestar para las mayorías. En los márgenes es un altavoz para mostrar que aún hay quienes no se han dado por vencidas, porque son mayormente las mujeres quienes se han organizado y resistido, y que hay quienes están dispuestas a enlazarse codo con codo para sostener a quienes el sistema está sacando del juego, a quienes trata de quitarles el plato y el techo y sobre todo para demostrar que la salida a esta nueva crisis que se vive y, aún más, a la que se asoma, es colectiva. 

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