fbpx

 

Los barrios populares son lugares llenos de vida. Basta con ir a hacer la compra o tomar una caña en el bar de la esquina para darse cuenta de la cantidad de vecinos que transitan por estos lugares cada día. Sin embargo, nuestros barrios se han ido quedando prácticamente vacíos de vida política. Política en el buen sentido de la palabra: reflexión, debate y propuestas que mejoren nuestras vidas y las de quienes nos rodean.

 

Pablo Rude – Centro Social La Piluka

Las redes han ido adaptándose a las necesidades vecinales. Fran Lorente

IEn el mes de marzo, en pleno confinamiento, a través del impulso de asociaciones vecinales y centros sociales, surgieron por todo Madrid las redes de cuidados y solidaridad, que pusieron sobre la mesa la necesidad de recuperar los lazos, la confianza y el sentimiento de comunidad que poco a poco se habían ido disipando en favor del individualismo, la competitividad y la desconfianza, valores ligados al sistema económico dominante. Las redes han ido adaptándose a las necesidades vecinales, en la mayoría de los casos se han convertido en “despensas solidarias”, reflejo de la situación de desigualdad y pobreza por la que pasan miles de familias trabajadoras en la región.

Y aquí es donde surge el gran debate: ¿estamos haciendo de parche del sistema, o por el contrario desde las despensas se puede reimpulsar la organización de base en los barrios?

La lucha vecinal en Madrid no es una novedad: tiene una larga y heroica historia, aunque con el paso del tiempo ha ido perdiendo fuerza y, por ende, contacto con el barrio, en ocasiones institucionalizándose demasiado o realizando una actividad alejada de las necesidades cotidianas de los vecinos y vecinas. El impulso de las redes propició que miles de vecinos entraran en contacto por primera vez en su vida con el tejido vecinal y la acción comunitaria, unos como voluntarios y otros por pura necesidad.

Desde luego, que nuestros vecinos y vecinas conozcan de primera mano el tejido asociativo del barrio es un paso, pero el objetivo debe ser implicarlos en la organización del mismo. Esta organización deber ser capaz de generar a medio plazo un contrapoder que permita exigir y desarrollar una vida digna y servir a su vez de freno al fascismo, ideología que trata de dividir a la clase trabajadora.

Ahora bien, ¿cómo hacer para que vean en la organización vecinal una herramienta útil? Un ejemplo es lo conseguido por las despensas, que han logrado, a través de la solidaridad vecinal, dar mejores respuestas que las propias instituciones y han evidenciado que éstas no defienden los intereses del pueblo, sino los de una minoría privilegiada.

Evidentemente no nos podemos quedar ahí. También es imprescindible potenciar la parte política de las despensas solidarias. Sin esta parte, estaríamos imitando simplemente la labor que hacen ONG como la Cruz Roja o Cáritas. En definitiva, seríamos caridad: un parche para el sistema.

Debemos ser capaces de que las despensas trasciendan la problemática concreta, la de adquirir alimentos, pero para ello es imprescindible potenciar la participación de las personas demandantes de comida, de forma que sientan que unidos es posible mejorar sus condiciones materiales y también vean el espacio como algo propio. En conclusión, que se involucren activamente en los espacios de construcción popular.

Hay que recuperar y poner encima de la mesa la importancia del trabajo en la base. Un trabajo que requiere de compromiso militante, de análisis material, de debate colectivo, de reflexión y de propuestas que estén dirigidas a cuestiones concretas que afectan a nuestros barrios, de forma que los espacios de lucha vuelvan a jugar un papel importante en nuestro día a día.

Pin It on Pinterest