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Hoy he hablado con Rubén, un joven sin hogar. Me comenta que, debido al estado de alarma en que se encuentra el país, han cerrado todos los comedores sociales en Madrid.

 

Autor fotografía: Juan Zarza

“¿Entonces dónde comes?”, le pregunto. Me responde que en la calle, ya que solo en el comedor Ave María logran obtener una bolsa con “alimentos fríos” para el desayuno. El reparto se realiza exclusivamente de 9:30 a 10:00, y no pueden entrar a comerlo en las instalaciones, pues según le explican, el nuevo real decreto no lo permite. El resto de comedores están cerrados indefinidamente. Me muestra lo que contiene su bolsa: pan, dos manzanas, una lata de conserva y un yogur cuya fecha de caducidad ha sido borrada.

Añade que nadie les presta atención, que si se acerca a un coche de Policía Municipal, éstos, sin apenas levantar la ventanilla, le indican que no se acerque al coche. “Igual los militares —se queja—: cuando les pedimos ayuda, nos dicen que ellos no pueden hacer nada, que solo se les ha requerido para realizar labores de policía”.

“¿Y para dormir?”, insisto. Rubén me asegura que no les están ofreciendo ningún sitio, debiendo permanecer a la intemperie. Miro el móvil y el termómetro marca 5 grados, a las doce del mediodía.

“Tampoco tenemos lugares donde hacer de vientre; lo de mear lo puedo hacer en cualquier esquina, pero lo otro… Normalmente podemos ir a algún restaurante, pidiendo permiso con mucha educación, pero ahora están cerrados. Incluso los baños públicos, ésos de la monedita, también están cerrados. Ya podrían poner unos retretes de plástico, como ésos que hay en las ferias. Y para la higiene lo mismo, no me puedo lavar en ningún sitio.”

En ese momento pasa un trabajador de los servicios de limpieza al volante de su vehículo municipal y, aminorando la velocidad, le saluda muy efusivamente, con una gran sonrisa en la cara: “¿Cómo va eso, Rubén?”

Continúo preguntándole: “¿Y entonces nadie os está ofreciendo ayuda?”, a lo que me responde que no, ni Cruz Roja, ni Cáritas, ni Samur Social. Por su conocimiento de las diferentes organizaciones, deduje que lleva tiempo en la calle.

“¿Qué quieren, que robemos en los supermercados? Antes, al menos, los que estamos en la calle podíamos sacar algo de dinero con los malabares o pidiendo a la gente, pero ahora apenas ves a nadie, y los pocos que hay ni se acercan cuando les hablas, por miedo a ser contagiados”.</Artículo>

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