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    El sindicalismo que viene

    Solidaridad en Acción

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    Guillén del Barrio

    El 7 de octubre de 2020 empezaba la huelga indefinida convocada por el sindicato de enfermería SATSE entre las enfermeras de hospitales y residencias públicas. La Comunidad de Madrid anunció que tuvo un seguimiento del 2,05%. En sus notas de prensa, SATSE no dio una cifra propia. El 10 de octubre se pospuso la huelga “por responsabilidad ante la situación epidemiológica” hasta el 28 de octubre. Llegada esa fecha, no se reanudó. No se firmó ningún acuerdo entre el Gobierno de Madrid y el SATSE que pusiera fin a esta huelga a cambio de mejoras en las condiciones de trabajo de las enfermeras madrileñas.

    La Confederación General del Trabajo convocó una jornada de huelga general en la Comunidad de Madrid el 11 de noviembre, a la que se sumaron otros sindicatos y organizaciones. Según el Gobierno regional, el seguimiento fue del 0,53%. Los organizadores estimaron un seguimiento del 20-30% en el corredor del Henares. En este caso, tampoco se firmó ningún acuerdo a raíz de esta huelga.

    Algo estamos haciendo mal en Madrid. Sin embargo, en otras partes del mundo, en condiciones similares e incluso peores se están llevando a cabo movilizaciones y huelgas con decenas de miles de participantes que sí han alcanzado importantes conquistas.

    En 2008, un pequeño grupo de profesoras de Chicago formaron la Corriente de Educadores de Base (Caucus of Rank and File Educators, o CORE). Se reunieron en el local del sindicato de Trabajadores Unidos de la Electricidad (United Electrical Workers), un sindicato radicalmente democrático fundado en 1936 cuyo lema es “Son los afiliados quienes dirigen este sindicato” y que ese mismo año organizaría la ocupación de una fábrica por parte de sus trabajadores para impedir su cierre.

    Un nuevo sindicalismo está extendiéndose por el mundo. Un sindicalismo radicalmente democrático, basado en el esfuerzo colectivo y el apoyo mutuo

    Los profesores que formaron CORE se habían conocido en las luchas vecinales contra el cierre y privatización de las escuelas de Chicago, y recibieron apoyo de Labor Notes, una revista dedicada a la formación sobre sindicalismo de base. También se reunieron con Jinny Sims, presidenta de la Federación de Profesores de la Columbia Británica. Este sindicato canadiense organizó en 2005 una huelga ilegal de 44.000 profesores de dos semanas de duración que consiguió rechazar un convenio enormemente dañino para estudiantes y profesores. El 90,5% de los docentes votaron a favor de ir a la huelga, y lucharon hombro con hombro con los padres y madres hasta vencer.

    Los miembros de CORE pasaron dos años recorriendo las escuelas de Chicago, organizándose con más compañeros hasta que en 2010 ganaron las elecciones internas del Sindicato de Profesores (Chicago Teachers Union, o CTU). Durante dos años más organizaron una densa red que abarcaba a los 26.000 profesores de la ciudad, reclutando activistas en cada una de las más de 600 escuelas. En 2012 fueron a la huelga para conseguir mejores condiciones para ellas y sus alumnos, a pesar de que se había aprobado una ley que lo convertía en una tarea casi imposible: para convocar una huelga debían votar a favor el 75% de los profesores. Gracias a tantos años de trabajo de base, participaron en la votación el 90%, votando a favor el 98% de los participantes. Evidentemente, ganaron tras siete días de huelga. Su nuevo convenio incluía un aumento de sueldo del 3%, pero también la contratación de 512 profesores de disciplinas como arte, música o educación física y la garantía de que todos los estudiantes tendrían libros de texto el primer día de clase (anteriormente llegaban a tardar seis semanas).

    En 2014, un grupo de profesoras de Los Ángeles formaron la corriente Union Power inspirándose en la reciente victoria de sus compañeras de Chicago. Ese mismo año fueron elegidas para dirigir su sindicato. En 2019, tras varios años de intenso trabajo en cada una de las 900 escuelas de la ciudad, 34.000 docentes fueron a la huelga durante ocho días, tras una votación con una participación del 84% y un 98% de votos favorables. En una de sus manifestaciones participaron más de 60.000 personas. Lucharon juntos trabajadores, padres y estudiantes. Lograron un aumento de sueldo del 6%, una disminución del tamaño de las clases de cuatro alumnos, una enfermera en cada escuela, una bibliotecaria en cada instituto y la apertura de 30 escuelas comunitarias con servicios sociales y formación artística.

    En 2019, la Fundación Rosa Luxemburgo organizó la primera edición de Organizing for Power (Organizarse para el Poder), una formación online en sindicalismo de base impartida por Jane McAlevey, organizadora sindical experimentada que ha participado en varias huelgas y publicado tres libros sobre el tema. Participaron 4.000 personas de más de 60 países de los cinco continentes. Aprendieron a identificar a los líderes (las personas más respetadas y que por lo tanto pueden convencer al resto para organizarse y movilizarse), cómo abordar a los compañeros de trabajo para que se unan a la causa y cómo hacer un seguimiento de los avances y del apoyo que tiene la lucha entre los compañeros. En las siguientes ediciones participó como formadora Jollene Levid, una de las organizadoras clave en la huelga de profesoras de Los Ángeles.

    Los profesores que formaron CORE se habían conocido en las luchas vecinales contra el cierre y privatización de las escuelas de Chicago, y recibieron apoyo de Labor Notes

    En Alemania, los recortes y privatizaciones de servicios públicos de los años 2000 supusieron, entre otras muchas cosas, la pérdida de 18.000 enfermeras entre 2003 y 2006. Una oleada de huelgas a lo largo del país en 2015 no consiguió revertir la situación. En 2019, una docena de trabajadores de la sanidad y de otros sectores se reunieron en un local del sindicato Ver.Di para participar juntos en el curso Organizing for Power. Aprendieron cómo organizarse para ganar. Y eso fue lo que hicieron. Durante meses se organizaron con sus compañeras de Vivantes y Charité, las principales redes de hospitales de su ciudad, con una plantilla conjunta de 15.000 trabajadoras. Fueron reclutando referentes y activistas, cada servicio de cada hospital eligió al menos una delegada. Decidieron cómo querían que fuese su sanidad, definiendo los ratios entre pacientes y profesionales que hacían falta para cada tipo de servicio. Esta red fue ganando fuerza con acciones como una recogida de 8.397 firmas, alcanzando más de la mitad de la plantilla. En septiembre de 2021 comenzaron una huelga que duró más de 30 días (acabó en fechas distintas para cada empresa). No luchaban por un aumento de sueldo, sino por una mejora de las condiciones de trabajo y por lo tanto de los pacientes. Y ganaron. Su nuevo convenio establece la cantidad de personal necesario, e incluye penalizaciones si esto se incumple en forma de pagos y descansos adicionales compensatorios.

    Durante los meses de mayo y junio de 2022 se celebra la cuarta edición de Organizing for Power, que acumula más de 25.000 participantes de 110 países. Decenas de sindicatos y grupos de trabajadores de todo el mundo están poniendo en práctica lo aprendido: el CDT de Marruecos, UNI Américas en El Salvador, el sindicato de profesores de Jordania, el Royal College of Nursing de Reino Unido, Ver.Di en Alemania…

    Un nuevo sindicalismo está extendiéndose por el mundo. Un sindicalismo radicalmente democrático, basado en el esfuerzo colectivo y el apoyo mutuo. No es una teoría abstracta ni una buena idea que ojalá diera resultados. Son enormes victorias y conquistas concretas que inspiran y enseñan al resto del mundo.

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