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Las apuestas online han sido una de las actividades que han repuntado significativamente durante el confinamiento provocado por el coronavirus. Lo ha hecho casi un 50% según algunos expertos. No ha alcanzado el incremento sufrido por el consumo de alcohol que llega a un 85%, pero ha superado el 30% de aumento de consumo de fármacos con motivo de la ansiedad creada por esta situación.

Fuente: (Escuela política “La guillotina” del barrio del Pilar y Mesa de Diagnóstico social como Derecho político del Foro local de Fuencarral – El Pardo).

El cierre de locales de apuestas y el parón de competiciones deportivas, por el estado de alarma, ha supuesto un repunte de los juegos de casino online. Este trasvase es desalentador si tenemos presente que las apuestas online aceleran significativamente los procesos de adicción.

Las asociaciones que trabajan la problemática asociada a las apuestas, especialmente la ludopatía, han recibido un aluvión de llamadas de personas y familias afectadas por esta adicción. El acceso a internet, con plataformas de apuestas abiertas las 24 horas, unido al confinamiento, es un “contexto canalla” para todas estas personas.

Con este panorama de fondo, el Ayto. de Madrid, en su Junta de Gobierno del 26/3, en plena pandemia, declaraba como actividad económica de “especial interés o de utilidad municipal” la de los locales de apuestas, casinos y bingos de la ciudad. Declaración política que conlleva un premio y una condición. El premio, la bonificación fiscal del 25% en el IBI e IAE. La condición, el mantenimiento medio de los puestos de trabajo a fin de año.

Como colectivos que rechazamos el negocio de las apuestas, generador de gravísimas consecuencias que golpean el ámbito personal, de salud, familiar, laboral, de seguridad, o de relaciones sociales, queremos alegar, aunque ya fuera del plazo legal, lo antisocial de esta decisión.

Declarar las apuestas como una actividad económica de “especial interés o de utilidad municipal”, sólo pone de manifiesto su indecencia y la perdida del sentido de utilidad social de las actividades económicas.

Esta decisión no responde a la lógica de las necesidades, sino a la del máximo beneficio. No es un desliz. Hasta la señora Ayuso, presidenta de nuestra Comunidad y compañera de partido del gobierno municipal afirmaba hace escasos meses, refiriéndose a la actividad de los locales de apuestas: “Es un problema de salud pública que se ceba con menores y sectores sociales muy concretos”.

¡Qué ironía!, la pandemia del coronavirus acelera una crisis económica latente, y como ayuda pública para afrontarla se implantan medidas de desgravación fiscal a actividades consideradas como problema de salud pública. ¡Inaceptable!

A estas consideraciones hay que añadir que la Ley de Presupuestos del señor Montoro, privilegia al sector de las apuestas online con reducciones fiscales en el Impuesto sobre Actividades del Juego y en el de Sociedades. Por no hablar de su batería de medidas para convertir a Ceuta y Melilla en el nuevo Gibraltar tras del Brexit.

Algo tan burdo despertaría fácilmente un amplio rechazo social, ¿con qué legitimarlo? Con una condición: que se mantenga o genere empleo estable.

Hay más de 80.000 trabajadores directos en el sector del juego según su patronal; por cierto, empeñada en que se les considere actividad comercial y no de ocio para abrir cuanto antes. No les es ajena la precariedad o la utilización degradante de la mujer como “reclamo”, y eso no pasa desapercibido. Pero a pesar de ello su bienestar no debe estar por delante del de otros trabajadores, ligados a otros sectores no tan “altamente considerados” por nuestro ayuntamiento.

Esto no va de trabajadores de un sector contra los de otro, eso sería hacer nuevamente el juego a la lógica del máximo beneficio. Se trata de que no todo vale para crear o mantener el nivel de empleo, ya lo dijimos en el intento de implantar Eurovegas, o con la aprobación de la operación Chamartín.

No se puede pedir a la gente que sean héroes y dejen de llevar a su casa un salario, pero tampoco podemos adaptarnos y asumir la iniquidad y el sufrimiento social como medio para obtener rentabilidad económica. Pónganse ya en marcha rentas básicas, y que el Estado active mecanismos de creación de empleo a corto plazo, porque el sector privado está como ausente. Vamos tarde y el hambre no espera. Pero sin confundir subsistencia con dignidad, lo coyuntural con lo estructural.

Urge desescalar ya las apuestas presenciales y online, y la lógica del máximo beneficio. Y, al mismo tiempo, urge poner en marcha un tipo de ocio alternativo, en línea con la lógica de las necesidades. Nos vemos en estas tareas.

 

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