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Cumbre de la OTAN, contra la vida

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Ovidio Bustillo. Yayoflautas Madrid

Cuando hace 40 años entramos en OTAN muchas ya pensábamos que no era una buena medida. La sociedad española salía de una larga dictadura y era recelosa de la entrada en ese club militar. Fue necesario que llegara al poder un Gobierno socialista al mando de un experto trilero que nos dijo “OTAN de entrada NO”, para luego desde el Gobierno ir edulcorando esa entrada diciendo que reduciría las bases militares americanas, que no entraríamos en la estructura militar de la OTAN y que este paso nos acercaría a la Unión Europea. Pedro Sánchez cierra ahora el círculo de embustes socialistas como anfitrión de la OTAN el 29 y 30 de junio, metidos de lleno en la estructura militar, siendo alumnos aventajados en intervencionismo militar en el exterior con más de 100 “misiones” desde Felipe González, y que quieren celebrarlo por todo lo alto.

Ya presentíamos lo que esta incorporación iba a suponer: pérdida de soberanía a la hora de enfocar la política internacional; aumento del gasto militar, que ronda ya los 40.000 millones pues buena parte del gasto está oculto; una militarización de la sociedad para que asumamos de buena gana ser gendarmes del mundo disfrazándolo de “misiones de paz” y un blanqueo de la verdadera función del Ejército, con ese invento de Zapatero de la UME, costosísima y poco eficaz pero que se ha convertido en un instrumento poderoso de propaganda militar.

Lo de menos serán las molestias que durante los días previos y durante la cumbre tendremos que soportar en Madrid, con cortes de tráfico, securitización de los espacios públicos, retenciones preventivas de personas y una larga lista más de situaciones incómodas e innecesarias si no fuera porque se reúnen quienes pretenden ser los dueños y señores del mundo. Lo más preocupante es lo que van a decidir o lo que ya tienen decidido. En la anterior cumbre se autorizaron a sí mismos a intervenir en cualquier lugar del mundo sin pasar por Naciones Unidas, despreciando la legalidad internacional, el diálogo y el respeto a la soberanía de los pueblos, siendo un factor de inestabilidad en el mundo.

Para comprender la verdadera función de la OTAN como instrumento de dominación basta con asomarnos a algunas de las últimas guerras en las que nos hemos visto implicadas, como la guerra de Irak, una guerra que no queríamos y en la que pagamos un alto precio. No fue por la libertad o por la democracia, a la vista está. Tampoco fue para acabar con armas de destrucción masiva que no existían. Eduardo Galeano resumió como nadie los motivos de esta y otras guerras: “Tengamos la honestidad de reconocer que hacemos guerras para robar”. Durante casi 20 años hemos ayudado a dejar Afganistán destrozada, invirtiendo miles de millones para volver a dejarla en las mismas manos de los talibanes, con millones de migrantes y desplazados, cientos de miles de muertos y mutilados, infraestructuras destrozadas, una hambruna que amenaza la vida de millones de niños y adultos, donde ya solo florecen la violencia y el opio. Podríamos también hablar de Libia, Siria, Yemen o Kosovo, tampoco fueron guerras por la libertad o la democracia y en todas ellas hemos estado defendiendo los “intereses” de los EE UU.

Nuestra pertenencia a la OTAN no nos da más seguridad, puesto que tampoco teníamos amenazas, pero sí nos ha creado enemigos y nos ha hecho cómplices de un saqueo escandaloso del mundo. Hemos olvidado que la mayor seguridad está en no buscarse enemigos. Que ningún país de la OTAN haya firmado el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares (TPAN) de Naciones Unidas nos da buena cuenta del potencial criminal de la organización y de la escasa sensibilidad ante la posible matanza de millones de inocentes, una amenaza y un riesgo intolerables que hipotecan el futuro de nuestras hijas y nietas. Nos hemos opuesto a la guerra y a su preparación, a las periódicas ferias de armas en Madrid, a la militarización de la cultura y la educación, porque así como el machismo amenaza la vida de las mujeres, el militarismo, hijo también del patriarcado, amenaza la vida de los pueblos y de la propia naturaleza, hipotecando el futuro. Seguiremos en las calles gritando también “OTAN NO”, “¡Bases Fuera!”, gastos militares para escuelas y hospitales, para investigación, para cuidados, para pensiones, para cuidar del planeta, porque si no ponemos la vida en el centro y acabamos con los señores de la guerra, no habrá futuro ni vida digna.

OTAN NO, bases fuera, gastos militares para escuelas y hospitales, para investigación, para cuidados, para pensiones, para cuidar del planeta

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