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Al investigar un poco sobre este tema, hemos visto que hay dos vertientes del mismo. Por un lado, como la industria ve a las mujeres como consumidoras; y por otro, cómo nuestro consumo puede reflejar nuestro feminismo.

Fuente: Grupo feminista YayoFlautas Madrid

Decantarnos por un consumo responsable, desde una perspectiva de género, podemos considerarlo también un consumo feminista

 

Consumo y mujeres

Según Gemma Cernuda, las mujeres realizan el 80% del total de las compras en el mundo: ellas se ocupan de elegir el equipa- miento del hogar, los viajes, el colegio de los niños, los alimentos, etc. La economía mundial está dirigida, en un 80%, por hombres. Hay una distorsión: los que dirigen la economía, crean productos y marcas y los publicitan son hombres, pero quien los compra son mujeres.

Ellos son los que imaginan lo que queremos y cómo deben vendérnoslo. Suelen tirar de tópicos: como es para la mujer, lo haremos de color rosa, más pequeño y lo cobraremos más caro. Es lo que se llama “tasa rosa”. En muchos productos, solo por poner “para ellas” y ser de color rosa se puede llegar a pagar un 20% o 30% más. Los compramos porque suelen colocarlos en góndolas separadas del supermercado, para que la consumidora no pueda comparar.

Un traje de chaqueta básico, de la misma tela, solo que más entallado, si es para mujer, es un 40% o 50% más caro. En las tintorerías pagas más por una camisa de mujer.

La “tasa rosa” empezó́ a aplicarse hace 24 años, en California, cuando decidieron que cortar la melena a un hombre tenía que ser más barato que cortársela a una mujer.

En 2014, la cadena francesa de supermercados Prix la aplicó a gran escala. De un año para otro, en la campaña de “vuelta al cole”, la mochila para niña era 10€ más cara. Macaron, que en ese momento era ministro de Economía, la detectó, la denunció y lo regula- ron, y así́ fue como el tema saltó a la prensa.

Tasa del 10% de IVA para los productos de higiene femenina, que deberían considerarse productos de primera necesidad, como el papel higiénico, con un 4%.

La “tasa rosa” es una estrategia de marketing que asume que las mujeres están más dispuestas a gastarse más para cuidar su aspecto. Productos como maquinillas de afeitar, desodorantes, cremas, cascos de bici, juguetes…

FACUA lo viene denunciando, y el nuevo Gobierno lleva en su programa abolir esta tasa y bajar el IVA a compresas, tampones, etcétera.

Feminismo y consumo

Si nos declaramos feministas, nuestro consumo puede reflejarlo. Consumir no es un acto banal, el dinero que invertimos en ello pue- de empoderar negocios abusivos para el planeta y sus habitantes, y lo contrario.

Decantarnos por un consumo responsable, desde una perspectiva de género, podemos considerarlo también un consumo feminista.

Ropa

El 80-90% de las trabajadoras del sector textil son mujeres (como ocurre con electrónica y juguetería). Al adquirir marcas convencionales, aunque no lo sepamos, participamos de que en Camboya o Bangladesh se paguen salarios de miseria (unos 30-60€ al mes, cuando lo considerado digno para vivir allí́ es de 250- 290€, según Asian Floor Wage Alliance). En cambio, al optar por firmas de moda sostenible, apoyamos sueldos dignos y formas de producción con menos impacto medioambiental y social. Es el segundo sector más contaminante, el reusar ropa de segunda mano sería mucho más sostenible.

Alimentación

EL 75% son mujeres asalariadas, y solo un 1% propietarias. De los 450 millones de personas que trabajan y que proveen de productos naturales a 3.000 millones de consumidores y consumidoras, el 60% son pobres, y son hasta el 80% de las personas que sufren hambre crónica, según Oxfam Intermón. En cambio, al consumir productos de comercio justo o de cooperativas y empresas agroecológicas vinculadas a la economía social y solidaria (ESS), apoyamos modelos productivos de los que la igualdad es un pilar.

Grupos de consumo en Madrid: La Garbancita Ecológica, en Valle- cas (C/ Puerto del Milagro, 8); Supercoop, un supermercado cooperativo que se va a abrir en Lavapiés; o La Osa, en Tetuán.

También existe una crueldad animal de género.  Cuando consumimos estamos realizando un acto político. Fue a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando se nos empezó́ a llamar “consumidores”, en vez de “habitantes”.

Energía y banca

Actualmente son las más fáciles de cambiar. Existe la banca ética, en la que con seguridad no destinaran sus beneficios ni a armas ni a negocios que no sean éticos. FIA- RE, Triodos, Coop57 (cooperativa de servicios), dan préstamos para economía social.

También hay cooperativas de energía que son transparentes en su gestión e intentan que la mayor parte de la energía que producen sea verde, como Som Energía, la más importante, con más de 30.000 socios y con un 6%, producen en nueve plantas energía verde; o GoiEner.

Viajes y turismo

Es posible hacer un turismo responsable en el que los beneficios recaigan en la comunidad local, comiendo en restaurantes locales, comprando en comercios locales y no en grandes cadenas.

En Madrid existe el Mercado Social llamado REAS, que aglutina a varios productores. Han creado una app que se puede bajar en el móvil.

La mayoría de estos datos están recogidos de una entrevista de la periodista Brenda Chávez, que ha escrito dos libros sobre el tema: Tu consumo puede cambiar el mundo, de 2017, y Al borde de un ataque de compras, de 2019.

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