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A finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo XX nace un potente movimiento vecinal en el estado español, que basa su origen en las graves carencias de equipamiento que se daban en los barrios periféricos (surgidos apresuradamente al calor de la industrialización e inmigración interior), y el impulso de una oposición antifranquista que encontró en este modelo un modo de actividad socio-política con cierto margen de legalidad.

Por ello y desde sus orígenes este movimiento, junto a las luchas por equipamientos educativos, de salud, culturales, aceras, y otras necesidades, incorporó la lucha por la libertad y la democracia que se encontraban secuestradas por el régimen franquista.

 

Artículo de Pedro Casas: Activista Vecinal

Dicho movimiento vecinal no tenía muchas referencias internacionales donde mirarse, y de ahí su singularidad, teniendo como características básicas el asamblearismo y la atención a las demandas que surgían de unas vecinas y vecinos que carecían de muchas necesidades básicas; eran como un sindicato vecinal, y de hecho se hablaba de la lucha por el salario indirecto.

 

Su fuerza contribuyó a la recuperación de las libertades, y al triunfo claro de la izquierda en las primeras elecciones municipales democráticas en 1979.

 

Sin embargo este triunfo electoral significó una descapitalización del movimiento vecinal, ya que los partidos ganadores echaron mano de los dirigentes vecinales para ocupar los nuevos cargos institucionales locales. Las organizaciones que auparon a la izquierda al poder local fueron relegadas por esos mismos cargos públicos que consideraron que ya que estaban ellos en el poder no era necesario que desde fuera de la institución nadie les dijera lo que tenían que hacer (tremenda ironía del destino).

El golpe no llegó a ser mortal, pero sí dejó maltrecho el movimiento vecinal, huérfano de sus líderes históricos, y con las grandes demandas de sus barrios satisfechas por la acción municipal de los primeros años democráticos. A partir de ahí tuvieron que encontrar su nuevo espacio, y la mayoría de las asociaciones vecinales optaron por un modelo de servicios a sus socios y simpatizantes, muy lejano de sus orígenes reivindicativos.

Realizada esta breve visión histórica de los orígenes y evolución de un movimiento vecinal que ya está cumpliendo medio siglo de existencia, quiero exponer las principales tendencias que se reflejan en las asociaciones vecinales que existen (todavía muchas), tanto en sus objetivos y actividades, como en su manera de funcionar.

TIPOS DE ASOCIACIONES VECINALES

Generalmente las asociaciones vecinales realizan gran variedad de actividades, por lo que la clasificación que se pueda hacer de ellas no significa que sea absoluta o única. Pero sí se puede distinguir un modelo de otro, por el carácter mayoritario de sus actividades, objetivos y formas de organizarse y funcionar.

Si atendemos al tipo de  actividades que realizan, su enfoque y finalidad mayoritario, podemos hablar de dos tipos de asociaciones:

  1. Reivindicativas: Su razón de ser principal está en las carencias que todavía se manifiestan en los barrios populares, por el deterioro de las existentes, por los recortes que impone el poder, o por las necesidades de carácter social que afectan a su población trabajadora.
  2. De Servicios: Principalmente se ocupan de organizar talleres para las personas socias y simpatizantes de su barrio. Muchas de estas actividades son subvencionadas por la administración o costeadas por quienes asisten a los talleres, convirtiéndose la asociación, mayoritariamente, en una agencia cultural o academia de barrio. Rara vez organizan acciones reivindicativas como manifestaciones, concentraciones, recogida de firmas, etc, y una consecuencia de esto es la falta de presencia visual que proporciona la cartelería informativa, que no suele realizarse por falta de convocatorias.

Como decía antes esto no es una separación absoluta, porque las de tipo reivindicativo combinan sus luchas con otro tipo de actividades que contribuyen a hacer barrio, como charlas, actividades culturales, deportivas, fiestas de barrio y hasta cabalgatas, tal y como ocurrió en los orígenes, que las asociaciones de vecinos rescataron las fiestas populares que durante el franquismo habían desaparecido, o las crearon en los nuevos barrios populares.

Si atendemos al modo de funcionar y organizarse, podemos distinguir dos tipos de asociaciones:

  1. Participativas y asamblearias: La información es transparente, las decisiones se adoptan en reuniones abiertas, conocidas en general por el vecindario, realizan además periódicas asambleas de rendición de cuentas y tratan de rotar sus cargos electivos, procurando la incorporación de nuevas personas a la actividad de la asociación.
  2. Personalistas y jerárquicas: Se trata del extremo opuesto, asociaciones que son casi unipersonales, sin rotación en los cargos visibles, cuyas decisiones no se adoptan en espacios abiertos sino por el grupo o persona que controla la actividad. En este tipo de asociaciones suele escucharse, con más frecuencia que en el otro modelo, las quejas de que la gente no participa, no se mueve, etc.

Una vez más significar que no se trata de modelos absolutos, sino tendencias mayoritarias, pues episodios de personalismos siempre afloran en todas las organizaciones y épocas, y también las asociaciones jerárquicas celebran asambleas de vez en cuando, aunque no sea su marca de identidad organizativa.

Podemos observar que las asociaciones que tienen un marcado carácter reivindicativo realizan su actividad de un modo más asambleario, y esto es lógico por dos razones principalmente:

  • Nada tienen que ocultar a sus bases, de las que extraen precisamente la fuente de sus reivindicaciones.
  • Promover la participación es necesaria para poder tener éxito en sus reivindicaciones.

Por el contrario las asociaciones menos reivindicativas y más de servicios tienen un modo de organización mayoritariamente jerárquico y personalista, por estas razones:

  • Están menos dispuestas a atender las demandas que surgen de su barrio, pues su actividad está orientada mayoritariamente a los servicios y talleres que ofrecen; tener la puerta “demasiado abierta” a recibir demandas que no se van a atender es una fuente permanente de frustración o conflicto, que se prefiere obviar.
  • La posible solución a determinadas necesidades del barrio se fían más a la gestión con el cargo público de turno, con la ingenua idea de que se pueden conseguir más cosas por el diálogo o “por las buenas”, sin incomodar mucho a los gestores institucionales.

Esta actitud esconde intereses más ocultos, pues en la práctica a veces lo que en realidad se consigue por esta relación “cómoda” con los gestores son más beneficios para la entidad y sus dirigentes (en forma de subvenciones, locales, mediadores o incluso prebendas, que de todo hay), y menos para el barrio que se dice defender. A los gestores de la institución les resulta más barato satisfacer las necesidades de la entidad que las del barrio, y de esta manera consiguen de paso la “paz social” al dejar anestesiadas las movilizaciones.

Además de estas ventajas para la entidad y sus dirigentes, esta actitud resulta cómoda pues no implica estar a disposición casi permanente de los vecinos para que acudan a exponer sus necesidades, ni hay que salir a pegar carteles para convocar a las vecinas y vecinos afectados.

Una de las características principales del modelo organizativo vecinal, que la distingue de otros tipos de asociaciones de carácter local, es la accesibilidad y disposición que deben proporcionar a los vecinos a quienes trata de defender, para que tengan la posibilidad real de acercarse y exponer estas necesidades y problemas vecinales; estas necesidades son las que marcan, o deben marcar la agenda de actividades, a diferencia de otras asociaciones, como las culturales, cuya agenda viene marcada no por las necesidades del barrio y sus habitantes, sino por las inquietudes de quienes la impulsan.

El modelo de asociación vecinal ha desaparecido prácticamente del paisaje barrial de las grandes ciudades que lo vieron nacer, a pesar de que muchas de ellas mantienen locales e infraestructura. A riesgo de ser repetitivo en algunos aspectos, podríamos resumir las razones por las que se ha llegado a esta situación:

  • Desaparición física de muchas asociaciones o de su carácter reivindicativo en muchos barrios.
  • Obstáculos a la renovación en muchas de las que permanecen. Cuando en un barrio surge un conflicto y en torno a él se agrupan nuevos vecinos con ganas de “hacer barrio”, no suelen encontrar las puertas abiertas de alguna asociación vecinal cercana (a veces es peor, reciben un portazo), y optan por buscarse la vida como pueden, con enormes dificultades y sin una referencia en la que mirarse y aprender. Y así andamos.
  • En los tiempos actuales existen menos personas activistas dispuestas a un compromiso más general y generoso; se opta por modelos que no requieran mucho sacrificio ni compromiso, en los que la actividad no está condicionada por la “necesidad” del momento, sino las posibilidades, preferencias y ganas de l@s activistas.

La tentación individualista ha surgido últimamente, gracias a las posibilidades de difusión que ofrecen las Redes Sociales y la comodidad e inmediatez que permite realizar ciertas convocatorias sin necesidad de tener que consensuarlas de manera colectiva. Hay muchos nombres de colectivos que en realidad no tienen a más de una o dos personas detrás, aunque en momentos puntuales puedan arrastrar a más personas. Sin negar la eficacia que en determinados momentos puedan tener las acciones así realizadas, al depender esencialmente de la iniciativa o dedicación de la persona promotora, se convierten en prácticas jerarquizadas, cuya organización se limita a la acción puntual.

Si una asociación o grupo aspira a disponer de medios (entre ellos el local) para conseguir sus fines generales, requiere de una cierta estructura que le permita organizar los recursos de manera duradera, no esporádica. Pero además esta estructura, aunque a veces pueda suponer una servidumbre pesada, permite una transparencia y participación que el modelo individualista no permite.

Los órganos de la estructura, sean por elección o de carácter asambleario, en la medida que debaten y deciden de manera horizontal, se convierten en espacios:

  • Legitimadores de las decisiones adoptadas.
  • Democráticos tanto en cuanto cada participante tiene la misma capacidad de proponer, opinar y decidir.
  • Participativos, pues permiten la incorporación, de manera objetiva (no por amiguismo) de cualquier persona interesada en los temas que se trate, al existir una vía de entrada establecida y conocida.
  • Solidarios, al evaluar posteriormente las acciones y relacionarlas con otras actividades.

Las consecuencias de este desmantelamiento de la organización y lucha vecinal en barrios son devastadoras desde una perspectiva de transformación social y política. Estos son algunos de los rasgos actuales del movimiento social en los barrios:

  • En algunos (muy pocos) barrios existen centros sociales, okupados o no, generalmente en precario (por las condiciones del local) y poco abiertos al barrio en la práctica, ya que los temas que abordan no están tan ligados al barrio, sino a las inquietudes de quienes forman el colectivo. Lo mismo podemos observar con los escasos locales partidistas que permanecen en los barrios y pueblos.
  • Desaparecieron también hace décadas las uniones locales de sindicatos, que eran lugares de organización obrera a nivel local
  • Mientras los sectores combativos abandonan la lucha y organización local, la iglesia mantiene la suya, en parroquias, organizaciones asistenciales, etc. que sirven para reproducir la ideología dominante.
  • A todo ello se suma que muchos activistas no realizan trabajo social y político en los barrios, no conectan con el pueblo, y se dedican a pulular de acto en acto, sin realizar un trabajo continuado de construcción sobre bases sólidas.
  • Las Asociaciones de Madres y Padres de Almun@s (AMPAs) constituyen un pequeño núcleo organizativo resistente, pero con unas limitaciones temporales (l@s niñ@s crecen y los padres abandonan) y temática (centrada en el ámbito escolar)

El barrio es uno de los principales ámbitos de reproducción de la ideología del sistema, consumista e insolidaria. Es el lugar donde vive y se reproduce la clase trabajadora, donde se pueden establecer lazos sociales, más estables que en un ámbito laboral cada vez más precarizado y volátil. Por ello el barrio ofrece la posibilidad única de crear organización y redes de resistencia, generando la imprescindible confianza.

Los movimientos sociales que existen en los barrios, si no disponen de una perspectiva amplia hacia una sociedad más justa e igualitaria, tienden a reproducir la tendencia mayoritaria del sistema (por ejemplo buscar el patrocinio de una gran empresa para fiestas y eventos). Las iglesias hacen su trabajo (ahora se han sumado las evangélicas); también quieren entrar los grupos neofascistas con centros asistenciales, fomentando la intolerancia. Para que los movimientos sociales no caigan en la reproducción de lo peor del sistema, es preciso que haya personas que fomenten el cambio social y sean capaces de enfrentarse a los obstáculos que sin duda aparecen.

La ideología del sistema injusto que vivimos se inocula también por los medios de comunicación, a los que sólo se puede hacer frente, en parte, con las redes que puedan tejerse, en particular en los barrios. Los ejemplos vasco y catalán son muy ilustrativos. En ambos casos existe una enorme variedad de organizaciones y colectivos de carácter social y político diversos que agrupan a la mayoría de activistas de sus respectivas localidades. Pero además existe una muy amplia red social que amplía los círculos de relación, las cuadrillas y sociedades gastronómicas en el caso vasco, y las collas en el caso catalán. Este muy elevado grado de solidaridad explica cómo fue posible desafiar a todo un estado en el referéndum catalán del 1 de octubre de 2017, con las urnas escondidas a buen recaudo, y unos colegios electorales defendidos de manera espectacular por l@s vecin@s.

Voluntariado / Reivindicación.

Existe ahora una nueva generación de activistas, marcados por la explosión del 15M (ya han pasado 10 años), que al no ver realizada la revolución social (ni la que propugnaban los comunistas, ni la que soñaron ellos mismos) han optado por el pragmatismo y la inmediatez: Si hay gente que pasa hambre, vamos a darles de comer; si el ayuntamiento no limpia las calles, vamos a limpiarlas nosotr@s, etc…, porque las instituciones no lo van a solucionar, por incapacidad o por falta de voluntad.

Esta manifestación de solidaridad barrial, potenciada en circunstancias excepcionales (crisis económica derivada de la pandemia, catastrófica nevada), ha tenido tres aspectos positivos:

  • Crea redes solidarias en los barrios, tan huérfanos de organización social.
  • Crea conciencia colectiva de que “el pueblo salva al pueblo”
  • Ha frenado a los grupos fascistas que llevan tiempo intentando implantarse en los barrios con espacios sociales bajo la consigna de “los españoles primero”.

Pero a mi modo de ver este activismo de voluntariado adolece de cuatro carencias importantes:

  • Olvidan exigir a las instituciones que empleen los recursos públicos (aportados con el esfuerzo de todas y todos) en solucionar los problemas.
  • Esto supone renunciar a que se generalice la ayuda, pues ¿qué pasa con las personas que viven en barrios sin esas redes de solidaridad, no tienen también derecho a ser atendidas?
  • De poco sirven los grupos de consumo, las plantaciones de árboles, y otras actividades de iniciativa voluntaria, si al mismo tiempo no se lucha por poner freno a las empresas que multiplican los pesticidas, los transgénicos o la contaminación.
  • La mayoría de los problemas y necesidades (servicios como sanidad, educación, transporte, etc.) no pueden alcanzarse con el mero voluntariado.

Pelear contra las instituciones conlleva mucho tiempo (el poder tarda en ceder) y desgaste (supone enfrentamiento y recibir críticas). Es más cómodo limitar el tiempo de voluntariado a la acción asistencial, en el mejor ambiente posible, obteniendo además la satisfacción de haber ayudado a personas necesitadas.

Si queremos mejorar la vida en los barrios, si queremos servicios de calidad, con precios razonables y asequibles, si queremos que la vivienda sea un derecho efectivo para tod@s, también para l@s jóvenes que no pueden emanciparse… Si queremos avanzar en derechos y defendernos de las agresiones, necesitamos en los barrios y pueblos estar organizad@s sin dependencias de empresas, instituciones o partidos políticos.

Cada grupo debe buscar su modelo organizativo, sin olvidar la necesaria red y la perspectiva generalista. Este es el reto, pasar del diagnóstico y la queja a la acción: Manos a la obra.

 

Pedro Casas (Activista Vecinal)

Enero 2021

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