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El agua es un bien común. Nuestra responsabilidad es asegurar que se gestiona sin ánimo de lucro, con criterios de solidaridad y cooperación, acceso colectivo, equidad, control democrático y sostenibilidad medioambiental y social.

Los usos personales y domésticos son provistos por los servicios de abastecimiento y tienen la consideración de derecho humano. Así lo reconoce explícitamente la Asamblea General de Naciones Unidas en 2010, que exige que debe asegurarse la provisión universal sin discriminación, garantizando su disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad, calidad y asequibilidad; también deben gestionarse con criterios de participación, transparencia, rendición de cuentas y sostenibilidad económica, social y medioambiental.

En España, la cobertura del abastecimiento a través de los servicios de agua es prácticamente universal, y son exigibles los criterios anteriores relacionados con el bien común y el derecho humano. Sin embargo, a partir de finales del siglo pasado, se ha propiciado el negocio del agua embotellada, impulsada por importantes intereses económicos que se han articulado en un fuerte lobby. Su negocio alcanza una facturación anual superior a los mil millones de euros (Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas).

La importancia del consumo del agua embotellada en España es muy relevante ya que su producción en 2017 superó los 7.700 millones de litros (IGME) situándola en el cuarto país de la Unión Europea por detrás de Alemania, Italia y Francia, y el tercero en consumo, tras Italia y Alemania (Federación Europea de Aguas Envasadas).

Este espectacular avance ha sido propiciado por potentes campañas de publicidad nacionales e internacionales tendentes a poner en valor el agua embotellada frente a la de grifo, incidiendo en que es más segura y de mejor calidad, tiene propiedades saludables y cuenta con estrictos controles en sus procesos de producción y distribución. No es desdeñable resaltar que estas campañas propician valores culturales basados en el elitismo y el consumo selectivo y se han concretado en la normalidad de consumir cotidianamente agua embotellada, especialmente en restaurantes y otros establecimientos públicos.

El agua embotellada es considerada una mercancía y un negocio que pretende maximizar los beneficios sin tener en cuenta sus numerosos impactos medioambientales. Desde la captación incontrolada de los recursos, la producción con controles diferentes a los exigidos para la potabilidad del agua, la distribución con la generación de gases de efecto invernadero y la utilización de envases, en una buena parte de plástico, con efectos contaminantes innegables.

La campaña «agua del grifo, por favor» es una acción de concienciación ciudadana y de incidencia política a favor del consumo de agua del grifo que tiene los objetivos generales siguientes :

  1. Poner en valor el agua de grifo porque:

• Está relacionada con su consideración como un bien común y que la provisión de los servicios de abastecimiento son un derecho humano
• Sus controles de calidad para garantizar la potabilidad y calidad son más exhaustivos y exigentes que en el caso del agua embotellada
• Es posible plantear el control ciudadano en la gestión de los servicios de abastecimiento, en tanto que la participación activa es un criterio definitorio del derecho humano, mientras que el agua embotellada es una actividad privada
• Los servicios de abastecimiento deben ser públicos y accesibles para toda la ciudadanía, sin que se le pueda privar de su disfrute por motivos de vulnerabilidad económica o social.

2. Poner en evidencia la realidad del agua embotellada, para disminuir su consumo, en tanto que:

• Es un negocio, lo que implica tratar al agua como una mercancía relegando a un segundo plano la función social y ambiental del agua
• Consecuentemente, existen riesgos de sobreexplotación de acuíferos a la vez que avanzan los efectos del cambio climático sobre la disponibilidad de agua
• Supone la pérdida de su control público o colectivo para gestionarlo bajo criterios sociales
• El agua de grifo se rige por criterios de seguridad sanitaria (potabilidad del agua), mientras que el agua embotellada lo hace por criterios de seguridad alimentaria (trazabilidad). Lo cierto es que se exigen menores controles en la legislación española al agua embotellada en comparación con los obligados para el agua de grifo
• Implican la existencia de importantes cantidades de envases de plástico cuyo reciclaje no se puede resolver con eficacia contando con tecnologías actuales, agravando los problemas de contaminación medioambiental
• En Madrid, donde el agua de grifo es de reconocida calidad, un litro cuesta de media algo más de 0,0015 euros, mientras que el litro de agua embotellada cuesta de media unos 21 céntimos, lo que supone que es 140 veces más cara.

3. A partir de estos objetivos generales, se pretende, como objetivos específicos de la campaña, conseguir que:

• El agua de grifo esté disponible en el espacio común y en instalaciones públicas, a través de fuentes o surtidores de libre disposición
• En los actos públicos de instituciones, organismos públicos y organizaciones políticas y sociales, se disponga exclusivamente de agua de grifo
• En los establecimientos comerciales, bares y locales de restauración y de entretenimiento, se suministre al cliente que así lo desee, agua del grifo, de forma gratuita.

Si estás interesado en participar en la campaña «AGUA DEL GRIFO, POR FAVOR», o quieres recibir más información, ponte en contacto con aguadelgrifoporfavor@gmail.com

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