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    En la primera línea invisible

    Solidaridad en Acción

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    Como orientadora social integral estos días, dentro y fuera de mi puesto laboral, me estoy encontrando realidades sociales “increíbles” en lo bueno y malo de las circunstancias, factores actuales, teniendo como eje vertebral al ser humano como motor de cambio.

    Desde la óptica social; que no desde el prisma formal de los centros de servicios sociales (que están haciendo todo lo que pueden, y todo lo que les dejan con los medios a menudo insuficientes, y siempre desbordados de casos) y ya que trabajo mano a mano con entidades, agentes sociales, centros educativos, asociaciones vecinales / culturales, organizaciones sociales, así como con grupo informales que están funcionando con un nivel de compromiso desorbitado, dando cada una nuestro doscientos por cien, quiero dar las gracias de antemano a las redes humanas llenas de buenas personas (siempre hay algún inhumano, pero ésto es para otra redacción) que saben trabajar en equipo colaborativo de vecinas y vecinos de todos los rincones de Madrid.

     

    Estos días me llaman por teléfono de distintos puntos del territorio, llamado Mundo, sea por cuestiones de trabajo, por consultas administrativas de conocidos de amistades que crees que desean saber cómo estás, pero no solo ello sino que también tiene dudas o desean saber cómo pedir ayudas para desempleadas por Ertes, derechos por ser autónomo y haber cerrado la tienda del barrio, cómo tramitar una ayuda para no ser un deuda en el alquiler de la vivienda, que un pensionista no sea penalizado en su hipoteca, o tan doloroso como ver si hay alternativas para despedirse de un familiar fallecido, o pedir con mezcla de pena y vergüenza ayuda psicológica porque le desborda la cotidianidad cargada de duras noticias en los mass media de manera desenfrenada…

    Las amistades repartidas entre tres continentes, en países como Inglaterra, Alemania, Italia, Argentina, Chile y Nepal desean contrastar noticias y consultar en qué pueden adelantar porque se sienten más cercanos compartiendo información de primera mano, solo quieren saber cómo evoluciona todo por nuestra querida ciudad: Madrid.

    Ante todo esto estoy en una continua “montaña rusa con forma de espiral, llena de emociones, sentimientos y sensaciones, primero porque debo mostrarme con templanza, tranquilidad y tono positivo, además de sumar empatía cuando la verdad es que atiendo tragedias humanas cada día; y luego, porque no puedo expresar a la gente que pide ayuda o vive bajo un paraguas de tensión y ansiedad porque no saben si comerán mañana ellas y sus hijos/as, mi desasosiego o estrés. También porque se trata de ser profesional y coherente, respetuosa ya que todo ser humano debe ser escuchado de forma activa, resolutiva y consiente, para poder darle un feedback adecuado e integral a su situación. No vale con facilitar un teléfono y punto, sin explicarle el quién, el cómo y el para qué. Hay que transmitir seguridad, cercanía y ser prácticas y honestas con las personas así como con otros profesionales y entidades, o tiendas que contactan contigo para realizar donaciones de alimentos, medicamentos, enseres de higiene, material escolar o una simple TV para una casa con menores, o una silla de ruedas para un mayor, un step para una persona enferma o un calentador para una familia.

    No debemos olvidar el amplio abanico de casuísticas sociales existentes de antes y de ahora, más que nunca. Desde las personas que comparten piso con “desconocidos” que, aunque no lo buscaban, no tienen otra alternativa por cuestiones económicas. Ante la “inseguridad” que causa no tener una red familiar y social de apoyo, una convivencia desequilibrada en cuanto a normas y poderes, no logrando un ambiente positivo, puede darse el caso de convivir con el/ la casera en términos  dialogantes; pero, en otros, ser un “simple acosador/a cotidiano/a” por estar pendiente de ti cada minuto por no poder abonar el mes corriente porque has sido despedida/o por cuestiones de la pandemia; en otros, sentir tan nivel de asfixia que debes esconderte en el baño porque no puedes fiarte de tus compañeros/as de vivienda, sentir que estás encerrado/a (imagina si eres solicitante de asilo y escapas de una guerra) en tu casa, en tu habitación, en tus pensamientos  por “no tener libertad para hablar” sin estar pendiente de quien te escucha. Al mismo tiempo puedes tener la preocupación de no saber si podrás comprar un paracetamol la próxima semana, no tener saldo para llamar a tu familia que está lejos, no tener buen acceso a internet para gestiones relacionadas con tu desempleo, o suministros. Todo ello pensando que no debes preocuparte si estás empadronado, hablas castellano, no estar cuidando de algún dependiente, estar enfermo/a o manejar las dudas de si tienes o has tenido coronavirus. Con todo esto, cualquier ser humano nos vemos ante esta cruda realidad sin importar origen, religión, sexo o edad.

    Cómo afrontar “EL VIVIR AL SOBREVIVIR”, cómo entender que hasta el 13 de marzo de 2020 nos abrazábamos y ahora con fortuna nos saludamos desde los balcones o ventanas. Y has reflexionado que hay gente que ni esto puede hacer por estar confinada en sus habitaciones de pisos, residencias o mini-estudios, sin poder “ respirar”, solo siendo atendidos cuando sus infraestructuras lo hacen posible, tratando de compartir buena vecindad positiva cuando apoyan a sus portales cercanos, cuando hacen voluntariado en sus barrios. Y las gentes ni siquiera piensan que estas personas, además de un gran corazón, son valientes y grandes porque cuando regresan a casa a veces no tienen sus necesidades básicas cubiertas.

    Mientras no dejan de salir “paquetes de ayuda estatales”, a priori interesantes, pero no claros en cuanto a su ejecución o que dependen de comunidades autónomas o entidades bancarias o simples acuerdos administrativos, alejados de las personas a pie, la población vive en un nivel de desesperación tal que cada mínima noticia de ayuda se toma como un salvavidas en un océano infinito a la vista. No se deben olvidar que hombres, mujeres, niños y niñas deben alimentarse, dormir, estudiar, ducharse, jugar y tener tranquilidad, algo tan sencillo como VIVIR EN PAZ; dónde quedaron esas palabras.

    Cómo estarán nuestras cabezas y cerebros tras esta crisis humanitaria abrupta global que ha tocado nuestros corazones, manos y pensamientos. 

    Es importante poder ver todo lo que hay detrás de las miserias humanas, porque están los logros, las buenas practicas, los milagros que hacen las gentes en su vida cotidiana, como ayudar a vecinos/as desconocidos; esa cara amiga a la que saludas como  son los comerciantes lejanos que hoy te apoyan en donaciones; los bares de tu calle o las tenderas que te fían; las artistas que graban videos, el personal de correos o limpieza que dan gracias por tu sonrisa, como los autónomos/as ponen a disposición sus vehículos, sus manos, su fuerza y solidaridad pagando ellos /as la gasolina para llevar alimentos a alguien que acaba de salir del hospital.

    Todo esto es lo que escuchamos, vivimos, y gestionamos las personas que nos dedicamos al TRABAJO SOCIAL, sea en sanidad, educación, empleo, mayores, inmigración, casas de acogida, comedores sociales, asociaciones vecinales o siendo en nuestros ratos de “supuesto descanso” personas voluntarias/profesionales sociales las 24 horas los 7 días de la semana ahora más que nunca, siempre gracias al sector social en su amplitud por estar ahí EN PRIMERA LINEA INVISIBLE del 2020.

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